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En el último decenio, España ha pasado de ser un receptor neto a ser un proveedor neto de inversión extranjera directa (IED). Este cambio no se explica solamente por un mayor dinamismo de las salidas de IED sino también, desde 2002, por un retroceso de las  entradas. Dado el potencial dinamizador sobre el resto de la economía que se atribuye a la IED, es relevante preguntarse qué determina la capacidad de un país para atraer este tipo de inversión extranjera. Este documento compara la experiencia irlandesa con la española y trata de discernir qué factores explican las tendencias divergentes de ambos países y hacia qué dirección debe apuntar España para no perder el tren de la IED tecnológica. La respuesta pasa por mejorar la productividad, la calidad de la educación y el conocimiento de otros idiomas, en especial el inglés. Asimismo, un entorno más favorable al desempeño de la actividad empresarial –con menos burocracia y una menor carga impositiva– también contribuiría al atractivo de España como país destino de IED.

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