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Muchos observadores creen que el abultado déficit exterior de la economía española es  sintomático de una pérdida de competitividad. Para contrastar esta hipótesis, este estudio examina un conjunto de indicadores utilizados habitualmente para evaluar la competitividad exterior. El primero de ellos es la cuota de las exportaciones en el mundo, que ha caído en los años dos mil, truncando su tendencia al alza. De todas maneras, esta caída no ha sido tan significativa como la experimentada por el conjunto de países de la UE-15. En segundo lugar, la competitividad-precio de las exportaciones españolas, que se ha deteriorado significativamente como consecuencia del diferencial de inflación con nuestros socios comerciales, del bajo crecimiento de la productividad y, más recientemente, de la apreciación del euro. Finalmente, se examina el contenido tecnológico de las exportaciones y se aprecia una mejora notable en las exportaciones de servicios, mientras que en bienes se ha mantenido en un nivel medio-bajo en los últimos veinte años, lo que sugiere ciertos problemas de competitividad. En definitiva, España parece haber perdido competitividad exterior en los últimos años, aunque el análisis también revela algunas fortalezas, en especial en la exportación de servicios. Corregir esta situación requiere mejorar el  crecimiento de la productividad, reducir el diferencial de inflación con la zona euro y  establecer un entorno que incentive la innovación.

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