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El frenético avance de China desde finales de los años setenta ha despertado una gran admiración. Sin embargo, en los últimos años esta admiración ha venido acompañada de ciertos temores acerca de la sostenibilidad de su patrón de crecimiento a medio plazo. En particular, la importancia de la inversión como motor de tracción de la economía ha suscitado recelos por los problemas de sobrecapacidad que esta política podría estar generando en algunos sectores. Para ayudarnos a determinar la capacidad de crecimiento del gigante asiático, este documento explora cuál ha sido la contribución del aumento en la fuerza laboral, la acumulación del capital físico y humano, así como los cambios tecnológicos en el crecimiento de los últimos treinta años. La metodología de la contabilidad del crecimiento usada subraya la trascendencia del capital físico, cuya influencia ha ido en aumento, y del factor tecnológico, a pesar de una pérdida de peso reciente. Asimismo, el análisis muestra que mientras la relevancia de la fuerza laboral ha sido secundaria, las mejoras en la calidad de los trabajadores empiezan a reflejarse en el progreso del país. El documento discute las distintas políticas que han marcado el desigual desarrollo de los factores, para terminar presentando una nueva generación de reformas, algunas ya en marcha, que contribuirán a garantizar la continuidad del progreso chino. En concreto, son medidas que afectan a la reestructuración de las empresas estatales, la liberalización y modernización del sistema financiero y la fijación del tipo de cambio. Con su ayuda, China podría sostener unas tasas de crecimiento superiores al 6% a medio plazo, lo que le permitiría igualar el nivel del PIB de Estados Unidos en un plazo de veinte años.

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