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  • La controversia sobre los límites al crecimiento econó-mico y la distinción entre crecimiento y progreso es tan antigua como lo es la discusión racional sobre los gran-des problemas socioeconómicos a los que se enfrenta la sociedad.

  • Hasta qué punto era posible el crecimiento económico sostenido ya se lo planteaban los primeros economistas, como por ejemplo Adam Smith o el reverendo Malthus. Ellos probablemente no veían demasiada contradicción entre crecimiento y progreso, seguramente porque el bajo nivel de vida de la época para la gran mayoría de los habitantes del planeta les hacía pensar, con razón, que el crecimiento económico comportaría alguno tipo de progreso, de un orden tal vez no sólo material.

  • Sin embargo, incluso en los inicios de la ciencia econó-mica, y en plena efervescencia de la ilustración y el mo-vimiento racionalista, se produce una remarcable dico-tomía entre los pensadores optimistas, que como Con-dorcet o Godwin creen que la organización humana es perfectible, y que puede comportar un progreso de las personas, y los pesimistas como Malthus, que ven im-posibles estas mejoras. Como es bien sabido, Malthus creía que "el poder de la población para multiplicarse es infinitamente superior al poder de la tierra para producir los bienes que permitan la subsistencia del hombre".

  • Como muy bien ha dicho Robert Lucas, un gran teórico contemporáneo del crecimiento, la teoría de Malthus era probablemente apropiada para el mundo que él había conocido. Un mundo caracterizado por la miseria y por unos estándares de vida que se habían situado en los niveles de subsistencia durante siglos. No obstante, hoy parece claro que la teoría de Malthus estaba lejos de constituir una base sólida para prever la evolución de la especie humana, aunque Malthus fuese, de hecho, uno de los pensadores en los que se inspiró Darwin.

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