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Emergentes en apuros: ¿quién es quién?

Desde el giro retórico de la Fed en mayo en relación con la continuidad de los estímulos, las alarmas no han parado de saltar entre los emergentes. En particular, y a pesar de la reciente ralentización, han sufrido una continuada y notoria salida de capitales, lo que ha depreciado significativamente sus monedas (un 7% en promedio y con respecto al dólar).(1) Sin embargo, cinco economías han acusado particularmente el golpe, con depreciaciones muy superiores a la media: India, Brasil, Indonesia, Turquía y Sudáfrica.

Las cinco tienen un común denominador: notables y crecientes déficits por cuenta corriente que explican, en buena medida, el castigo discriminatoriamente más duro que les ha infligido el mercado. Pese a ese común denominador, difieren significativamente entre sí en su cuadro global de vulnerabilidades.

Así, por ejemplo, India se encuentra todavía pendiente de una importante consolidación fiscal que reduzca una deuda pública cercana al 70% del PIB, que consume cerca del 3% del PIB en concepto de intereses. Asimismo, en 2012, y aun exhibiendo una menor tasa de inversión, la economía asiática no fue capaz de corregir ni en una décima su elevado déficit por cuenta corriente. Una corrección sin duda necesaria y que exige reformas de carácter estructural (mejoras financieras, laborales, regulatorias y en infraestructuras) para empujar el todavía débil sector manufacturero del país.

En la misma línea, Indonesia tampoco ha promovido en de­­­masía su base manufacturera, basando su crecimiento en la fortaleza del consumo interno y de sus exportaciones de materias primas, las cuales proporcionaron amplios superávits por cuenta corriente hasta 2011, pero a cambio de un brusco ajuste cuando el ciclo de las commodities se torció. Todo ello, en un entorno inflacionario que dificulta las consolidaciones de ambos países asiáticos (véase mapa de vulnerabilidades).

Con todo, las perspectivas de crecimiento a largo plazo tanto de India como de Indonesia se mantienen en un significativo 6,5%, estando ambas aún muy lejos de las economías avanzadas, con amplio margen de mejora y una demografía muy favorable (con potencial y joven). Ello sigue invitando a cierto optimismo a pesar del riesgo persistente de un avance tipo boom-bust si no se abordan las reformas necesarias.

Al otro lado del mundo, Brasil también presenta desequilibrios fiscales y externos significativos, aunque menos cuantiosos que los de India. Esta circunstancia puede comprometer su ritmo de avance a largo plazo, a no ser que implemente un plan escrupuloso de reformas que flexibilicen el entorno empresarial y mejoren las infraestructuras logísticas. Pese a ello, el cuantioso colchón de reservas (que cubre 19 meses de importaciones) y el margen todavía disponible para implementar estímulos fiscales ayudarán a aguantar las tasas de crecimiento económico a corto plazo.

Por último, tanto Turquía como Sudáfrica no solamente exhiben los mayores déficits externos de los cinco emergentes, sino que también presentan la mayor diferencia respecto al nivel óptimo fijado por el FMI.(2) Ello, junto con un colchón de reservas(3) muy por debajo de los otros tres países en el punto de mira, exacerba los importantes vaivenes de capitales observados. Aun así, las perspectivas de crecimiento de Turquía (4,4%) se sitúan significativamente por encima de las de Sudáfrica (3,2%). La proximidad con la Unión Europea es una baza a su favor, máxime cuando se tiene en cuenta que, actualmente, las cadenas de valor global vuelven a favorecer una cierta cercanía física.

En definitiva, aunque se les catalogue de manera genérica como «emergentes», no todos presentan los mismos retos a largo plazo. Una vez superada la sobrerreacción puntual que a menudo caracteriza los mercados financieros, la manera como se afronten dichos retos será clave para trazar una senda mejor o peor de avance económico y, por lo tanto, lo que determinará su poder de reconquista de esos flujos de capitales que este verano huyeron despavoridos.

(1) Entre principios de mayo y mediados de septiembre.

(2) Véase IMF 2013 Pilot External Sector Report y Focus «Divisas emergentes: ¿castigo excesivo?» para mayor detalle.

(3) Tanto en % de las necesidades de financiación externa a corto plazo como en % de importaciones.

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