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Objetivo de déficit: un segundo semestre exigente

El mes de junio, el Consejo Europeo aprobó una nueva relajación de la senda de consolidación fiscal. El nuevo objetivo de déficit para este año se ha fijado en el 6,5% del PIB, solo cinco décimas por debajo del registro de 2012 (una vez descontado el efecto de las pérdidas por la ayuda al sector bancario). Un objetivo, por lo tanto, que parece asequible: el año pasado el ajuste que se llevó a cabo fue de 2,0 p. p.

Sin embargo, el esfuerzo fiscal que debe realizarse no es menor (véase Focus «El ritmo de consolidación fiscal se re­­la­­ja, el esfuerzo no», publicado en el IM de mayo). Además, aunque los registros de ejecución presupuestaria disponibles hasta la fecha son similares a los del año pasado (–4,1% del PIB en 2013 y –4,0% en 2012), esta comparación puede ser engañosa. La razón: buena parte de las me­­didas de ajuste del déficit de 2012 se concentraron en los últimos meses del año (como la eliminación de la paga extra de Navidad a los funcionarios, la recaudación por la amnistía fiscal y el aumento del IVA). En cambio, en el tramo final de este año no está previsto que se lleve a cabo un esfuerzo similar. Por lo tanto, que ahora el déficit sea ligeramente inferior que el del pasado año no es garantía que esa diferencia se mantenga o se pueda ampliar.

La respuesta al por qué no se está produciendo un mayor ajuste del déficit la encontramos en la evolución de los ingresos. La contracción de las cotizaciones sociales y del IRPF durante la primera mitad del año contrasta con el crecimiento previsto para 2013. Ciertamente, cabe esperar que la mejora de la actividad económica durante el segundo semestre atenuará el ritmo de retroceso, pero difícilmente se podrán satisfacer las previsiones fijadas en los Presupuestos Generales del Estado. La desviación de las principales partidas de ingresos, de hecho, podría situarse alrededor del 1% del PIB.

Sin embargo, esto podría ser compensado, en parte, por el mejor comportamiento del gasto en el pago por intereses de la deuda. En el caso del Estado, la reducción del coste de la deuda a un ritmo mayor del previsto podría suponer un ahorro de los gastos respecto al nivel presupuestado del 0,5% del PIB. Esta mejora es especialmente importante si tenemos en cuenta que no ha sido resultado de un aumento significativo de la vida media de la deuda. Los efectos de la mejora de la confianza, por lo tanto, no son para nada despreciables. En definitiva, los objetivos de déficit de 2013 son alcanzables, pero exigirán esfuerzos renovados en el segundo semestre del año.

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