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Los buenos datos macroeconómicos de las economías desarrolladas adquieren protagonismo. Este verano, a diferencia de los dos últimos, ha estado marcado por una calma relativa en los mercados financieros de la eurozona: la prima de riesgo de los países periféricos ha alcanzado mínimos de los últimos dos años gracias, en parte, al repunte del bund alemán. Sin lugar a dudas, la salida de la recesión de la eurozona ha ayudado. También el Reino Unido y Estados Unidos confirman la buena marcha de sus economías. Pero no hay que olvidar que la política monetaria ultralaxa se encuentra, en parte, detrás de esta incipiente recuperación de las economías desarrolladas.

En EE. UU. sigue la incertidumbre sobre cuándo y a qué ritmo la Fed reducirá los estímulos. En un principio, la Fed anunció un calendario tentativo para la reducción del ritmo de compra de activos financieros en función del descenso de la tasa de paro y la evolución de la inflación. Sin embargo, durante el verano se han sucedido numerosas declaraciones, a veces contradictorias, de distintos miembros destacados de la Fed sobre su preferencia por una retirada más o menos temprana. Por el momento, la recuperación de la economía prosigue a buen ritmo, pero las mejoras en el mercado de trabajo están tardando más en llegar. El crecimiento del PIB del 2T ha sido revisado al alza, hasta el 1,6% interanual, pero la tasa de paro sigue mostrando resistencia a reducirse. El mercado inmobiliario también presenta signos de mejora a pesar del repunte de los tipos de interés hipotecarios.

El Banco de Inglaterra y el BCE adoptan una política de forward guidance, anunciando que los tipos de interés oficiales permanecerán en los niveles actuales o más bajos por un periodo de tiempo prolongado. El Banco de Inglaterra va un poco más allá supeditando la política monetaria a la reducción de la tasa de paro por debajo del 7%, siguiendo el ejemplo de la Fed. Incluso prevén la ampliación de los estímulos si las condiciones financieras se vuelven más restrictivas. La nueva estrategia del BCE, aunque menos agresiva, supone un importante cambio de retórica. Hasta la fecha, el BCE se había mostrado reticente a comprometerse con una senda predeterminada de tipos de interés. Sin embargo, 
las dificultades de transmisión de la política monetaria a las condiciones crediticias de algunos países de la eurozona les han llevado a utilizar todos los instrumentos a su alcance. De momento, los tipos, el euro y las bolsas se han estabilizado.

Los bancos centrales de los países emergentes se ven obligados a actuar ante el repunte de las tensiones financieras y cambiarias. En claro contraste con las economías desarrolladas, el crecimiento de los emergentes pierde tracción. Pero más preocupantes son las turbulencias financieras que están sufriendo: la rentabilidad de la deuda pública y corporativa se ha disparado, las bolsas se han desplomado y sus monedas se han depreciado. La causa, común: la salida de capitales. De todos modos, las diferencias entre países son importantes: aquellos que presentan una mayor dependencia de la financiación exterior, como Brasil, India, Indonesia, Sudáfrica y Turquía, están sufriendo una mayor depreciación. Tampoco ayuda la inestabilidad de Siria, que ha elevado el precio del petróleo y, de mantenerse en estas cotas, afectaría negativamente la competitividad de los emergentes importadores de este bien. Todo ello ha llevado a los bancos centrales a tomar medidas de urgencia para defender sus monedas, subiendo tipos o estableciendo controles de capital.

En la eurozona, la actividad sigue dando señales de estabilización dentro de la fragilidad. Tras 6 trimestres consecutivos de contracción, la eurozona registró un crecimiento del 0,3% intertrimestral en 2T 2013. La mejora es generalizada: Alemania y Francia lideran la recuperación (0,7% y 0,5% respectivamente), mientras que en la periferia la recesión sigue menguando. Además, los indicadores adelantados de actividad siguen apuntando a que el proceso de recuperación continuará con paso firme, respaldado por las mejores condiciones financieras y el dinamismo del sector exterior. No obstante, los riesgos siguen siendo a la baja por el posible impacto de la ralentización de los emergentes en el sector exportador y la necesidad de encontrar una solución definitiva a los problemas de los países periféricos.

En España, la mejora de las perspectivas económicas no debería relajar el ritmo de reformas. El PIB está cerca de estabilizarse (–0,1% intertrimestral en 2T 2013) y presenta una mejor composición: el apoyo del sector exterior sigue siendo clave, mientras que la demanda interna muestra signos de estabilización. Los indicadores de actividad y confianza del 3T 2013 auguran la próxima vuelta a tasas de crecimiento positivas, pero modestas. El mercado de trabajo también da signos de mejora más allá de la temporada turística: los sectores exportadores están empezando a generar ocupación. Para asegurar que estas incipientes señales alentadoras se consoliden, el FMI recomienda seguir flexibilizando el mercado de trabajo, mejorar la competitividad de las empresas y mejorar el entorno de negocios. Solo así se sentarán las bases de una economía moderna con capacidad de crecer.

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