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El sistema financiero, a través de su política crediticia, tiene la capacidad de acentuar el ciclo económico y de provocar oscilaciones muy acusadas. Las sufridas en esta última crisis han sido de tal magnitud que se ha puesto de manifiesto la conveniencia de introducir medidas regulatorias que influyan sobre el comportamiento de las entidades a lo largo del ciclo económico y así prevenir sus excesos. El presente artículo describe brevemente los principales mecanismos que explican esta prociclicidad del sistema y repasa las múltiples reformas que se están introduciendo en Europa para desactivarlos. Finalmente, el artículo argumenta que para juzgar la efectividad de cada una de las medidas es necesaria una evaluación de su robustez ante los distintos incentivos que pueden mover a los agentes. En particular, es necesario buscar los mecanismos que las doten de una mayor consistencia temporal y que refuercen la independencia de los supervisores frente a las presiones de los distintos grupos de interés.

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