Compartir: 

La evolución del precio del petróleo a lo largo de 2015 va a ser uno de los principales factores de incertidumbre sobre la economía mundial. Las cuestiones que se plantean son esencialmente dos: en primer lugar, ¿cuál va a ser el rango de precios en el que el mercado va a encontrar a corto plazo su nuevo equilibrio? Y, en segundo lugar, ¿en qué medida este va a ser un equilibrio duradero? O, dicho de otro modo, ¿cabe pensar que nos encontramos frente a un descenso pasajero de los precios y que pronto regresarán a su senda de largo plazo, tal vez a los niveles en los que estuvieron entre los años 2011 y 2014?

En pocos meses, el precio del crudo ha caído prácticamente a la mitad. Aunque es cierto que la debilidad de la economía europea y la desaceleración en China pueden haber influido, el análisis del mercado nos indica que la caída de los precios es más una cuestión de oferta que de demanda. El crudo procedente de países que no son miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) ha ido en aumento y ese incremento no ha estado acompañado de una reducción de la producción de los países de la OPEP. Esta es la circunstancia novedosa. En otras ocasiones, la OPEP solía acomodar su oferta al aumento de producción de otros actores y si no lo conseguía era por la dificultad de mantener la disciplina entre sus miembros. Ahora, sin embargo, ha sido el propio país líder de la OPEP, Arabia Saudí, quien ha declarado la intención de mantener sus niveles de producción incluso después del derrumbe de los precios. Este cambio de posición ha cogido por sorpresa a los inversores, que rápidamente han adaptado sus estrategias al nuevo entorno, lo que ha acelerado el ajuste del precio del crudo. ¿Qué persigue Arabia Saudí? ¿Por cuánto tiempo tratará de mantener esta estrategia?

Un modo de intentar responder a esta pregunta es examinar el efecto de los precios bajos en los diferentes productores de petróleo. Los países más perjudicados son aquellos cuyas finanzas públicas y balanzas de pagos dejan de ser sostenibles cuando el precio se sitúa por debajo de los 60 dólares por barril. Los precios bajos también inciden en la viabilidad financiera de mucha de la nueva oferta de petróleo que ha surgido últimamente, al abrigo de unos precios que superaban los 100 dólares por barril. Esta oferta incluye el petróleo de esquisto de los EE. UU. pero también la extracción de crudo de aguas muy profundas.

Con su estrategia de precios bajos, Arabia Saudí podría tratar de desanimar la inversión marginal (de costes altos) en el sector para mantener el papel de dominio de la OPEP. Además, y sin entrar en consideraciones geopolíticas, esta política también reafirmaría el papel de liderazgo del reino Saudí en el seno del cartel. Es, sin duda, el productor con mayor capacidad de aguante de unos precios en el rango actual, dado que cuenta con unos costes de producción muy bajos, las mayores reservas de crudo del planeta y un amplio colchón de reservas internacionales.

Si esta lectura de la estrategia saudí es aproximadamente correcta, lo normal sería que el periodo de precios bajos, en la franja de 60 a 70 dólares, se prolongase durante algunos trimestres y, una vez cumplidos sus objetivos y en el marco de un crecimiento significativo de la economía mundial, volviera a precios más elevados y sostenibles a medio plazo, en el entorno de los 80 o 90 dólares por barril.

En definitiva, la caída de los precios del crudo no debería ser permanente, pero tampoco un fenómeno puntual que no vaya a tener efectos macroeconómicos y en el propio sector. Lo más probable es que dure lo suficiente para impactar positivamente en las economías de los países consumidores, y que tenga efectos significativos en la dinámica competitiva sectorial. A medio plazo, lo lógico es que el precio vuelva a subir reflejando su escasez relativa, y que incluso volvamos a ver los 100 dólares por barril. No se deben discontinuar, por tanto, las políticas de ahorro y eficiencia energética pero, mientras tanto, un periodo de precios más accesibles es muy bienvenido en economías importadoras netas de petróleo como la de la eurozona, cuyo bajo crecimiento está generando tensiones políticas serias en muchos de sus países miembros.

Jordi Gual

Economista jefe

31 de diciembre de 2014

Compartir: