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Salarios, productividad y competitividadSalarios, productividad y competitividadSalarios, productividad y competitividad

Una de las buenas noticias en materia económica de los últimos años es la mejora de la competitividad que ha experimentado la economía española. Los costes laborales unitarios (CLU) respecto a los socios comerciales de la eurozona (la referencia más utilizada para analizar la evolución de la competitividad en los precios) se sitúan ya en niveles de los años 2000. Sin embargo, ahora que la actividad empieza a recuperarse, la incógnita que surge es si la mejora de la competitividad respondió a factores temporales ligados al ciclo económico o si, por el contrario, es resultado de un cambio de fondo de la economía española. Un breve análisis de los factores que determinan la evolución de los CLU ofrece pistas interesantes.

Entre el año 1999 y el 2007, la remuneración nominal por asalariado para el conjunto de la economía creció significativamente (3,5% anual en promedio), muy por encima de la productividad (0,3% anual). Como resultado, los CLU aumentaron de forma notable (véase el segundo gráfico), muy por encima de los incrementos registrados por los socios comerciales, lo que mermó la competitividad.1 Por sectores, los incrementos salariales y el avance de la productividad no mostraron ninguna relación entre sí. Esto es, durante esta etapa, en promedio, los salarios crecieron de forma similar en todos los sectores independientemente de las ganancias de productividad acaecidas en cada uno de ellos (véase el tercer gráfico).

El patrón cambió significativamente durante la recesión. Inicialmente, la mayor caída de la ocupación respecto a la del PIB hizo que aumentara notablemente la productividad, lo que empujó los CLU a la baja. A partir de 2010, a este proceso se sumó una evolución de los salarios mucho más contenida. Como se aprecia en el segundo gráfico, este segundo factor también tuvo un papel relevante en la reducción de los CLU. Además de la contención salarial, que se observa de forma relativamente generalizada en todos los sectores, parece que el proceso de fijación de salarios también ha cambiado: desde el inicio de la recesión es más acorde a la evolución de la productividad en cada sector. Así lo muestra el tercer gráfico, en el que se puede apreciar que es en los sectores en los que el crecimiento de la productividad ha sido mayor donde más han subido los salarios. En cambio, en los sectores con un me­­nor aumento de la productividad, el avance salarial también ha sido más limitado.

La mayor correspondencia que se observa entre la evolución de los salarios y de la productividad sugiere que los cambios que se han producido en el sistema de fijación de salarios son de fondo y que, por tanto, se mantendrán du­­rante los próximos años. Y es importante que así sea, ya que son imprescindibles para que la economía española pueda afrontar con garantías los dos grandes retos que todavía tiene pendientes: seguir ganando competitividad para asegurar superávits de la cuenta corriente que permitan reducir la deuda externa, y aumentar el ritmo de creación de empleo.

1. La productividad del factor trabajo es el cociente entre el valor añadido bruto en términos constantes (VAB) y el empleo equivalente a tiempo completo (EETC): VAB/EETC. Los costes laborales unitarios (CLU) son el cociente entre la remuneración nominal por asalariado (w) y la productividad (VAB/EETC). Utilizamos la remuneración nominal por asalariado en lugar de la real por la dificultad de obtener índices de precios por sectores.

 
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