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Anatomía de la productividad en la eurozonaAnatomía de la productividad en la eurozona

El poco dinamismo que ha exhibido el crecimiento de la eurozona durante los últimos años ha generado un intenso debate sobre cuáles son los motivos que explican este patrón. Uno de los elementos que más preocupa es el bajo crecimiento de la productividad.1 Concretamente, este se ha situado alrededor del 1% anual durante las últimas dos décadas (véase el primer gráfico), claramente por debajo del de EE. UU., por ejemplo, que ha avanzado un 1,6% en este mismo periodo.

Cuando se analiza la evolución del crecimiento de la productividad entre los distintos países de la eurozona, un primer elemento que destaca es que ha sido bastante distinto entre ellos. En los países del centro y norte de Europa es donde, en general, se observan tasas de crecimiento superiores, como en Alemania y Francia, aunque tampoco son muy halagüeñas. En los países del sur, en cambio, el crecimiento de la productividad ha sido remarcablemente bajo.

Un segundo elemento a destacar es que el crecimiento de la productividad ha sido muy distinto entre sectores. En este sentido, un ejercicio interesante consiste en descomponer dicho crecimiento para el conjunto de la economía entre el aumento de la productividad de cada uno de los sectores y el cambio en el peso de los sectores. Como se observa en el primer gráfico, el grueso de este incremento no proviene de un aumento del peso de los sectores de mayor productividad, sino del crecimiento de la productividad de los distintos sectores. Por ejemplo, en Alemania, el 88% del crecimiento de la productividad ha sido resultado del crecimiento de la productividad de los sectores (el que se observaría si el peso de todos los sectores se mantuviera constante). En España, esta cifra se sitúa en el 75%.

Otra forma de mostrar este patrón es desagregando el análisis a nivel sectorial (véase la tabla). Para el conjunto de la eurozona, destaca el distinto patrón de crecimiento de la productividad del sector de servicios sociales (educación, sanidad, defensa, etc.) y del sector manufacturero. El sector servicios sociales tiene una productividad superior a la del conjunto de la economía, pero no ha crecido durante los últimos años, por lo que su aportación al crecimiento de la productividad total de la economía proviene de un importante aumento de su peso en los últimos años (ha pasado del 34% al 42%).2 La evolución del sector manufacturero ha sido muy distinta. En este caso, el crecimiento de la productividad ha sido muy elevado, un 2,3% anualizado entre los años 1995 y 2014. Sin embargo, dado que este sector ha perdido peso durante las últimas dos décadas, la contribución al crecimiento de la productividad del conjunto de la economía ha sido algo inferior.

Finalmente, también es destacable que el sector de telecomunicaciones ha contribuido de forma notable al crecimiento de la productividad, en este caso, tanto por el aumento del peso que ha experimentado como, sobre todo, por el aumento de la productividad del sector. Además, dado que a las estadísticas disponibles les cuesta capturar adecuadamente el crecimiento de la productividad de este sector (por ejemplo, porque es difícil medir las grandes mejoras en la calidad de los bienes que se producen), dicho aumento podría estar infraestimado.

1. En este artículo, se analiza la evolución de la productividad aparente del trabajo definida como el valor añadido bruto de cada sector dividido por el número de horas trabajadas en cada sector.

2. El peso se mide como el número de horas trabajadas en un sector respecto al total de horas trabajadas.

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