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Bolsas de países emergentes: el turno  de los factores internos

El principal índice representativo de las bolsas emergentes registró una subida del 16% entre enero y octubre de este año, pese a la fuerte caída que sufrió en enero. Esta cifra contrasta con el tímido aumento del 3% de las bolsas desarrolladas. Numerosas voces cuestionan el resurgir bursátil de los emer­­gentes con el argumento principal de que la Reserva Federal (Fed) retomará pronto las subidas de tipos de interés. No hay duda de que este es un factor fundamental, pero ni el único ni necesariamente el más importante.

A la hora de examinar la evolución del mercado de renta va­­riable en las economías emergentes y, en general, para entender las dinámicas de los flujos de capitales hacia las mismas, es muy útil distinguir dos tipos de determinantes. Por un lado, los factores de empuje (push factors): fuerzas de alcance global que impactan desde fuera en los mer­­cados emergentes, como la aversión global al riesgo o el nivel de los tipos de interés de las economías desa­­rro­­lladas. Por otro, los factores de atracción (pull factors): atributos de los países emergentes que influyen en las de­­­­cisiones de los inversores, como los fundamentos ma­­cro­­económicos o el riesgo geopolítico.

En el arranque de año, tanto los factores de empuje como los de atracción confluyeron para infligir un duro castigo a los activos emergentes. El aumento de la aversión global al riesgo, alimentada por las renovadas dudas sobre la economía china, fue el principal detonante de una caída general de las bolsas, particularmente pronunciada en las emergentes. Llovía sobre mojado, dado que estos mercados ya se movían en un entorno exterior adverso desde el inicio de la normalización del tipo oficial de la Fed en diciembre de 2015. Y todo ello en el marco de una preocupante fragilidad económica y política interna en diversos países emblemáticos, como Brasil, Sudáfrica o Turquía.

Desde entonces, el fuerte tirón de la bolsa emergente se ha apoyado principalmente en los factores de empuje. Por un lado, la Fed ha reconsiderado sus planes de subidas de tipos. A finales de 2015 contemplaba cuatro alzas de 0,25 puntos en 2016 y otras tantas en 2017, mientras que ahora solo contempla una subida antes de que acabe este año y dos o tres en el siguiente. Este tono monetario más acomodaticio espoleó el fenómeno de «búsqueda de rendimiento». En efecto, la perspectiva de un entorno de tipos bajos, in­­cluso negativos, du­­rante un periodo prolongado es una bue­­na noticia para los activos emergentes, ya que una reducción sustancial de la rentabilidad libre de riesgo aumenta el atractivo de los activos más arriesgados. La sólida recuperación durante estos meses del precio de las materias primas, en particular el alza del 80% del petróleo, también ha sido un importante factor de apoyo para la renta variable emergente.

Estos dos vientos de cola están decayendo y parece poco probable que puedan impulsar las bolsas emergentes con la misma intensidad. Ciertamente es difícil que las expectativas que ahora revelan los inversores en relación con las subidas de la Fed (y también las relativas a las compras de bonos del BCE) vuelvan a incumplirse en el sentido de más laxitud. Este impulso extra parece poco probable. De hecho, empieza a asomar el escenario opuesto: subidas de tipos en EE. UU. más rápidas de lo anticipado, que podrían venir motivadas por un repunte de la inflación y que resultarían en un notable ascenso de los tipos de largo plazo en los países desarrollados y una fuerte apreciación del dólar. Una receta para salidas de capitales y caídas bursátiles en los emergentes. Con todo, este riesgo es bajo hoy por hoy, y lo más probable es el escenario de subidas lentas, de manera que la «búsqueda de rendimiento» debería seguir beneficiando moderadamente a las bolsas emergentes, por lo menos a corto plazo.

Más allá de las oscilaciones que con seguridad aparecerán de la mano de las actuaciones de la Fed o de rebrotes de la aversión al riesgo por motivos económicos (China sigue acaparando sospechas) o políticos (con una agenda electoral muy cargada en todo el planeta), las perspectivas de las bolsas emergentes descansan ahora en los factores de atracción. Y son moderadamente positivas. Así, la mejora relativa del crecimiento del bloque emergente frente al de las economías desarrolladas debería servir de principal motor a las bolsas emergentes (véase el gráfico). En cualquier caso, la selectividad parece más que nunca clave, ya que los mercados emergentes son un bloque cada vez me­­nos homogéneo, como lo demuestra el contraste entre la solidez económica de varios países emergentes (en particular, India e Indonesia) y la incertidumbre que si­­guen rodeando el futuro de otros países en desarrollo (por ejemplo, Brasil, Turquía o Rusia).

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