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Continúa la saga de la banca italiana

La banca italiana hace meses que está bajo una intensa pre­­sión y las noticias que llegan no acaban de apaciguar los temores. Este verano, la publicación de los test de estrés realizados por el BCE y la Autoridad Bancaria Europea (EBA) ofreció más evidencia sobre su delicada situación.1 Otra muestra de la debilidad del sector es que, en lo que va de año, la co­tización de las principales entidades ha des­­cendido un 40%, el do­­ble que el conjunto de la banca europea o española.

Los problemas de la banca italiana se manifiestan, en ge­­neral, en una muy baja rentabilidad (una presión que sufre el conjunto de la banca europea) y, en especial, en una ele­­va­­da tasa de morosidad y unos niveles de cobertura bajos. Los factores que están alimentando los temores son múl­­ti­­ples y complejos. Algunos de ellos vienen de lejos, como los elevados costes operativos, un gobierno corporativo no siempre óptimo y la elevada sensibilidad al ciclo económico. A esta debilidad estructural, en los últimos tri­­mes­­tres se le ha sumado el entorno de bajos tipos de interés y el aumento de la presión regulatoria.

Para despejar las dudas que planean sobre la banca italiana se deben tomar medidas que reparen los balances a corto plazo y medidas de carácter estructural. Ambos re­­tos son de envergadura. En lo que al corto plazo se re­­fie­­re, es preciso tener en cuenta que la cartera de créditos dudosos se sitúa alrededor de los 360.000 millones de euros,2 el 18% del total de préstamos. El reto, por tanto, es mayúsculo, y las medidas planteadas hasta la fecha no han estado a la altura. El Gobierno italiano está intentando buscar fórmulas que eviten la utilización de fondos públicos para rescatar a las entidades con problemas y la asunción de pérdidas por parte de los pequeños inversores. Así, por un lado, se han creado dos me­­ca­­nismos para asistir a los bancos, el fondo Atlante y el régimen de garantías estatales a las titulizaciones de préstamos du­­dosos (GACS). El fondo Atlante tiene como objetivo atraer capital privado para recapitalizar las entidades que lo re­­quieran y adquirir carteras dudosas, pero está dotado de poco capital (4.250 millones de euros), lo que limita su capacidad de acción. Por otro lado, el GACS, vigente desde hace unos meses, y cuya finalidad última es incentivar las titulizaciones de activos dudosos a fin de sacarlos del ba­­lance de los bancos, no ha tenido el éxito esperado ya que el mecanismo de transferencia de los préstamos dudosos al vehículo de titulización no convence ni a los bancos ni a los inversores. Finalmente, otras medidas que pretenden ayudar a sanear los balances bancarios son la agilización de los procesos concursales y de adjudicación de activos, y la implementación de mecanismos que incentiven el aumento de las provisiones.

De entre las medidas que se han planteado para asegurar la sostenibilidad de la banca italiana a largo plazo destacan: facilitar la consolidación del sistema bancario (hay más de 640 entidades), lo que debería permitir ganar eficiencia mediante la generación de economías de escala,
y mejorar la gobernanza corporativa. En este sentido, se aprobó recientemente un decreto ley que busca modernizar la estructura de gobierno de los bancos cooperativos y mutuales, así como promover su consolidación. Además, se espera que la supervisión bancaria, que ahora depende del BCE, ayudará a dotar de una mayor transparencia y cre­­­­dibilidad al sistema.

Por si la idiosincrasia del sector bancario italiano no fuera suficientemente compleja, para obtener una fotografía com­­pleta de la situación en la que se encuentra el sector hay que tener presente el contexto económico y político. Tres elementos, la situación bancaria, la debilidad económica y la falta de liderazgo político, que están estrechamente relacionados entre sí. El crecimiento de la economía italiana hace muchos años que es decepcionante (la tasa de crecimiento promedio desde 2001 es del 0,0%) y las reformas llevadas a cabo no han conseguido cambiar esta tendencia.

En este contexto, por tanto, el resultado del próximo referéndum sobre la reforma constitucional es de máxima im­­portancia. El referéndum, más allá de los posibles cambios que la reforma pretende implementar, permitirá calibrar el apoyo con el que cuenta M. Renzi para seguir im­­ple­­men­­tando el programa de reformas. Las encuestas, de mo­­mento, muestran una proporción de indecisos notable, por lo que no invitan al optimismo.

1. En los test de estrés de julio, una entidad italiana obtuvo los peores resultados de toda la UE: en el escenario adverso Monte dei Paschi di Siena sufría una caída de la ratio de capital CET1 fully loaded hasta el –2,4%. Ya ha anunciado un plan de saneamiento que contempla la venta de un importante pa­­que­­te de préstamos dudosos y una ampliación de capital de 5.000 millones de euros.

2. Stock bruto de préstamos dudosos (NPL) a finales de 2015. Datos de IMF Italy Country Report, julio de 2016.

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