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¿Convergen los costes laborales en los países de la eurozona?¿Convergen los costes laborales en los países de la eurozona?

En una unión monetaria, los costes laborales son un factor importante para determinar la competitividad relativa de sus países miembros. Así, si un país de la eurozona presenta un aumento sostenido de los costes laborales por unidad producida (CLU)1 superior al del resto de países, pierde competitividad sin que pueda recurrir a una devaluación de su moneda para recuperarla. A largo plazo, esta situación no es viable. Pasemos a analizar cuál ha sido el desarrollo de los costes laborales entre los principales países de la eurozona y qué podemos esperar en un futuro próximo.

La evolución de los costes laborales en la eurozona en los últimos 15 años muestra la existencia de un cambio de régimen antes y después de la crisis de 2008. Antes de la crisis, Alemania fue ganando competitividad respecto a sus socios comerciales. Los CLU se mantuvieron estables en Alemania debido tanto a la contención salarial como a las mejoras experimentadas en la productividad laboral. En España y en Italia, la productividad permaneció estancada, mientras que la compensación salarial real aumentó a un ritmo del 2,6% y 3,0% anual, respectivamente, lo cual incrementó los CLU. En Francia, aunque la productividad creció a tasas similares a las de Alemania, los salarios subieron a un ritmo mayor.

Durante los últimos años se ha modificado sustancialmente esta dinámica, insostenible en una unión monetaria. España ha ganado parte de la competitividad relativa perdida, al seguir estables los CLU gracias a la mo­­de­­ra­­ción salarial y al aumento de la productividad. Sin em­­bargo, este no ha sido el caso ni de Francia ni de Italia. Los in­­crementos salariales en Francia, a pesar de moderarse, han continuado por encima de las mejoras de productividad. En Italia, los CLU han seguido creciendo a causa, sobre todo, de las pérdidas de productividad. Además, parte de la competitividad perdida de los países del sur de Europa se está recuperando gracias a la evolución de los costes laborales alemanes, que han ido aumentando después de la crisis sin que aumentara la productividad.

Esta corrección de la competitividad relativa podría continuar por las diferencias en el ciclo económico entre las economías de la eurozona. Alemania ya ha cerrado su brecha de producción, según estimaciones del FMI; tiene una tasa de paro en mínimos históricos, y todo apunta a que crecerá a un ritmo superior a su potencial a corto y medio plazo. Todo ello debería comportar un aumento de las presiones salariales. De hecho, los salarios crecieron alrededor del 1,7% en 2014 y las subidas salariales pactadas para 2015 y 2016 en varios convenios colectivos (como en las industrias metalúrgica y química) ya son superiores al 3% en promedio.

Tanto España como Italia y Francia sufren aún un importante exceso de capacidad productiva, lo que debería traducirse en menores presiones salariales este año, si la evolución salarial se ajustara al ciclo económico. En parte ha sido así, especialmente en España y en Italia, donde los salarios aumentaron en 2014 un 0,7% y un 0,4%, respectivamente. En Francia, en cambio, aumentaron un 1,4%, a pesar del débil crecimiento económico.

En resumen, es necesario que las economías de la eurozona consigan hacer converger y contener sus CLU, tanto por la vía de las compensaciones laborales como de la productividad. El diagnóstico por países ha mostrado el camino que le queda por recorrer a cada economía. Ni Alemania ni sus socios europeos pueden perder de vista que es necesario incrementar la productividad laboral y las remuneraciones salariales, solo en la medida en que mejore la productividad. Además, es imprescindible lograr que los CLU converjan entre sí. No se deberían repetir los errores del pasado.

1. Los costes laborales por unidad producida (CLU) corresponden al co­­ciente entre la compensación laboral por empleado y la productividad laboral (medida como el PIB en términos reales por empleado).

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