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El debate sobre la reforma de las pensiones en España sigue abierto, aunque el horizonte político para su reforma se haya cerrado hasta el año 2000 con la firma, el día 9 de octubre de 1996, de los acuerdos derivados del Pacto de Toledo. En dicho debate comienza a tomar cuerpo la idea de facilitar algún tipo de transición desde la situación actual, caracterizada por una predominancia absoluta del sistema público de reparto, hacia una situación radicalmente distinta en la que, como mínimo, con el anterior sistema, conviva otro sistema de pensiones privadas de capitalización obligatoria. Este extremo admite múltiples versiones, desde la privatización total de las pensiones hasta, por ejemplo, un sistema mixto en el que cada uno de los anteriores proporcione una parte sustantiva de la pensión final. En cualquier caso, lo importante son las razones para iniciar una transición de ese tipo ya que, en función de su gravedad, se establecería la combinación más conveniente.

Por este motivo, el Servicio de Estudios de "la Caixa" se ha dirigido de nuevo a FEDEA para que a partir del modelo que sirvió para elaborar un anterior número de esta colección ("La reforma del sistema público de pensiones en España"), ensaye ahora los efectos y los resultados de una de las posibles alternativas al sistema público de reparto. El resultado ha sido esta nueva monografía, que al igual que la dedicada a la reforma del actual sistema, no pretende otra cosa que aportar elementos de reflexión a un debate tan necesario y tan saludable como es el de las pensiones.Aportación, eso sí, rigurosa y objetiva como la anterior, y que por tanto no trata de descubrir fórmulas mágicas o recetas infalibles, sino que deja perfectamente claras las limitaciones que tiene cualquier opción.

Las alternativas estudiadas son complejas y difíciles de asumir por igual por los diferentes grupos sociales, dado el balance de incentivos, de cuya síntesis surge el respaldo democrático para una reforma sistémica de las pensiones. La jubilación es cara y requiere largas e intensas carreras de cotización o ahorro para financiar pensiones que sustituyan en una medida razonable a los ingresos perdidos. Los sistemas de pensiones, ni son loterías, ni pueden representar cargas insostenibles para la base activa de la sociedad, ya que en ninguno de estos dos extremos pueden prosperar la solidaridad ni la eficiencia. Por eso es imprescindible actuar de forma eficaz para garantizar el futuro de los ciudadanos que ahora, en su vida activa, realizan el esfuerzo de ahorrar para conseguir la seguridad económica cuando su ciclo laboral finalice.

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