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Colección Estudios Económicos

El profesor de la Universidad de Zurich, Bruno Frey, al aplicar el análisis económico al arte, ha escrito una obra que sorprende e interesa. ¿Qué tiene la ciencia económica que decir sobre la creación de belleza?

El trabajo del profesor Frey ilumina aspectos insospechados de las actividades culturales, extiende el análisis económico más allá del estudio de la mera producción de riqueza. La economía del arte no se limita a los aspectos financieros de la pintura, la música o la escena. Tampoco se basa en el supuesto de que los protagonistas y profesionales del mundo del arte se ocupan sólo de sus ingresos personales o del beneficio empresarial. El método de la economía del arte consiste en analizar todas las dimensiones del entorno artístico con ayuda del modelo de la «elección racional en un marco institucional», un modelo que busca entender el comportamiento humano atendiendo a los incentivos que se presentan a los individuos y las instituciones en las que operan. Con ayuda de ese modelo, que también podríamos llamar de la «lógica de la situación», Frey pretende contestar preguntas como las siguientes. ¿Por qué enseña el Museo del Prado en el edificio de Villanueva sólo el 15% de sus tesoros? ¿Cómo es que proliferan los festivales de música y teatro, y las exposiciones conmemorativas de grandes pintores, cuando los teatros de ópera, las salas de conciertos y los museos de pintura pasan tantos apuros económicos? ¿Se gana más dinero en el mercado del arte que en el de la bolsa? ¿Qué es lo que nos retiene de sustituir el Coliseo de Roma por un centro comercial o la Torre Eiffel por un rascacielos de oficinas?

A quienes viven en el mundo del arte –pintores, cantantes, actores, directores de museo, responsables de teatros de ópera, gerentes de festivales, marchantes y dueños de galerías, coleccionistas privados o administradores de las políticas culturales públicas– interesará sobre todo el análisis de las razones que justifican la financiación pública de las artes. Para el profesor Frey, hay ciertos aspectos del bienestar proporcionado por las obras de arte y las representaciones artísticas que el mercado no refleja cabalmente. Estos fallos del mercado los clasifica bajo cinco encabezamientos: «valor de existencia», «de prestigio», «de opción», «de educación» y «de legado». Admitidas esas carencias, no deja Frey sin embargo de señalar los fallos del Estado, cuando éste intenta suplir lo que los precios no recogen. Sus matizadas conclusiones en esta materia del apoyo público a las artes no dejarán de sorprender e interesar a quienes defienden la superioridad y primacía del mecenazgo público en el campo estético.

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