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En el entorno actual de tensiones comerciales, el preacuerdo entre EE. UU. y México es una buena noticiaEn el entorno actual de tensiones comerciales, el preacuerdo entre EE. UU. y México es una buena noticia

En el entorno actual de tensiones comerciales, el preacuerdo entre EE. UU. y México es una buena noticia. En particular, EE. UU. consiguió un incremento en las reglas de origen para el sector automotor (del 62,5% actual bajo el NAFTA al 75%). Ello significa que el 75% de un vehículo (o componente) debe ser producido en uno de los dos países (o en ambos) para poder ser exportado sin aranceles. Asimismo, logró una cláusula que exige salarios más altos en este mismo sector. Por su parte, el país anglosajón retiró la exigencia de terminación del acuerdo cada 5 años (sunset clause, en inglés) y acordó un pacto por 16 años con revisiones cada 6. Aunque dicho acuerdo reduce ligeramente los temores de una guerra comercial en toda regla, las últimas declaraciones de Trump subrayan los riesgos (véase la sección de Mercados Financieros).

Los indicadores de EE. UU. siguen apuntando a avances robustos. En concreto, la segunda estimación del PIB del 2T corroboró la buena marcha de la economía estadounidense (avance del 1,0% intertrimestral y del 2,9% interanual). En la misma línea, el índice de confianza del consumidor del Conference Board de agosto aumentó sustancialmente hasta un nivel no visto desde el 2000 (133,4 puntos), y muy por encima del promedio de 2017 (120,5).

Brasil y la India, en sendas dispares. En el 2T, el crecimiento interanual de Brasil fue del 1,0% (+0,2% intertrimestral), un ritmo de avance inferior al del 1T (1,2%). Con este dato se confirma que la esperada recuperación brasileña no acaba de concretarse y que, dada la elevada incertidumbre política que afecta al país, es poco probable que se produzca de forma inmediata. En cambio, la India creció un 8,2% interanual (7,7% en el 1T). Una cifra que, aunque sesgada al alza por un efecto de base, es positiva y constata que quedan definitivamente atrás los shocks de 2017 (desmonetización y cambios en la imposición indirecta), pero que probablemente no sea indicativa del futuro a corto plazo de la economía india, que difícilmente escapará de las presiones bajistas que están afectando a los emergentes.

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