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Europa acelera el paso, EE. UU. lo ralentiza y algunos emergentes lo pierden. La evolución reciente de los mercados financieros es un reflejo fiel de la lectura que se hace del momento actual. Aunque las bolsas internacionales han tendido a recuperar posiciones en marzo, son los mercados de valores europeos los que están exhibiendo un ímpetu más pronunciado. Las acciones europeas siguen al alza apoyadas por la puesta en marcha de la expansión monetaria (QE, por sus siglas en inglés) del Banco Central Europeo (BCE) y por una batería de indicadores macroeconómicos positivos. Y eso que el foco de tensión griego no se consigue apaciguar definitivamente. En cambio, un arranque de año en EE. UU. menos expansivo de lo esperado ha motivado que la Reserva Federal haya sugerido en sus comunicados que la subida del tipo de referencia pueda postergarse algo más de lo que el mercado anticipaba tiempo atrás. En respuesta a este mensaje más dovish, se frenaron los tipos de interés estadounidenses y la senda de apreciación del dólar. Pero donde mayor sensibilidad han mostrado los mercados es en el frente de los riesgos bajistas de ciertos emergentes. ¿Cuáles? Si juzgamos por el aumento de la volatilidad del mercado de divisas y por aquellas monedas que más valor han perdido, Brasil y Turquía preocupan en mayor medida.

Mayores riesgos bajistas en los emergentes y cierta ra­­­len­­tización en EE. UU. y China. Aunque la eco­­no­­mía mundial se está acelerando debido a los efectos expansivos de las políticas monetarias acomodaticias y del abaratamiento del petróleo, lo hace a un ritmo levemente menor de lo previsto meses atrás, ya que los dos motores económicos globales, EE. UU. y China, han visto como el crecimiento de la actividad se frenaba en el inicio de 2015. No se trata de una ralentización brusca, pero sí re­­presenta una señal de alerta, especialmente en el caso del gigante asiático. Con todo, no hay que perder de vista que, en ambos casos, existen factores que mitigan los riesgos. En EE. UU., el consumo (sostenido por el buen tono laboral), la inversión y la política fiscal son puntales que apoyarán al crecimiento. En China, la política económica tiene margen para tornarse más expansiva (margen que la política monetaria ya está aprovechando con sendas ba­­jadas de tipos en noviembre y en marzo). Más delicado es el balance de riesgos de algunos emergentes. En este mes de marzo, la atención (y la presión financiera) se ha cen­­trado en Brasil, que ha sufrido un deterioro de perspectivas notable, y Turquía. En ambos casos, más allá de factores puntuales, preocupa el mantenimiento de unos desequilibrios macroeconómicos más elevados de lo deseable.

Europa aprovecha sus apoyos temporales, pero los retos a largo plazo no disminuyen. Las perspectivas europeas están mejorando paulatinamente gracias a factores coyunturales como el descenso del precio del crudo y la depreciación del euro. Los datos muestran que la recuperación avanza, y que lo hace de forma equilibrada, con el concurso del consumo, la inversión y el sector exterior. Desafortunadamente, la disparidad entre países sigue siendo elevada: mientras que Alemania crece a un ritmo aceptable, Francia se queda atrás. Junto con el cre­­cimiento, otro ámbito que ha aportado buenas noticias es el de los precios. En marzo, la inflación repuntó dos dé­­cimas (hasta el –0,1%), y dicho repunte podría ser el inicio de un cambio de tendencia más apreciable. Con todo, los re­­tos que afronta la eurozona siguen siendo notables. A corto plazo preocupa la ausencia de acuerdo en las negociaciones con Grecia. Pero son seguramente los retos a largo plazo los que revisten mayores dificultades. En su informe sobre desequilibrios macroeconómicos, la Comisión Europea constata que, a pesar de la mejoría cíclica, el nú­­mero de países con desequilibrios ex­­cesivos o leves ha aumentado en el último año y que solo el 3% de las recomendaciones del año anterior se aplicaron íntegramente.

España acelera el ritmo. El Banco de España (BdE), en su avance del PIB del 1T 2015, presenta una economía que crece a un ritmo notable y algo superior al del final de 2014, de la mano de la demanda interna. También nos muestra un país que inicia dos ejercicios positivos, con avances del PIB del 2,8% en 2015 y del 2,7% en 2016. Son ilustrativos del ac­­tual patrón de recuperación los factores que menciona el BdE: efecto positivo del QE del BCE, mejoras de las condiciones de financiación, disminución del precio del crudo y depreciación de la moneda única. Este diagnóstico positivo no debe hacer olvidar que el país sigue necesitando mantener su ambición reformadora. El informe de la Comisión Europea sobre desequilibrios macroeconómicos antes men­­cionado enfatiza los frentes pendientes: continuar el ajuste externo, persistir en los esfuerzos fiscales y mantener la agenda de reformas estructurales. Por lo que se refiere al segundo de estos frentes de mejora, el de las finanzas públicas, los datos de déficit público de 2014 (5,7% del PIB realmente registrado, frente al objetivo del 5,5%) nos recuerdan la necesidad de seguir avanzando en la consolidación fiscal. En relación con la agenda de reformas estructurales, cabe señalar que, este mismo mes, se ha aprobado el sistema de formación para empleados, un cambio en las políticas activas de empleo, necesario y en la dirección correcta para mejorar la sostenibilidad del crecimiento a largo plazo.

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