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India y China: tan cerca y tan lejos

Ante los buenos datos de crecimiento económico procedentes de la India y la ralentización que está sufriendo la China, es lícito preguntarse sobre la capacidad de la primera de remplazar el ímpetu perdido de la segunda. No en vano, la India, con una población cercana a los 1.300 millones de habitantes, es la única economía emergente que podría seguir la huella marcada por el gigante asiático. Sin embargo, a pesar de compartir elementos destacables como la potente demografía o la reducción de la pobreza, que afecta a centenares de millones de personas en ambos países, el crecimiento de la India se encuentra todavía lejos de las tasas de dos dígitos a las que nos tenía acostumbrados la China hasta no hace mucho.

A lo largo de los últimos 35 años, ambos países se han ido distanciando desde un punto de vista económico. Mientras que la China creció durante tres décadas a una tasa media del 10%, la India lo hizo a una tasa solo ligeramente superior al 6%. Y, aunque en la actualidad parece que las magnitudes empiezan a invertirse (la China creció un 6,9% el 3T 2015, frente al 7,4% de la India), el camino por recorrer de la India es largo. A finales de la década de los setenta el tamaño económico de ambos países era similar: el peso de la India en el mundo era cercano al 3,0% y superaba al de la China (con un 2,4%).1 Pero un poco más de tres decenios después, la China representa, en términos económicos, el 17,2% de la economía mundial, y la India algo menos de la mitad que su vecina (el 7,1%). Una dicotomía que también se observa en otras variables económicas, como el PIB per cápita, que en la India apenas se ha multiplicado por cuatro (de los 1.000 dólares de 1980 a los 3.780 actuales), mientras que en la China lo ha hecho por 14 (de los cerca de 750 dólares a los 10.538).2

Con la finalidad de entender a qué se debe la disparidad entre estos dos gigantes, analizamos la evolución de los distintos factores que inciden en el crecimiento de cualquier economía (léase capital físico y humano, trabajo y tecnología), así como las políticas que han apoyado al desarrollo de dichos factores.3 En este empeño, dos elementos sobre­salen como responsables del fuerte crecimiento de la China frente al más moderado de la India: el capital físico y la tec­­nología.4 La mejora en los conocimientos, habilidades o ca­­pacidades de los trabajadores (capital humano) no ha sido un componente determinante, ya que los progresos han sido parecidos e importantes en ambos países. Y la más favorable demografía de la India, ante el férreo control de la natalidad china, no ha podido compensar el mejor papel del capital físico y la tecnología de la China.

En particular, durante las décadas de los ochenta y los noventa, la inversión como porcentaje del PIB de la China se situaba en el 37%, frente al 22% de la India. Aunque la cifra de esta última ha ido aumentando hasta cotas en torno al 30% actual, en China el porcentaje superaba el 45% en 2014. En este sentido, para el periodo 1990-2014, la contribución del capital físico al crecimiento económico anual promedio de la India se sitúa en los 2,6 p. p., muy por debajo de los 4,7 p. p. de China.5 En el gigante asiático, el esfuerzo en la mejora de las infraestructuras durante años ha favorecido el desarrollo de las omnipresentes manufacturas chinas. Por el contrario, el modelo indio no ha apoyado al sector manufacturero intensivo en trabajo, que le hubiera podido reportar mayores tasas de crecimiento. Es cierto que ha desarrollado algunos sectores intensivos en conocimiento y capital (como el sector farmacéutico o las tecnologías de la información), pero ello no ha supuesto un avance importante en el conjunto del sector manufacturero ni de los servicios en el país. En este sentido, cerca de la mitad de la población india sigue dedicada a un sector agrícola de baja productividad (frente a un tercio en la China) y solo un 20% lo hace en las manufacturas (un 30% en la China).

Las mejoras en el plano tecnológico han sido el segundo factor clave del alejamiento entre las dos economías asiáticas. Así, el Conference Board estima que la productividad total de los factores (una medida de la contribución de la mejora de la tecnología al crecimiento) habría contribuido en 1,6 p. p. al avance promedio del PIB anual en la India, de nuevo, significativamente por debajo de los 2,5 p. p. de la China. En este punto, destacan las políticas que han promovido la fuerte apertura al exterior de la China como un elemento propiciador de los mayores avances tecnológicos del país, como la creación de zonas económicas especiales, ya a principios de los años ochenta, con condiciones impositivas y leyes que favorecen la entrada de empresas extranjeras.6 Por el contrario, el grado de apertura de la India, aunque ha ido en aumento, ha sido (y es) sustancialmente menor al de la China y ha estado limitado por las abundantes medidas que han restringido tanto los flujos comerciales como la inversión extranjera. A modo ilustrativo, si a principios de los años ochenta la India y la China captaban el 0,1% y el 1,7% de los flujos de inversión extranjera directa (IED) a nivel global, respectivamente, a finales de los años noventa la China ya acaparaba el 6,6% de los flujos mundiales frente a menos del 1% de la India. Una diferencia que continuó incrementándose en la siguiente década: en el periodo 2012-2014, la China consiguió el 9,1% de flujos de IED mundiales, lo que la situó en la segunda posición mundial, únicamente superada por los EE. UU.; por su parte, la India tan solo fue capaz de captar el 2,1% del total de flujos, lo que la emplazó en el puesto 13 del ranking global. En la misma línea, según el índice anual de IED que elabora la consultora AT Kearney y que mide lo atractivo que resulta un país para las inversiones internacionales, la India perdió cuatro posiciones en 2015, lo que la llevó al puesto 11, dejando de ser uno de los 10 mejores por primera vez desde 2002, mientras que la China se mantuvo en la segunda posición por tercer año consecutivo.

Las restricciones de la India a los flujos de IED han sido elevadísimas: con topes a la inversión en numerosos sectores, como el de los seguros, la banca, el comercio minorista o las telecomunicaciones, y con la necesidad de aprobación gubernamental en muchas de las inversiones a dichos sectores. Aun así, recientemente se han relajado de manera considerable las limitaciones a este tipo de inversión (tanto en los topes como en las vías de aprobación). En concreto, desde que en septiembre de 2014 el primer ministro, Narendra Modi, pusiera en marcha la campaña Made in India, que pretende captar inversiones y tecnología extranjera para el desarrollo de las manufacturas indias, parece que las entradas de IED han aumentado sustancialmente.7 Entre las medidas más recientes fomentadas por la nueva iniciativa destaca la relajación, el pasado noviembre, de las restricciones para la inversión en 15 sectores, entre los que se encuentran el bancario, el de seguros, el de comercio minorista, y también el de defensa y el agrícola, entre otros.

Por último, en términos de comercio internacional, el contraste entre las dos naciones también es evidente. Así, si en 1980 las exportaciones de bienes procedentes de la China y la India representaban apenas el 1% y el 0,5%, respectivamente, en 2014 la China exportó cerca del 13% del total de exportaciones mundiales, frente al 1,7% de la India. La China arrebató, ya en 2009, la primera posición exportadora a la entonces líder Alemania, mientras que la India ha sido y continúa siendo una economía mucho más cerrada (19.ª en el ranking mundial de exportaciones).

En definitiva, el trecho que separa a la India de la China es significativo y se ha ido acrecentando a lo largo de más de tres décadas, por lo que no es lógico pensar que la India pueda convertirse de la noche a la mañana en la nueva China del mundo. Sin embargo, el potencial de crecimiento del país es enorme, en especial si se tienen en cuenta las reformas que empiezan a llevarse a cabo. De su éxito depende que la India prospere tanto como lo ha hecho su vecina.

Clàudia Canals

Departamento de Macroeconomía, Área de Planificación Estratégica y Estudios, CaixaBank

1. Medido en peso del PIB en paridad de poder adquisitivo.

2. Medido en dólares constantes de 2005 según datos de las Penn World Tables (véase 8.1).

3. La mayoría de resultados se basan en el ejercicio de Contabilidad del Crecimiento elaborado por el Conference Board (Total Economy Database) para los años 1990-2014, y en el ejercicio desarrollado en Bosworth, B., y Collins, S. M. (2007). «Accounting for growth: comparing China and India» (No. w12943). National Bureau of Economic Research.

4. El término «tecnología» denota, además de los avances propiamente tecnológicos, la manera en que se asignan los factores productivos (capital y trabajo) en una economía. Desde un punto de vista de economía del crecimiento, estamos hablando de la productividad total de los factores o PTF.

5. Se trata del promedio anual para el periodo 1990-2014 de la contribución del capital no tecnológico, pues el Conference Board distingue entre capital tecnológico y no tecnológico.

6. Para un análisis teórico acerca de la relación entre apertura e innovación y crecimiento económico véase Grossman, G. M. y Helpman, E. (1993). «Innovation and growth in the global economy», MIT Press.

7. Según el Financial Times (29 septiembre de 2015) «India grabs investment league pole position», la India podría situarse a la cabeza en captación de IED este 2015.

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