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Informe Mensual - Coyuntura
La expansión continúa, pero los riesgos  a la baja permanecenLa expansión continúa, pero los riesgos  a la baja permanecenLa expansión continúa, pero los riesgos  a la baja permanecenLa expansión continúa, pero los riesgos  a la baja permanecenLa expansión continúa, pero los riesgos  a la baja permanecenLa expansión continúa, pero los riesgos  a la baja permanecenLa expansión continúa, pero los riesgos  a la baja permanecenLa expansión continúa, pero los riesgos  a la baja permanecenLa expansión continúa, pero los riesgos  a la baja permanecen

Tras un verano tranquilo, la economía mundial sigue su senda de moderado ascenso. Los indicadores más recientes tienden a confirmar que la economía mundial va camino de crecer un 3,2% en 2016. Se trata de una aceleración moderada respecto a 2015, cuando el avance del PIB fue del 3,1%, que se da en un contexto de notable incertidumbre geopolítica y con riesgos de que el crecimiento finalmente sea algo menor de lo previsto. Con todo, el hecho de que la Reserva Federal (Fed) apunte de forma algo más decidida que reemprenderá la normalización monetaria en este mismo 2016 y la confirmación de que, hasta la fecha, el impacto negativo del brexit parece básicamente circunscrito a la economía británica, han propiciado la remisión de algunas de las inquietudes de los inversores. También es positivo el he­­cho de que sean el grupo de economías emergentes (aunque se mantiene la preocupación en casos como el de Brasil) las que vuelvan a recuperar dinamismo tras un 2015 preocupante.

ESTADOS UNIDOS

La economía de EE. UU. circula por la etapa madura de su ciclo. La revisión algo a la baja de la serie histórica del PIB, que se realiza anualmente en julio, y, especialmente, un dato de crecimiento del 2T 2016 peor de lo previsto han suscitado en algunos medios y analistas dudas sobre cuál es el auténtico momento cíclico de la economía estadounidense e, incluso, si la Fed debería aplazar aún más el aumento del tipo de referencia. A nuestro juicio, el diagnóstico es claro: las condiciones ma­­croeconómicas más que justifican la continuidad del proceso de normalización monetaria iniciado en diciembre pasado. Esta valoración se basa principalmente en tres elementos: el carácter temporal de la desaceleración del 2T, las perspectivas alcistas de la inflación y la madurez del mercado laboral.

Desaceleración temporal en el 2T. La economía estadounidense avanzó un 0,3% intertrimestral en el 2T 2016 (1,2% inter­­anual), una cifra menor de lo previsto y solo marginalmente su­­perior al débil 1T, cuando el PIB creció un 0,2%. La debilidad en el avance del PIB se debió en buena parte a la notable contribución negativa de la acumulación de existencias, que le restó 3 décimas, cuando en los cuatro trimestres precedentes el drenaje fue de solo 1 décima porcentual. Por sí solo, este elemento hace esperar un probable rebote de la actividad en los próximos trimestres. Adicionalmente, es muy positiva la evolución del consumo privado, que creció un 1,1% intertrimestral, un ritmo que no se había registrado desde el 4T 2014. El dinamismo del consumo provee de un fondo de resistencia que va a facilitar una aceleración del crecimiento en el segundo semestre de 2016. En cambio, la evolución de la inversión suscita más dudas. Su fuerte retroceso (–2,5%) se ha debido principalmente al mal comportamiento de la inversión residencial, que rompió con la senda de recuperación iniciada a principios de 2014. Más allá del PIB del 2T, los indicadores disponibles del 3T sugieren que el escenario de aceleración se está materializando. En particular, los índices de sentimiento empresarial (ISM), tanto de ma­­nufacturas como de servicios, se situaron en julio por encima del límite de los 50 puntos, lo que denota expansión del ritmo de actividad.

La inflación, a la puerta del ascenso. En julio, el IPC creció un 0,8% interanual, 2 décimas menos que el mes anterior, debido a la caída del componente energético. La inflación subyacente, por su parte, se situó en el 2,2% (2,1% en junio). Esta tónica de contención inflacionista está a punto de sufrir un cambio, ya que a partir de agosto el efecto escalón del petróleo se deshará. Así, las previsiones de CaixaBank Research apuntan a que en diciembre de 2016 el índice general se situará en el 1,9% interanual, para superar el 2,5% en el primer tramo de 2017.

Un mercado laboral sólido, otro síntoma de la etapa madura del ciclo. La evolución del mercado laboral, a la que la Fed presta una atención elevada, es consistente con una economía que transita por una fase cíclica madura. Así, en julio se crearon 255.000 puestos de trabajo, por encima del listón de los 200.000, mientras que la tasa de paro se mantuvo en un bajo 4,9% y los salarios continuaron marcando avances significativos (2,6% interanual), lo que representa un factor añadido de presión inflacionista.

La segunda subida de la Fed, más próxima. Siendo este el con­­texto macroeconómico nacional, y con el entorno inter­nacional relativamente estable, según las previsiones de CaixaBank Research lo más probable es que la Fed aumente el tipo de referencia antes de final de año, un movimiento que abrirá la puerta a un proceso más continuado, aunque paulatino, de subidas de tipos en 2017 y 2018 (75 p. b. en cada uno de esos años).

JAPÓN

Traspié en el 2T. El PIB del 2T 2016 creció un 0,05% intertrimestral (0,6% interanual), frente al 0,5% del 1T, por la atonía del consumo privado y la debilidad de las exportaciones a EE. UU. y China. El bajo tono del gasto de los hogares tiene su reflejo en la inflación. En julio, el índice general cayó un 0,5% interanual, empeorando el de por sí débil registro de junio (–0,3% inter­­anual). El índice subyacente tampoco escapó a la atonía inflacionista, ya que se situó en julio en un ritmo de avance mínimo, del 0,3% interanual, la mitad del promedio registrado en el primer semestre de 2016. En este contexto, se especula que, tras el nuevo estímulo fiscal aprobado en julio, el BOJ podría ampliar el ritmo de expansión cuantitativa en septiembre. Con todo, abundan las dudas sobre la efectividad de nuevas medidas de expansión monetaria (véase el focus «Japón: política monetaria a examen» en este mismo Informe Mensual).

EMERGENTES Y MATERIAS PRIMAS

Mejor tono de los emergentes, aunque las fuentes de incertidumbre se mantienen. Los datos macroeconómicos más re­­cientes han tendido a ser positivos y refuerzan la visión de que las economías asiáticas emergentes mantienen un buen tono y que, con la salvedad de Brasil, América Latina se está estabilizando. Como respuesta a este flujo de indicadores más constructivos, y en un contexto financiero global de inversores en claro search for yield, la entrada de capitales financieros con destino a los emergentes ha tendido a recuperarse en los últimos meses.

Asia: en el 2T, las economías china e india aguantan el tipo. La economía china creció un 6,7% interanual en el 2T, sin cambio respecto al ritmo de avance del 1T, mientras que el PIB de la India avanzó un 7,1%, un crecimiento significativo pese a si­­tuarse por debajo del 7,9% del trimestre anterior. En el caso de China, los datos de contabilidad nacional, junto con los indicadores más recientes conocidos, avalan que la economía se desacelera a un ritmo suave al tiempo que progresa en el complejo cambio de modelo productivo (modelo en el cual deberá tener más peso el consumo y los servicios, frente al tradicional binomio exportaciones-inversión y la industria). En el caso in­­dio, se sigue poniendo de manifiesto que su notable ritmo de crecimiento responde principalmente a determinantes internos (en particular, al dinamismo del consumo). Un reto inmediato para la India será que el relevo en la dirección del banco central no suponga un menoscabo de su elevada credibilidad.

Brasil, México, Turquía y Rusia, cuatro países que encarnan distintos dilemas emergentes. En Brasil, la confirmación de la destitución de la presidenta Rousseff, ya apartada anteriormente del cargo, y las dudas sobre la capacidad del Gobierno de impulsar el necesario ajuste público mantiene el foco político como fuente de incertidumbre. En este contexto, la salida de la recesión sigue siendo complicada, como atestigua la caída del PIB del 0,6% en el 2T (–0,4% en 1T). Tampoco fue positivo el dato de contabilidad nacional del PIB de México, que sorprendió con un –0,2% intertrimestral en dicho 2T (+0,5% en 1T). Con todo, cabe entender este bache como temporal, reflejo de la doble dependencia (con EE. UU. y con el petróleo) de la economía mexicana. Turquía, por su parte, ha sufrido un shock de incertidumbre que tiene su origen en las incógnitas que se ciernen sobre la futura evolución institucional del país tras la intentona de golpe de Estado del julio pasado, a las que se le suman importantes presiones geopolíticas. Finalmente, en Rusia el retroceso interanual del PIB en el 2T fue del 0,6%, sensiblemente menor de lo esperado, lo que sugiere que el país se aleja paulatinamente de la fase aguda de la recesión, aunque la sensación de fondo sigue siendo de fragilidad en la recuperación.

Materias primas: pausa en la recuperación de las cotizaciones. Durante el verano los precios de las materias primas han tendido a consolidar el rally que experimentaron en los meses anteriores. Esta evolución de conjunto integra la evolución al­­cis­­ta de los metales básicos (véase el focus «Precios de los me­­tales básicos: una recuperación de poco peso» en este Informe Mensual), la bajista de mu­­chas de las materias primas agrícolas y el movimiento más lateral de las energéticas. En particular, en este último grupo destaca el viaje de ida y vuelta del petróleo. Así, el barril de crudo de calidad Brent se situaba el 30 de junio en los 50 dólares, cayó hasta los 43 dólares a principios de agosto (fundamentalmente, debido a la constatación de un aumento de la oferta), y volvió prácticamente al punto de partida a finales de agosto (cuando aumentaron las especulaciones de un posible acuerdo de la OPEP de realizar un ajuste de oferta en otoño).

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