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La formación profesional dual, una fórmula a potenciarLa formación profesional dual, una fórmula a potenciar

En países como Alemania y Austria la tasa de paro se mantiene en niveles relativamente bajos de forma sostenida a lo largo del tiempo. Asimismo, estos países destacan por tener una tasa de paro juvenil relativamente baja respecto a la de la mayoría de países desarrollados. Una de las claves de su éxito está en la formación profesional (FP) dual, que combina la educación de los jóvenes en centros educativos con el trabajo en empresas como aprendices. ¿Hasta qué punto puede trasladarse esta fórmula a otros países europeos?

La FP dual se diferencia de la FP «tradicional» en que la educación en centros educativos se alterna con el trabajo en empresas durante el periodo de formación, de modo que la experiencia laboral deviene una parte fundamental de la formación. Esta alternancia favorece el aprendizaje de habilidades específicas, al ponerlas en práctica de manera inmediata en el trabajo. Ello, además, también ayuda a reducir el abandono escolar y facilita la transición de la escuela al empleo. Así, en Alemania, la proporción de jóvenes que no finaliza sus estudios se sitúa en el 10,1%, un nivel claramente inferior al de España (20,0%) y, en menor medida, al de Portugal (13,7%). Además, en países como Alemania o Austria la mayoría de los jóvenes entran en el mercado laboral directamente sin pasar por el desempleo (Quintini et al., 2007).1

A pesar de estas ventajas, implementar una FP dual no es sencillo. Al ser una formación muy específica, los centros educativos deben ofrecer formación en muchas especialidades distintas. Asimismo, se debe llevar a cabo un complejo ejercicio de coordinación entre los centros educativos y las empresas, para compaginar las agendas de unos y otras, y para mantener el contenido de la formación en las aulas actualizado a las necesidades cambiantes de las empresas.

Así, para poder implementar este sistema, es necesario pasar por una etapa de aprendizaje para poder coordinar todas las piezas. Además, es imprescindible que el país disponga de un tejido empresarial robusto que garantice que la inversión inicial, que deben llevar a cabo tanto los centros educativos como las empresas, tendrá recorrido en el tiempo. Este segundo ingrediente seguramente es uno de los principales factores que dificulta la implementación de este tipo de educación en muchos países. En Alemania, país que cuenta con un amplio tejido industrial, la FP dual es una titulación nacional con prestigio y que lleva a una carrera laboral estable. Por ejemplo, la tasa de empleo de los recién graduados del segundo ciclo de educación secundaria era del 87,8% en 2016, muy superior a la de la UE (72,6%), Portugal (69,4%), Francia2 (62,8%) o España (56,8%).3

En España, el sistema de FP dual vigente fue implementado en 2012 y cada vez son más las empresas implicadas y los alumnos matriculados: unos 24.000 alumnos participaron en el curso 2016-2017 e hicieron prácticas en una de las 10.000 empresas colaboradoras. Sin embargo, aún queda lejos de ser un sistema extendido, ya que solo contó con menos del 2% de los alumnos de segundo ciclo de educación secundaria.

En Portugal, por su parte, el sistema de FP se ha expandido en los últimos años, y parte de este esfuerzo ha incluido la FP dual (cursos de aprendizagem). Sin embargo, los alumnos inscritos en la FP dual (26.000) corresponden solo al 7,9% de los alumnos de segundo ciclo de educación secundaria en 2015-2016.

 

1. Quintini, G., Martin, J. P. y Martin, S. (2007), «The Changing Nature of the School-to-Work Transition Process in OECD Countries», IZA DP n.º 2582.

2. En Francia, Macron se ha propuesto potenciar el contrato de aprendizaje, y para ello se están buscando fórmulas para hacerlo más atractivo y flexible.

3. Comisión Europea (2017), «Education and Training Monitor 2017», ISCED 3 y 4.

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