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La reforma laboral francesa: la revolución soft  de Emmanuel Macron

La nueva Loi Travail francesa ya está en vigor. Tras cuatro meses en el cargo, el presidente francés ha conseguido que su principal promesa de campaña esté aprobada: una reforma laboral para flexibilizar el rígido mercado de trabajo galo. El objetivo es reducir la dualidad laboral y aumentar la competitividad de las empresas francesas. ¿Hasta qué punto lo conseguirá?

Para flexibilizar el mercado laboral, la reforma aprobada se centra en dar mayor certidumbre al proceso de despido, primar la negociación colectiva a nivel de empresa y facilitar el diálogo social entre empresarios y trabajadores. Respecto al proceso de despido, los costes por despido improcedente, antes decididos por los tribunales de prud’hommes caso por caso, están ahora fijados por ley con un mínimo y un máximo basados en la antigüedad del trabajador en la empresa. Por otro lado, los costes por despido procedente se han incrementado y pasan del 20% al 25% del salario mensual por año trabajado para los 10 primeros años trabajados (alrededor de ocho días por año trabajado).

Para aumentar la flexibilidad interna de las empresas, la reforma da prioridad a la negociación colectiva a nivel de empresa en la mayoría de aspectos de las relaciones laborales, como el número de horas trabajadas, las pagas extraordinarias o los bonus. Sin embargo, la negociación colectiva se mantiene a nivel sectorial para ciertos aspectos como la fijación del salario mínimo, la formación o las reglas de contratación para trabajadores temporales y fijos.

Finalmente, la reforma introduce nuevas medidas para el diálogo social con la fusión en una única comisión de los comités de trabajo, de salud y de seguridad para las empresas de más de 50 trabajadores. Asimismo, las empresas con menos de 50 trabajadores podrán negociar directamente con un representante del personal (sin presencia sindical). De esta forma, la reforma laboral, en este y otros aspectos, da más flexibilidad a las pequeñas y medianas empresas.

El impacto de la reforma laboral puede ser muy positivo en términos de creación de empleo y de competitividad a medio y largo plazo. Por un lado, la mayor certidumbre en el proceso de despido incentivará la contratación indefinida, lo que debería beneficiar especialmente a los trabajadores menos cualificados, ya que este colectivo tiene la mayor tasa de temporalidad. Asimismo, también debería facilitar la reasignación de recursos productivos, lo que puede impulsar el crecimiento de la productividad. Por otro lado, los cambios en la negociación colectiva y en el diálogo social dan mayor flexibilidad interna a las empresas para adaptarse a cambios tecnológicos o de demanda, y facilitan que los incrementos salariales estén en consonancia con la productividad. A corto plazo, la reforma podría conllevar cierta destrucción de empleo, por lo que su implementación en el contexto expansivo actual es especialmente adecuada y, de hecho, se espera que la tasa de crecimiento del empleo siga siendo positiva.1

El aumento de la indemnización por despido procedente y el mantenimiento de la negociación colectiva a nivel sectorial en ciertos ámbitos han ayudado a conseguir el apoyo a la reforma de dos de los tres principales sindicatos franceses, la CFDT y Force Ouvrière.2

¿Cuál será el impacto final de la reforma? Las claves estarán en la aplicación práctica de todos estos cambios, que aún deben empezar, y en la adaptación de los actores so­­ciales a estas nuevas circunstancias, puesto que el nuevo marco está pensado para que tanto empresarios como sin­­dicatos trabajen de manera cooperativa, igual que en el modelo nórdico de relaciones laborales. Y es que el proyecto de Macron está muy inspirado en el modelo danés, un modelo basado en el llamado triángulo virtuoso de la flexiseguridad. La reforma laboral aprobada correspondería al primer lado del triángulo, que da mayor flexibilidad tanto a la contratación como al despido. Así, el impacto final también dependerá de la reforma del segundo lado, los subsidios de desempleo que dan seguridad al trabajador y, del tercer lado, las políticas activas de empleo, que capacitan al trabajador para los cambios. Está previsto que ambas reformas tengan lugar en los próximos meses. Si algo no le falta al proyecto macroniano es ambición.

 

1. IMF (2016), «Time for a Supply-Side Boost? Macroeconomic Effects of Labor and Product Market Reforms in Advanced Economies», cap. 3, World Economic Outlook.

2. El segundo sindicato francés, la CGT, se ha opuesto firmemente.

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