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 Las exportaciones españolas y la desaceleración  del comercio mundial

El comercio mundial no crece como antes. Entre el 2000 y el 2007, el volumen de comercio global avanzó a un ritmo promedio anual del 7,4%, más rápido que el 3,3% del PIB mundial. Pero en el escenario surgido después de la Gran Recesión, los papeles se han invertido y el volumen de comercio crece menos que el PIB: 3,0% frente a 3,3% en el periodo 2012-2016. Por el momento, las exportaciones españolas se han salvado de la quema y han mantenido un ritmo de avance muy notable (en volumen, 4,7% en 2000-2007 y 4,4% en 2012-2016). De esta forma, el saldo corriente se situó alrededor del 2,0% del PIB en 2016. En 2017 y 2018 este saldo positivo se verá mermado por la subida del precio del petróleo. ¿Se añadirá a ello una desaceleración más intensa de las exportaciones que secundará la desaceleración del comercio mundial? La respuesta es que hay razones para esperar que, contra viento y marea, la evolución de las exportaciones españolas siga siendo relativamente buena.

El crecimiento de las exportaciones de bienes1 puede descomponerse entre tres factores. El primero, la demanda global; el segundo, la composición geográfica del destino de las exportaciones, y, finalmente, los cambios en la competitividad. El primero de ellos, la demanda mundial (definida como el crecimiento de las importaciones globales), es cuan­­titativamente el más importante y es exógeno, así que, contra esta marea, bien poco se puede hacer. Sin em­­bargo, la composición geográfica y la competitividad tam­­bién tienen su peso y, sobre ellos, sí se puede actuar.

Una buena distribución geográfica consiste en exportar más a aquellos países cuyas importaciones crecen más. Es decir, se trata de que el peso de las exportaciones españolas sea elevado en aquellos países cuyas importaciones crecen más que el comercio global.2 Sin embargo, en los últimos años, el factor geográfico ha jugado en contra: en términos agregados, sustrajo 0,8 p. p. del crecimiento exportador en 1990-1999; 0,6 p. p. en 2000-2007, y 0,9 p. p. en 2012-2015. Estos resultados indican que las exportaciones españolas están concentradas en mercados que cre­­cen menos que el comercio mundial.

Por zonas geográficas, la desfavorable composición se debe, sobre todo, al elevado peso de las exportaciones es­­pa­­ñolas con destino a la eurozona. En concreto, estas representan un 50,9% del total, un porcentaje muy superior a la cuota global (del 23,4%). Habida cuenta del menor crecimiento de las importaciones de la eurozona frente al promedio mundial, no es de extrañar que la falta de diversificación geográfica fuera de la eurozona penalice el desempeño de las exportaciones españolas. El otro gran lastre es la es­­casa presencia de Asia como destino de las exportaciones españolas: 4,1% del total de exportaciones españolas, frente al 10,0% que representa en el total de las exportaciones alemanas y francesas. Considerando que el crecimiento a largo plazo de Asia emergente es muy superior al de la eurozona, un mayor peso de las exportaciones españolas hacia esta región tendría un efecto positivo. Por ejemplo, si pasara de la cuota del 4,1% actual al 10%, aportaría 0,5 p. p. al crecimiento de las exportaciones españolas.

Finalmente, el tercer componente se obtiene por la diferencia entre el crecimiento observado de las exportaciones españolas y los dos componentes comentados (demanda global y distribución geográfica). Este residuo, que recoge cambios en la competitividad (la capacidad de vender a precios competitivos productos que se adapten a las tendencias de la demanda global), aportó 2,3 p. p. al crecimiento de las exportaciones entre 1990 y 1999 en promedio (un tercio del total). El incremento de los costes laborales unitarios que se produjo entre los años 2000 y 2007 redujo esta aportación a 0,6 p. p. Después de la Gran Recesión, esta tendencia se invirtió y ha permitido que la aportación de este factor al crecimiento de las exportaciones se recuperase hasta los 1,4 p. p. en 2012-2016.

1. El resto del artículo se basa en datos nominales (dólares corrientes) del FMI.

2. En concreto, este factor se calcula como el crecimiento resultante de ponderar el crecimiento de las importaciones de cada país de destino por el peso que tiene en el total de las exportaciones españolas menos el crecimiento de las im­­portaciones globales.

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