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Las tensiones comerciales marcan una nueva semana errática en las bolsas internacionalesLas tensiones comerciales marcan una nueva semana errática en las bolsas internacionales

Las tensiones comerciales marcan una nueva semana errática en las bolsas internacionales. A pesar de que los mercados iniciaron la semana anterior con un tono positivo y en un entorno relativamente calmado, el miércoles se vieron sacudidos por el anuncio de la Administración estadounidense de imponer nuevos aranceles sobre importaciones procedentes de China por valor de 200.000 millones de dólares. Ello se añadiría a los aranceles ya introducidos sobre bienes chinos valorados en 50.000 millones de dólares. Tras el anuncio, la mayoría de índices bursátiles, tanto de las economías avanzadas como emergentes, registraron pérdidas superiores al 1%. Por otra parte, en Turquía, el nombramiento del yerno del presidente Erdoğan como nuevo ministro de Finanzas y del Tesoro tuvo una recepción negativa en los mercados. Los inversores percibieron este nombramiento como una señal de la poca voluntad de corregir los crecientes desequilibrios macroeconómicos del país. En este contexto, la bolsa turca acumuló un descenso durante la semana cercano al 10%, mientras que la lira se depreció más de un 6%. Por último, en el plano de las materias primas, el precio del petróleo (calidad Brent) cayó hasta los 73,5 dólares el miércoles pasado, tras la expectativa de un aumento de producción de crudo procedente de Libia.

El Banco Central Europeo (BCE) reitera la intención de no subir tipos hasta pasado el verano de 2019. Como ya se anunció en los comunicados posteriores a la reunión de junio, las actas publicadas la semana pasada refuerzan la visión en el seno del BCE que la primera subida de tipos de interés no será hasta, como mínimo, septiembre del próximo año. En referencia a la finalización de compras netas de activos prevista para este diciembre, las actas indican que la decisión fue tomada por unanimidad, aunque los miembros del Consejo se reservaron la posibilidad de aplazar la decisión final en función de la evolución de la economía de la eurozona en esta segunda mitad del año.

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