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Los deberes pendientes: la PIIN y la calidad de las exportacionesLos deberes pendientes: la PIIN y la calidad de las exportaciones

La elevada y negativa posición de inversión internacional neta (PIIN) es uno de los frentes en los que la economía española todavía tiene mucho trabajo por hacer. En 2014 se situó en el 93,5% del PIB, mientras que la Comisión Europea sitúa el umbral en el –35% del PIB. Mejorar la PIIN no es fácil y requiere un superávit por cuenta corriente sostenido durante un largo período de tiempo. Por ejemplo, para reducir la PIIN hasta el –35% del PIB sería necesario un superávit del 1,8% del PIB, en promedio, durante los próximos 12 años.1

Para alcanzar un superávit por cuenta corriente de esta mag­­nitud es imprescindible que la economía española siga ganando competitividad. A grandes rasgos, hay dos formas de ganar competitividad: disminuyendo el precio de las exportaciones manteniendo la calidad, o aumentado la calidad manteniendo el precio. Si bien durante los últimos años se han reducido de forma muy notable los costes laborales unitarios respecto a los socios comerciales, lo que ha permitido recuperar la competitividad-precio perdida en los años previos a la crisis, lo cierto es que, en un periodo de baja in­­flación como el actual, es difícil seguir ganando competitividad por la vía del precio. Buscar rutas complementarias, como mejoras en la calidad de los productos exportados, es ahora todavía más apremiante.

Una buena aproximación del nivel de calidad de las exportaciones de un país es su contenido tecnológico. En general, los países que exportan productos de mayor calidad y alto valor añadido acostumbran a tener una capacidad tecnológica mayor. Para el caso español, solo el 10% del total de bienes industriales exportados en 2013 tenía un componente tecnológico alto. Estas cifras contrastan con la de­­man­­da global de bienes intensivos en tecnología, que, en 2013, representaban un 23% del total de bienes comerciados a nivel mundial. El segmento de bienes de alta tecnología es el que más ha crecido a nivel global en las últimas décadas, especialmente entre 1990 y 2000, cuando pasó a representar del 18% del comercio global al 26%. Durante los últimos años, este segmento ha crecido al mismo ritmo que el comercio mundial, pero, según el FMI,2 en los próximos años volverá a ganar peso. La evolución de las exportaciones españolas en esta dimensión ha sido muy discreta, y el margen de mejora sigue siendo muy amplio.

Mejorar el componente tecnológico de los productos no solo es deseable por el elevado potencial de crecimiento que ello ofrece. Un mayor desarrollo tecnológico aumentaría el valor añadido de los productos y los haría más diferenciados, y, por tanto, la demanda sería menos sensible a po­­sibles variaciones en el precio. Este último aspecto es es­­­­pe­­cialmente relevante para las empresas que compiten a nivel internacional, ya que están muy expuestas a los vaivenes del tipo de cambio. Pero los beneficios para el conjunto de la economía son mucho más amplios, y van desde mejoras en la productividad hasta, naturalmente, la crea­­ción de puestos de trabajo de mayor calidad.

Una de las claves que determina la capacidad de innovar de las empresas y el desarrollo tecnológico que son capaces de ofrecer en sus productos es el tamaño de la em­presa. En general, para progresar en estas dimensiones es imprescindible llevar a cabo inversiones importantes, y las empresas de mayor tamaño suelen estar en mejores condiciones para hacerlo. Como se puede observar en el segundo gráfico, las empresas pequeñas tienden a ser menos productivas y a in­­vertir menos en I+D, con lo que se quedan ancladas en segmentos de producción de menor calidad y con un componente tecnológico inferior. Diseñar un entorno que favorezca un mayor tamaño empresarial es clave para mejorar la calidad de las exportaciones españolas. Un ingrediente indispensable para mejorar el superávit de la cuenta co­­rriente y reducir la PIIN.

1. Este cálculo supone un crecimiento nominal del PIB de un 4%.

2. FMI, «Changing Patterns of Global Trade», 2011.

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