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Los índices de sentimiento de la eurozona remontan ligeramente, aunque todavía se sitúan en cotas moderadasLos índices de sentimiento de la eurozona remontan ligeramente, aunque todavía se sitúan en cotas moderadasLos índices de sentimiento de la eurozona remontan ligeramente, aunque todavía se sitúan en cotas moderadasLos índices de sentimiento de la eurozona remontan ligeramente, aunque todavía se sitúan en cotas moderadas

Los índices de sentimiento de la eurozona remontan ligeramente, aunque todavía se sitúan en cotas moderadas. En concreto, el índice PMI compuesto de la eurozona se emplazó en febrero en los 51,4 puntos (51,0 puntos en enero). Se trata de un repunte modesto, pero que revierte la tendencia bajista de los últimos meses (cinco meses consecutivos con caídas). Con todo, el índice manufacturero cayó hasta los 49,2 puntos, el mínimo en casi seis años, y por debajo de los 50 puntos (límite que separa la zona expansiva de la recesiva). Por su parte, el índice de confianza del consumidor en la eurozona mostró una mejora contenida y se emplazó en los –7,4 puntos en febrero (–7,9 puntos en enero). Estos datos sugieren que el crecimiento de la economía europea se mantendrá en cotas moderadas en la primera mitad del año.

El superávit por cuenta corriente de la eurozona cerró 2018 ligeramente a la baja. Así, en el global del año, se registró un superávit corriente del 3,0% del PIB, 2 décimas por debajo del dato registrado en 2017. Esta caída se debió, en gran medida, al menor superávit de la balanza de bienes, que en los últimos meses ha adolecido de una débil evolución de las exportaciones. De cara a los próximos meses, prevemos que el saldo corriente continúe reduciéndose, aunque de forma gradual, debido al menor dinamismo de la demanda global.

Economía portuguesa

El proceso de desapalancamiento del sector privado siguió en 2018. Así, la ratio de endeudamiento de las empresas se situó en el 128,4% del PIB en 2018, lo que representa una reducción de 7,2 p. p. respecto al año anterior. Por su parte, el endeudamiento de las familias también disminuyó, aunque de forma menos acentuada, hasta el 70,6% del PIB (–1,8 p. p. respecto a 2017). Ello refleja las dinámicas de la cartera crediticia del sector bancario, con una mayor contracción en crédito a empresas (–4,6% anual), un avance robusto en crédito al consumo (+10,5% interanual) y una gradual recuperación en el crédito hipotecario (–1,7% anual).

La balanza corriente empeoró en 2018. En concreto, el saldo de la balanza corriente y de capital se situó en el +0,4% del PIB, 1 p. p. por debajo del registro de 2017. Esta evolución se debió al deterioro del saldo por cuenta corriente (–0,6% del PIB en 2018 frente al +0,5% en 2017), puesto que el saldo de capital mejoró ligeramente en el año (1,1% del PIB frente al 0,9% en 2017). Más en detalle, el deterioro corriente fue consecuencia del incremento del déficit comercial de bienes (del –6,2% del PIB en 2017 al –7,3% del PIB en 2018). Ello refleja, por un lado, factores extraordinarios que afectaron negativamente a las exportaciones (huelgas y cierre de la refinería) y, por otro, el fuerte avance de las importaciones de bienes de equipo e intermedios. Por su parte, la mejora en el superávit de servicios (del 8,0% del PIB en 2017 al 8,3% en 2018) fue insuficiente para compensar el mal resultado en bienes.

Los datos de actividad económica mantienen la tendencia bajista de los últimos meses. Así, el indicador de actividad económica se estabilizó en el 2,1% en diciembre (por debajo de la media de los últimos cinco años, del 2,2%), lo que refleja una desaceleración de la actividad en la construcción, una contracción en la industria y una aceleración en los servicios. Por su parte, el indicador de clima económico se redujo al 2,1% en enero, 0,1 p. p. menos que en noviembre, lo que apunta al empeoramiento del sentimiento en todos los sectores, excepto en los servicios.

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