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En la campaña para las elecciones presidenciales de 1992, James Carville, estratega de Bill Clinton, acuñó el famoso lema «es la economía, estúpido» para colocar el foco del debate en la situación económica mientras el presidente Bush centraba su discurso en los logros en política exterior, como la victoria de EE. UU. y sus aliados en la Guerra del Golfo. La frase se popularizó en EE. UU. y actualmente se usa, con variaciones, para subrayar lo que es realmente importante sobre un tema. Para las perspectivas económicas de 2017, lo tenemos claro: la política.

Cuatro grandes capitales en las que, sin duda, los eventos políticos condicionarán el devenir económico en 2017 ilustran la portada de este Informe Mensual: Washington D. C., Londres, Berlín y París.

En Washington D. C., iremos descubriendo qué orientación adopta la Administración del presidente Trump. Irónicamente, lo deseable es que no cumpla sus promesas electorales. La economía americana, cercana al pleno empleo, no está necesitada de un fuerte impulso fiscal como el que prometió el candidato Trump. En el ámbito comercial, la imposición de altos aranceles a las importaciones chinas y mexicanas sería el inicio, muy probablemente, de guerras comerciales con un coste elevadísimo para la economía mundial. Afortunadamente, no prevemos que suceda ni lo uno ni lo otro. Una vez elegido, Trump ha comenzado a suavizar su discurso y esperamos que, bajo la influencia del ala más moderada del partido republicano, la Administración adopte una orientación pragmática. La reacción de los mercados financieros en las últimas semanas, en general positiva, confirma que esta es la hipótesis más extendida. Sería conveniente que los primeros pasos de la nueva Administración lo confirmen.

En Londres, el Gobierno británico dará el pistoletazo de salida a las negociaciones para salir de la UE con la activación del artículo 50 del Tratado de Lisboa. El proceso se atisba largo y complejo, pero a todas las partes implicadas les conviene que los daños causados por la incertidumbre y el acuerdo final sean los justos. Difícilmente será posible conciliar el mantenimiento del Reino Unido en el mercado único con la negativa británica al libre movimiento de personas, pero sería deseable que se encontrara un equilibrio que permita su acceso a dicho mercado en términos razonables. Para ello, el Reino Unido seguramente deberá ofrecer concesiones en los controles a la inmigración europea.

Berlín y París conformarán nuevos Gobiernos tras las elecciones francesas de mayo y las alemanas de septiembre. Ambas citas electorales, junto con las de los Países Bajos y seguramente también de Italia, serán nuevos test para el alza de los populismos y el euroescepticismo. No cabe duda de que el proyecto europeo necesita del liderazgo de ambos países. Para contar con este liderazgo, es necesario que ambos Gobiernos estén comprometidos con Europa y que cuenten con un mandato electoral claro para poderlo ejercer. El entorno no es el más propicio para enarbolar un discurso europeísta pero es absolutamente necesario volver a generar ilusión por el proyecto europeo. La UE no se puede permitir ser percibida, principalmente, como el guardián de la ortodoxia fiscal.

En España, la formación de Gobierno ha representado un paso muy positivo, pero el reto político que se afronta en 2017 sigue siendo de calado: demostrar que la gobernabilidad y los grandes acuerdos, por ejemplo en los ámbitos laboral, educativo o territorial, son posibles a pesar del nuevo contexto de fragmentación política. Para ello, será necesario dialogar, ceder, consensuar, encontrar equilibrios aceptables para la mayoría. En definitiva, hacer política, en mayúsculas.

Enric Fernández

Economista jefe

30 de noviembre de 2016

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