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Hace un año, este editorial se centraba en los retos políticos del ejercicio que estamos a punto de cerrar. Ponía el foco en Trump, el brexit y las elecciones italianas. También expresábamos un deseo: que el editorial de este año, sobre las perspectivas de 2019, no tuviera que volver a poner el foco sobre los populismos. Desafortunadamente, debemos volver a hacerlo: la guerra comercial entre EE. UU. y China, el brexit y la política italiana siguen constituyendo los tres grandes elementos de incertidumbre y riesgo.

Las tensiones entre EE. UU. y China han acabado afectando a la economía mundial en los últimos meses. La imposición de aranceles a las importaciones chinas por parte de EE. UU., y la respuesta de China, aumentando también los aranceles sobre las importaciones norteamericanas, ha sido como arrojar arena a los engranajes que constituyen las cadenas de suministro global. Además, no puede descartarse el hecho de que las tensiones vayan a más a pesar de la tregua que se ha pactado en las reuniones del G-20 de Buenos Aires. EE. UU. se siente bien preparado para la guerra (comercial), con una economía apoyada en un gran estímulo fiscal que impulsa la demanda interna, y ello refuerza la credibilidad de las amenazas de su presidente (por otra parte, bastante imprevisible). De todas formas, prevemos que se acabará alcanzando un acuerdo, porque parece haber margen para el mismo y porque a todas las partes les interesa no prolongar en exceso la incertidumbre. En caso contrario, Trump podría acabar sintiendo la presión de la bolsa americana.

En cuanto al brexit, nos enfrentamos a una exigente carrera de obstáculos. Este mismo mes, el Parlamento de Westminster decidirá si aprueba o rechaza el acuerdo alcanzado entre Theresa May y la UE. Un rechazo aumentaría considerablemente el riesgo de una salida del Reino Unido abrupta y desordenada el próximo 29 de marzo, lo que tendría graves repercusiones sobre la actividad económica de dicho país y haría zarandear la libra británica. Si se logra una salida pactada, todavía quedará pendiente la negociación sobre el futuro marco de relaciones entre el Reino Unido y la UE, pero el periodo transitorio que se contempla actualmente, hasta finales de 2020 y que se podría alargar hasta finales de 2022, parece otorgar suficiente margen para negociar con calma un acuerdo que será sumamente complejo. Nos preocupa más el riesgo a corto plazo que la incertidumbre en torno a la negociación sobre el marco de relaciones futuro.

Finalmente, Italia, un factor con la capacidad de desestabilizar la eurozona. Si el enfrentamiento entre el Gobierno italiano y la Comisión Europea sube de tono, la prima de riesgo italiana podría dispararse e Italia, perder el acceso a los mercados. Sería una situación de alta tensión. El BCE intervendría para limitar el contagio a otros países, pero difícilmente estaría en condiciones de apoyar a Italia a no ser que el Gobierno solicitara un rescate. Ante esta tesitura, un escenario probable sería una convocatoria electoral en Italia y la formación de un nuevo Gobierno que recuperara la confianza de los mercados, pero, en cualquier caso, estaríamos contemplando unos meses de enorme incertidumbre en los que se volvería a poner en cuestión la integridad de la eurozona.

En gran medida, la evolución de estos tres grandes desafíos marcará el 2019. Nuestro escenario central presupone que la sangre no llegará al río en ningún caso, aunque tampoco contamos con una pronta resolución de ninguna de las incertidumbres. En función de su evolución, 2019 nos puede sorprender en negativo o, por qué no, en positivo. ¡Feliz 2019!

Enric Fernández

Economista jefe

30 de noviembre de 2018

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