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PGE 2016: del ajuste estructural al cíclico

Los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2016, que presentó el Gobierno el pasado mes de julio en el Parlamento, incluyen una mejora del cuadro macroeconómico de la economía española, con un crecimiento previsto del 3,3% en 2015 y del 3,0% en 2016. Este escenario es el que debe permitir que el déficit fiscal para 2016 llegue al 2,8%, lo que supondría abandonar el procedimiento de déficit excesivo, puesto que la cifra se sitúa por debajo del umbral del 3%. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AiRef) ha juzgado estas previsiones como razonables en su conjunto aunque no exentas de riesgos. En este Focus se analizan tanto la composición del ajuste previsto como su verosimilitud.

La mayor parte de la reducción del déficit no responde a un aumento de los ingresos, sino a una reducción de los gastos. Empezando por los primeros, los PGE prevén que los ingresos no financieros totales aumenten ligeramente en 2016 (+0,6%) mediante la disminución de los ingresos no tributarios (–32,5%), excepcionalmente altos en 2015,1 que quedarían compensados por un fuerte incremento de los ingresos tributarios (+6,2%). La recaudación tributaria estaría impulsada por la mejoría económica, que se traduciría en un aumento de la recaudación por IRPF (+5,5%), por impuesto sobre sociedades (+10%) y por IVA (+4,6%). En la Seguridad Social, los ingresos por cotizaciones sociales aumentarían un 6,7%. Estas previsiones de ingresos asumen que el impacto de la actividad económica sobre la recaudación será superior al históricamente registrado, lo que puede indicar un ligero optimismo. Además, la re­­forma tributaria se acabará de implementar con la rebaja del impuesto sobre sociedades y mediante un año completo de rebaja del IRPF, por lo que los ingresos previstos deberían ser menores.

Por lo que se refiere a los gastos del Estado, está previsto que disminuyan en 2016 (–3,0%) debido a la importante reducción del pago de intereses y de las transferencias co­­rrientes. El menor gasto en el pago de intereses (–5,6%) refleja el menor coste medio de la deuda y su estabilización. Las transferencias corrientes se reducen en un 3,2% como consecuencia de la menor aportación al Servicio Público de Empleo Estatal (SPEE) a causa de la disminución del gasto por prestaciones de desempleo. Las previsiones de ambas partidas parecen plausibles, a tenor del cuadro macroeconómico esperado.

Excluyendo estas reducciones cíclicas, los gastos aumentarán en 2016 en gran parte del resto de partidas (gastos de personal, clases pasivas, aportación a la Seguridad So­­cial, etc.). Es en este apartado de gastos, además, donde se concentran la mayoría de las nuevas medidas incluidas en los presupuestos. Entre ellas, destacan las que afectan al colectivo de funcionarios: obtendrán un aumento salarial del 1% y la devolución del 50% de la paga extra suprimida en 2012 y de los días libres («moscosos» y «canosos»), y aumentará la tasa de reposición de sus plantillas, gracias al incremento previsto de los costes de personal del Estado, del 5,0%.

Los PGE 2016 establecen el mismo objetivo de déficit para 2016 que contemplaba el Programa de Estabilidad 2014-2017, presentado en abril de 2014. Este programa, no obstante, contemplaba un crecimiento del PIB muy inferior, del 1,8% en 2015 y del 2,3% en 2016, lo que implica que el ajuste estructural que se planea llevar a cabo ahora entre 2015 y 2016 sea muy inferior al previsto cuando se acordó la senda de reducción de déficit público con la Comisión Europea. Si se mantuviera el ajuste estructural calculado entonces (de 5 décimas) y se cumplieran las previsiones económicas del Gobierno, el déficit podría reducirse hasta el 2,3% en el próximo año. Como se apunta en los PGE, el ajuste no viene dado ahora, como en años anteriores, por medidas discrecionales de reducción del gasto o de aumento de los recursos tributarios, sino por el aumento de los ingresos y la reducción de los gastos gracias a la me­­joría económica.

Los PGE 2016 suponen, pues, un cambio tras varios años de fuertes ajustes estructurales: en la actualidad son las mejoras cíclicas de la economía las que ayudarán a reducir el déficit. Lo óptimo sería realizar los ajustes estructurales cuando el viento sopla de cola para recuperar más rápidamente la buena senda de las finanzas públicas, y evitar te­­ner que repetir la experiencia de afrontarlos cuando el viento viene de cara.

1. En 2015, la partida de ingresos no tributarios fue excepcionalmente elevada debido a los ingresos derivados de la privatización de AENA.

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