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El riesgo de desintegración de la eurozona en 2012 fue real. La fragmentación financiera entre los distintos países de la unión monetaria, reflejada en una fuerte divergencia en los tipos de interés de créditos y depósitos, era insostenible. El vínculo perverso entre riesgo bancario y riesgo soberano hacía estragos: los sistemas bancarios con problemas constituían una amenaza para la solvencia del soberano de su país; un soberano débil, garante último de los depósitos del sistema y uno de sus principales deudores, constituía una amenaza para el sistema bancario de su país. La historia había demostrado que estas dos amenazas, que se retroalimentaban, podían causar un daño irreparable a la confianza de inversores y depositantes y desembocar en un pánico incontrolable.

Este artículo ha sido elaborado para el Anuario del Euro 2016 “Building Institutions for the Euro Area”. La Fundación ICO y la Fundación de Estudios Financieros colaboran en esta publicación anual cuyo objetivo es contribuir al conocimiento de la relevancia y el papel de la moneda única. El Anuario del Euro 2016 ha sido dirigido por Fernando Fernández Méndez de Andés (IE Business School).

Documento completo en:
http://www.fundacionico.es/fileadmin/user_upload/pdfs/Anuario_del_Euro_2016_FERROS.pdf

 

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