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El sentimiento de los inversores se resienteEl sentimiento de los inversores se resiente

El sentimiento de los inversores se resiente. La COVID-19 siguió haciendo mella en los mercados financieros con la publicación de los primeros indicadores económicos de marzo y abril. Ello se tradujo en un incremento de la aversión al riesgo que se vio intensificada por la volatilidad del precio del petróleo (véase la siguiente noticia). Así, los principales índices bursátiles retrocedieron (S&P 500 –1,3%, EuroStoxx –2,7% y MSCI Emerging Markets –2,4%), influidos también por la publicación de resultados empresariales del 1T en clave negativa. En renta fija, los tipos soberanos de EE. UU. descendieron mientras que los de Alemania se mantuvieron estables. En la periferia de la eurozona, las primas de riesgo se ampliaron notablemente durante la semana ante la expectativa de un fuerte incremento de los déficits públicos de estos países y los temores al empeoramiento del rating de Italia (finalmente, S&P mantuvo el rating en BBB con perspectiva negativa). Sin embargo, el anuncio del BCE de aceptar como colateral deuda que pudiera haber perdido su calificación de grado de inversión durante la crisis sanitaria alivió las presiones sobre los diferenciales. Por último, en el mercado de divisas, el aumento de la aversión al riesgo favoreció la apreciación del dólar frente al resto de divisas.

Semana negra en el mercado del petróleo. En un entorno de congelación de la demanda global de petróleo (el precio venía cayendo cerca de un 60% respecto a principios de año), la semana pasada se llegaron a pagar precios negativos en los contratos para las entregas en mayo del WTI. Esta anomalía refleja el hecho de que, con los bajos precios del petróleo de las últimas semanas, la acumulación de existencias está llegando a saturar los centros de almacenamiento de EE. UU. Ello obliga a los compradores a hacer frente a mayores costes de almacenamiento y, al acercarse el momento de ejecutar los contratos de mayo, muchas refinerías estadounidenses solo estuvieron dispuestas a adquirir nuevos barriles de petróleo si se les compensaba por el aumento de los costes. Así, el lunes 20 de abril, el precio del barril de WTI llegó a comerciarse a –37,6 dólares y empujó a la baja al resto del mercado (aunque los futuros de junio del WTI y del Brent siempre se mantuvieron por encima de los 10 y 15 dólares, respectivamente). Finalmente, el Brent cerró la semana por encima de los 20 dólares por barril, aunque durante la semana registró mínimos no vistos desde 2002. Con la intención de paliar la sobreoferta del mercado, algunos países de la OPEP ya han empezado a recortar su producción antes de la entrada en vigor del nuevo acuerdo. En la misma línea, numerosos pozos de la industria del shale en EE. UU. pararán su producción ante unos precios que se sitúan muy por debajo de los costes de extracción.

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