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El sentimiento económico global cae de forma abrupta ante la disrupción del COVID-19El sentimiento económico global cae de forma abrupta ante la disrupción del COVID-19El sentimiento económico global cae de forma abrupta ante la disrupción del COVID-19

El sentimiento económico global cae de forma abrupta ante la disrupción del COVID-19. En febrero, el indicador compuesto PMI descendió 6,1 puntos hasta los 46,1, valor mínimo desde mayo de 2009, y en clara zona contractiva (por debajo de los 50 puntos). El fuerte deterioro se produjo tanto en los sectores manufactureros como en los servicios (ambos por debajo de los 50 puntos). Por países, destacó la fuerte contracción de China, que ha cerrado fábricas y limitado la movilidad de sus ciudadanos. Asimismo, el parón del país asiático, en el centro de muchas de las cadenas de valor globales, ha impactado a numerosos países altamente relacionados con él. En los próximos meses, la expansión de la epidemia también afectará a otras regiones de forma directa, y no solo por su relación con China.

El sector exterior chino se resiente por el coronavirus. Las exportaciones chinas cayeron un 17,2% interanual en el agregado de enero y febrero (+7,9% en diciembre) reflejando el impacto que han tenido en el país las restricciones sobre la producción y los desplazamientos para contener el COVID-19. Las importaciones, por su parte, resistieron mejor y solamente cayeron un 4,0% (+16,5% en diciembre). De cara a los próximos meses, el levantamiento de las restricciones en China debería ayudar al sector exterior, aunque este se verá todavía penalizado por una demanda externa más frágil ante la propagación del virus en el resto del mundo.

En EE. UU. algunos indicadores ya empiezan a reflejar el impacto del COVID-19. El índice de sentimiento empresarial (ISM) de manufacturas descendió hasta los 50,1 puntos, rozando el límite de los 50 puntos (que separa la zona contractiva de la expansiva). Su homólogo de servicios, no obstante, todavía no acusó los efectos de la alerta sanitaria y subió hasta los 57,3 puntos. En la misma línea, los datos del mercado laboral siguieron siendo sólidos en febrero, con una significativa creación de empleo mensual (237.000 puestos de trabajo). Con todo, de cara a los próximos meses, es de esperar un deterioro más acusado en la mayoría de los indicadores por los efectos del COVID-19.

Brasil acabó el año 2019 creciendo a un ritmo razonable. El crecimiento en el 4T 2019 fue del 1,7% interanual (1,2% interanual en el 3T), de manera que el cómputo anual se situó en el 1,1%. Aunque se trata de una cifra inferior al 1,3% de 2018, cabe destacar que la economía se hallaba en recesión a principios de 2019 y que después mejoró de forma clara. La clave económica del año pasado fue la recuperación de la inversión, que no crecía desde 2013, tendencia que probablemente refleja las mejores expectativas abiertas por el programa reformista del Gobierno Bolsonaro. Las perspectivas para 2020 son de aceleración del crecimiento (en la zona del 1,5%), aunque el país es sensible al impacto global del coronavirus y a la evolución de posibles tensiones comerciales.

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