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Tomando el pulso a la competitividad de la economía española: parte I Tomando el pulso a la competitividad de la economía española: parte I Tomando el pulso a la competitividad de la economía española: parte I Tomando el pulso a la competitividad de la economía española: parte I Tomando el pulso a la competitividad de la economía española: parte I

• En este artículo se analiza el comportamiento de los indicadores de productividad de la economía española, comparándolo con el de otras economías desarrolladas, para tomar el pulso a su competitividad.

• Aunque la productividad española se ha recuperado del deterioro sostenido que sufrió en la primera década de los 2000, sigue siendo inferior a la de sus principales socios europeos en términos de producto por hora trabajada (con la excepción de Portugal).

• La menor productividad de la economía española no se debe tanto a la composición sectorial de la economía respecto a otros países sino al hecho de que los sectores de su economía son menos productivos.

La competitividad es un factor clave de la prosperidad económica de un país. Los avatares propios del ciclo económico pueden influir en menor o mayor grado en el crecimiento económico, pero, a largo plazo, el elemento fundamental que determina la capacidad de una economía de generar riqueza y prosperidad en un entorno globalizado es la competitividad. Con este artículo damos co­­mienzo a una serie que analizará la evolución de la competitividad de la economía española. Como veremos, esta sufrió un deterioro sostenido en la primera década del milenio y, aunque ha recuperado parte del terreno perdido desde entonces, todavía le queda camino por recorrer.

¿Cómo medimos la competitividad?

La competitividad de un país muestra «el grado en el que (el país) puede producir bienes y servicios con exposición a la competencia de los mercados internacionales al tiempo que mantiene y expande los ingresos reales de sus individuos a largo plazo».1 Sus determinantes son, pues, un conjunto de instituciones, políticas y factores que están interrelacionados e incluyen elementos como el capital humano del país, el grado de innovación incorporado en los productos y servicios que generan sus empresas, la eficiencia de los procesos productivos y organizativos de estas empresas, y otros muchos factores. Así, queda claro que una evaluación de todos sus determinantes constituye un proyecto de gran envergadura.2

Sin embargo, también es posible medir la competitividad, no mediante la evaluación de sus factores determinantes, sino a partir de los resultados que se derivan de ella. En este sentido, dos tipologías de indicadores ayudan a medir la competitividad de un país:

los indicadores de productividad, y

los indicadores relacionados con el desempeño del sector exterior.

Una mayor competitividad debería estar relacionada con una mayor eficiencia productiva respecto a la de los otros países y, por lo tanto, en una mayor productividad relativa. Asimismo, cabe esperar que un país competitivo sea un país que logre ganar cuotas de mercado respecto a sus competidores.3

En este artículo, nos centraremos en el análisis del comportamiento de los indicadores de productividad de la economía española y compararemos su evolución con la de otras economías desarrolladas. Postergamos a otros artículos venideros el análisis de los indicadores relacionados con el sector exterior.

Indicadores de productividad

La productividad mide el grado de eficiencia en el uso de los insumos en un proceso productivo. Así, un aumento de la productividad denota que se necesita una menor cantidad de insumos para producir la misma unidad de producto o servicio.

Los dos principales indicadores para medir la productividad son:

La productividad total de los factores (PTF), o la parte del incremento del producto que no se explica por la acumulación de factores de producción (como el capital o el empleo). El problema de este indicador es que es de difícil medición.

La productividad aparente del trabajo, o el producto por hora trabajada. Esta medida está influenciada por otros factores como el capital por trabajador o el capital humano, pero tiene la ventaja de que se dispone de datos más fiables para medirla y permite realizar comparaciones entre países.

La evolución de la productividad española en relación con la de otras economías desarrolladas según la PTF puede observarse en el primer gráfico. Entre 1990 y 2007, la PTF en España creció por debajo de la de las principales economías desarrolladas del mundo. Por el contrario, desde el inicio de la recuperación económica tras la crisis financiera, la PTF española ha logrado crecer por encima de la de sus principales competidores.

Este indicador, sin embargo, no permite valorar las diferencias en términos absolutos del grado de productividad entre países de forma directa, una comparación que sí se puede establecer si se calcula la productividad aparente del trabajo en España en relación con la de esos mismos países. En el segundo gráfico se muestra el diferencial, en porcentaje, del producto por hora trabajada, ajustada por la paridad de poder adquisitivo, entre esos países y España.4 Del gráfico se derivan dos conclusiones principales:

Primero, tal y como refleja el gráfico anterior, que la productividad española se deterioró en relación con los demás países entre la década de 1990 y la primera década de los 2000.

Segundo, que la mejora de la productividad desde la recuperación económica ha permitido acortar diferencias (excepto con EE. UU.), pero aún queda mucho camino por recorrer: España sigue siendo menos productiva, en cuanto a producto por hora trabajada, que el resto de los países (excepto Portugal) en términos absolutos.

Descomposición del diferencial de productividad entre países

¿A qué se deben las diferencias de la productividad con estos países? Para indagar sobre esta cuestión, analizamos qué parte de la contribución al diferencial de la productividad aparente del trabajo se debe al margen intensivo y qué parte al efecto composición. Por margen intensivo, nos referimos a aquella parte del diferencial que se explica por diferencias en la productividad de un mismo sector de la economía entre España y otro país. Para calcular este efecto comparamos la productividad aparente del trabajo en cada sector de la economía entre dos países, pero manteniendo constante entre ambos el peso relativo del sector. Por otro lado, el efecto composición mide la parte del diferencial explicado por el hecho de que los sectores en cada país tienen pesos distintos sobre el total de la economía. Por tanto, un país puede ser más productivo no porque sus sectores sean más productivos que los de otros países, sino porque los sectores más productivos tienen un mayor peso.

El principal factor que explica el diferencial de productividad entre España y el resto de los países es el margen intensivo: es decir, la menor productividad de España es un fenómeno generalizado entre los distintos sectores de la economía. Así se puede observar en el tercer gráfico, en el que se normalizan las diferencias de productividad entre España y los demás países a 100, y se representan las contribuciones a esta brecha, mostrando cómo más del 80% de la brecha se debe al margen intensivo.5

De este modo, el problema de la productividad en España es de carácter generalizado, y no un problema de un sector en particular. Como se muestra en el cuarto gráfico, la brecha de productividad de cada sector productivo español en comparación con el mismo sector en Francia es significativa.6 En todos los sectores, la productividad de España es inferior a la del país galo, siendo particularmente acusada en sectores tan dispares como las actividades profesionales y científicas, el comercio, la industria manufacturera y la Administración pública.

Esta menor productividad está determinada por multitud de causas, pero es interesante analizar cómo se relaciona con el tejido empresarial del país. El diferencial de productividad es mucho mayor para las empresas españolas pequeñas y medianas que para las empresas más grandes, como recoge el quinto gráfico. En cada sector, estas últimas son más parecidas en términos de productividad a sus pares franceses, lo cual apunta a que un mayor tamaño empresarial permite una mayor eficiencia en el uso de insumos en el proceso productivo.7

Oriol Carreras y Josep Mestres

1. Véase OCDE (1992). «Technology and the Economy: the Key Relationships». París.

2. El Global Competitiveness Report del WEF documenta hasta casi un centenar de determinantes de competitividad que utiliza para elaborar un ranking entre países. Sin embargo, no permite establecer cómo estos determinantes se usan y combinan para aumentarla. Para más detalle, véase http://reports.weforum.org/global-competitiveness-report-2018/.

3. Un país puede ganar cuota de mercado en el mercado internacional sin haber ganado en productividad relativa al introducir productos/servicios nuevos en estos mercados.

4. A modo de ejemplo, la primera barra gris del gráfico que pertenece a Alemania denota que el producto por hora trabajada en ese país entre 1990 y 1999 era alrededor de un 15% superior al de España.

5. A modo de ejemplo, para el caso de Alemania, vemos que alrededor del 80% del diferencial de productividad se debe al margen intensivo y que tan solo el 20% se explica por el efecto composición.

6. Los datos utilizados para analizar el diferencial por sectores proviene de EU KLEMS, mientras que anteriormente se analizó la evolución temporal con datos provenientes de la OCDE, y corresponden a periodos temporales distintos, por lo que las magnitudes no coinciden exactamente.

7. Para más detalles entre la interacción entre productividad y tamaño empresarial, véase Guillamón, C., Moral-Benito, E. y Puente, S. (2017). «High growth firms in employment and productivity: dynamic interactions and the role of financial constraints?». Working Papers 1718. Banco de España.

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