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Monthly Report - DossierSandra Jódar Rosell, Denis Nakagaki
Los bancos ante las nuevas formas de dinero

El lanzamiento de libra por parte de Facebook y otras 27 empresas ha vuelto a poner sobre la mesa el debate acerca de las criptomonedas y el funcionamiento de los sistemas de pagos actuales. Tras la caída de valor de bitcoin y la puesta en entredicho de su capacidad para funcionar como dinero, muchos ven en las stablecoins una alternativa con mayor potencial de adopción. De ser así, las dos formas de dinero «tradicional» (el efectivo y los depósitos bancarios) deberían hacer frente a esta nueva competencia. En el presente artículo discutiremos qué caracterizaría a esta competencia entre formas de dinero, qué retos podría entrañar para los bancos y qué acciones podrían llevar a cabo estos para afrontarlos.1

Los avances en las tecnologías de pagos permiten la aparición de nuevas formas de dinero, lo cual a largo plazo puede dar lugar a una mayor competencia por los depósitos bancarios.

La tecnología de liquidación de pagos es el mecanismo mediante el cual se garantiza que el dinero se adeuda de la cuenta del ordenante y se ingresa en la del beneficiario, registrándose así el cambio en la propiedad del dinero. Con la excepción del efectivo, actualmente todas las infraestructuras de pagos establecidas recurren de algún modo a una figura que centraliza la validación de estos movimientos entre las cuentas, ya sea el banco central de cada jurisdicción, Visa o Mastercard para los esquemas de tarjetas o AliPay y WeChat en sus ecosistemas en Asia, entre otros. Esta centralización conlleva ciertas ineficiencias, sobre todo en el ámbito de los pagos internacionales, que se manifiestan en demoras en las transferencias y falta de trazabilidad sobre su estado, y que son fruto de la fragmentación y poca interconexión de estas infraestructuras. Al eliminar la necesidad de centralizar la validación, el uso de DLT2 (blockchain es un ejemplo de ello) puede generar unas ganancias de eficiencia que justificarían el coste de desplegar nuevas infraestructuras de pagos y, sobre ellas, nuevas monedas.

Hasta la fecha han aparecido un sinfín de criptomonedas, aunque las que presentan mayor potencial de llegar a convertirse en una nueva forma de dinero son aquellas que respaldan su valor con algún tipo de activo. Una opción es respaldarlo con una moneda de curso legal, como es el caso de tether, USD Coin o paxos, por ejemplo. Sus emisores establecen una ratio de conversión, por ejemplo respecto al dólar, y definen mecanismos para mantenerla, de forma que los precios de bienes y servicios en ambas monedas sean fijos. Otra opción es respaldarlo con una cesta de monedas u otros activos cuyo valor fluctúa con el mercado. En este caso, dependiendo de cuándo se adquirieran, los bienes y servicios pagados en esta moneda serían más o menos caros que si se pagaran en dólares. Libra es un ejemplo de este último tipo, junto con las criptomonedas respaldadas por oro.

Naturalmente, desplegar esta nueva infraestructura desde cero no es una tarea que pueda asumir cualquiera y cualquier emisor privado con capacidad para lograrlo deberá enfrentarse a retos regulatorios muy considerables.3 En cualquier caso, cabe pensar en un futuro en el que los depósitos bancarios puedan tener que competir por la liquidez de los agentes económicos no solo con el efectivo, sino también con aquellas criptomonedas que hayan logrado la suficiente adopción.

Para los bancos, los depósitos de los clientes son una pieza central en su modelo de negocio. De ahí que algunos4 consideren que una mayor competencia presenta un desafío para las entidades financieras tradicionales.

Los depósitos son una fuente estable de financiación para los bancos y representan un aspecto fundamental para la intermediación bancaria, el proceso por el cual las entidades canalizan los ahorros hacia la inversión productiva mediante la concesión de préstamos.

Son también una fuente de ingresos para las entidades, gracias a los servicios de cobros y pagos que llevan asociados, como transferencias, compras con tarjeta o domiciliaciones y gestión de recibos, entre otros.

Por último, los depósitos y sus medios de pago asociados son además una fuente de información muy valiosa para los bancos. El volumen y la frecuencia de estas transacciones, por ejemplo, son variables que se pueden utilizar para establecer patrones de ingresos y gastos o estimar la capacidad de repago de un préstamo. Esto permite a los bancos mejorar sus análisis de riesgo, personalizar las ofertas comerciales o reducir el fraude, por ejemplo.

Así pues, en un hipotético escenario en el que las monedas digitales lograran sustituir de forma significativa a las formas tradicionales de dinero, el modelo de negocio bancario se enfrentaría a varios retos. En primer lugar, a una compresión de los márgenes (tanto en depósitos como en servicios de cobros y pagos) por la mayor competencia. En segundo lugar, a una mayor volatilidad y un mayor coste de sus fuentes de financiación por una eventual sustitución de los depósitos minoristas por otros instrumentos de financiación. A su vez, esta mayor volatilidad del pasivo bancario podría llegar a limitar la capacidad de concesión de crédito por la necesidad de cumplir con las ratios de liquidez impuestas por Basilea III.5 Finalmente, la pérdida de la información generada por las transacciones en la nueva moneda podría limitar la capacidad de los bancos de ofrecer préstamos al tipo de interés que mejor se ajuste al riesgo del cliente. Todo ello tendería a encarecer el crédito.

Para juzgar hasta qué punto son importantes estos retos para las entidades bancarias, resulta útil analizar qué elementos determinarían la intensidad de la competencia que sufrirían los depósitos y ver en cuáles de ellos las stablecoins podrían tener ventaja comparativa.

Las stablecoins presentan ciertas ventajas en aspectos clave relativos a su eficiencia como medio de pago. Si bien es cierto que en países desarrollados el dinero tradicional es, en gran medida, un mecanismo muy eficiente para realizar transferencias domésticas o pagos en el punto de venta físico, las nuevas formas de dinero permitirían realizar pagos instantáneos a cualquier lugar del mundo, en cualquier momento y desde cualquier lugar con conexión. Además, en entornos digitales ofrecerían una mayor facilidad de uso, al disponer de una mayor capacidad de integración con estos entornos y al poder aportar nuevas funcionalidades como los pagos condicionales, los pagos automatizables o la automatización de procesos de conciliación.

Sin embargo, existen diversos aspectos que dificultan la adopción de las nuevas formas de dinero. El más fundamental de todos es conseguir alcanzar un nivel suficientemente alto de confianza por parte de los usuarios. Una moneda digital solo se usará como medio de pago o forma de ahorro si las personas confían en ella, porque es emitida y respaldada, bien por un banco central, bien por entidades sujetas a reglas de gobernanza y estructuras legales que mitiguen posibles conflictos de interés. En el caso de libra, otras desventajas son los posibles riesgos de cambio para los usuarios al tener una ratio de conversión variable respecto a una moneda de curso legal y que no ofrecería un retorno en forma de intereses.

Con todo, el mayor reto al que se enfrentan estas nuevas formas de dinero es el de generar efectos de red suficientemente potentes para justificar los costes de adopción. Al fin y al cabo, de nada sirve tener el dinero con la tecnología de liquidación más eficiente que jamás haya existido si no se tiene con quién intercambiarlo. Las formas de dinero tradicionales juegan con ventaja porque son ampliamente aceptadas. En el caso de las monedas digitales, tan solo libra por el momento, gracias a la ingente base de usuarios de Facebook y a su ecosistema propicio para el comercio electrónico, podría estar en disposición de aprovechar los efectos de red e impulsar una adopción relativamente rápida.

¿Qué opciones tendrían los bancos para hacer frente a esta mayor competencia?

La principal alternativa para los bancos es seguir innovando para ganar en eficiencia y ofrecer la mejor experiencia al cliente. Los cambios en el comportamiento de los clientes y del comercio impulsarán la demanda de nuevos servicios como los pagos invisibles6 o programables, los servicios de alto valor añadido para comercios digitales, empresas y particulares, los pagos internacionales instantáneos o los servicios para la gestión de la privacidad y la confidencialidad de los datos. En los últimos años, los bancos han mejorado notablemente su oferta con nuevos servicios, como los pagos por móvil o los pagos domésticos instantáneos entre particulares.7 Asimismo, algunos bancos están también explorando las posibilidades de la tecnología DLT y experimentando con stablecoins de uso mayorista para solventar la baja interconexión de los distintos mercados interbancarios regionales y hacer posibles los pagos internacionales instantáneos.

Quedan muchas incertidumbres por resolver y es posible que el proyecto libra tarde un tiempo en fructificar, si es que finalmente lo hace. Pero la rapidez con la que este campo evoluciona exige que los bancos tradicionales aprovechen todas las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías para mejorar la experiencia de sus clientes en el mundo de los pagos. Al fin y al cabo, la velocidad de adopción de un nuevo producto o servicio depende, en gran medida, de su capacidad de solucionar las necesidades de sus usuarios: debe ser más barato, más rápido o fácil de usar que las alternativas actuales.8 Y es aquí donde los bancos deben demostrar su capacidad de innovación y adaptación para afrontar con éxito los retos y las oportunidades que emergen de las monedas digitales: escuchando a sus clientes y ofreciéndoles lo que necesitan.

Sandra Jódar Rosell y Denis Nakagaki

1. Este artículo analiza únicamente el escenario de criptomonedas impulsadas por emisores privados. Un escenario en el que las criptomonedas fueran impulsadas por bancos centrales tendría en consideración, por diseño, la estabilidad del sistema financiero y el rol a jugar por los bancos. Se trataría, pues, de un escenario más favorable para los bancos que el discutido aquí.

2. Véase el artículo «Blockchain y criptomonedas: bienvenidos al nuevo paradigma digital» en este mismo Dossier.

3. Véase el artículo «Libra, la criptomoneda de Facebook» en este mismo Dossier.

4. Véase BIS (2018). «Central bank digital currencies». Y Adrian, T. y Mancini-Griffoli, T. (2019). «The Rise of Digital Money». FinTech Notes. FMI.

5. El coeficiente de fondeo estable neto (NSFR, por sus siglas en inglés) requiere que los bancos mantengan un cierto porcentaje de financiación estable en relación con los préstamos que ha concedido. Véase Kumhof, M. y Noone, C. (2018). «Central bank digital currencies». Staff Working Paper n.º 725. Banco de Inglaterra.

6. El concepto de pago invisible se refiere al uso de tecnologías de pagos que permiten prescindir del soporte físico (la tarjeta o los billetes) para saldar la transacción.

7. En España, Bizum, una solución de pagos instantáneos entre particulares creada en 2016, alcanzó los 4 millones de usuarios en junio de 2019, lo que representa ≈10% de la población bancarizada.

8. Véase Van Steenis, H. (2019). «Future of Finance». Banco de Inglaterra.

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