El uso del agua en la agricultura: avanzando en la modernización del regadío y la gestión eficiente del agua

La sequía de este invierno ha realzado uno de los desafíos más importantes a los que se enfrenta el sector agroalimentario español: mejorar el uso de los recursos hídricos ante una perspectiva de mayor escasez de agua. 

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1 de abril de 2022
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La sequía de este invierno ha realzado uno de los desafíos más importantes a los que se enfrenta el sector agroalimentario español: mejorar el uso de los recursos hídricos ante una perspectiva de mayor escasez de agua. El cambio climático requiere un ingente esfuerzo para adaptar el regadío español a las nuevas circunstancias y, en este sentido, las inversiones de los fondos Next Generation EU (NGEU) serán un gran apoyo. Unos fondos que en este ámbito tienen como objetivo principal modernizar los regadíos y mejorar su gobernanza, promoviendo el ahorro de agua y la eficiencia energética, mediante sistemas de riego más eficientes, sistemas de generación de autoconsumo eléctrico con fuentes de energía renovables, o usando fuentes de agua no convencional, como aguas residuales regeneradas o desalinizadas.

La escasez de agua, un reto para la agricultura global

El agua es un recurso crucial para la agricultura. A escala mundial, el 72% de todas las extracciones de agua dulce se destinan al sector agrario. Del resto, un 12% se destina a la industria y a la producción de energía, y un 16% al consumo humano de forma directa. La FAO calcula que en 2050 la agricultura tendrá que producir casi un 50% más de alimentos, fibras y biocombustibles que en 2012 para satisfacer la demanda mundial.11 Un objetivo difícilmente alcanzable si no se incrementa la superficie destinada al regadío teniendo en cuenta su mayor productividad: la agricultura de secano produce el 60% de los alimentos del mundo y ocupa el 80% de las tierras cultivadas, mientras que el regadío produce el 40% en el 20% de las tierras.

  • 11. La FAO prevé un incremento de la demanda de biocombustibles motivado por el menor uso de combustibles fósiles, y un aumento en el consumo de alimentos ante el crecimiento de la población mundial, la mayor urbanización y el cambio de una dieta basada principalmente en almidón a una demanda creciente de carne y productos lácteos que consumen más agua, a medida que aumentan los ingresos en muchos países. Véase el Informe SOLAW «El estado de los recursos de tierras y aguas del mundo para la alimentación y la agricultura», FAO (2021).
El agua es un bien imprescindible para la agricultura. El cambio climático está convirtiendo el agua en un recurso más escaso e impredecible.

La intensificación agrícola ejerce una tensión creciente sobre los recursos de agua dulce que se ve agravada por las consecuencias del cambio climático. En muchas regiones del mundo, incluidas algunas españolas (véase el mapa inferior), el agua está sometida a niveles altos de estrés hídrico.12 Asimismo, es probable que los niveles de estrés hídrico aumenten en las áreas actualmente más estresadas a medida que se intensifiquen los efectos del cambio climático. En España, se prevé una reducción de recursos hídricos en general más intensa hacia el sur peninsular y los archipiélagos.13

  • 12. Se considera estrés hídrico «alto» cuando en promedio se retira más del 40% de la oferta de agua disponible cada año y donde la demanda de agua es más alta que la cantidad disponible durante cierto periodo de tiempo. España es uno de los 44 países con niveles «altos» de estrés hídrico (World Resources Institute, 2019).
  • 13. Véase «Evaluación del impacto del cambio climático en los recursos hídricos y sequías en España», CEDEX, 2017.
La gestión integrada del agua ha de hacer compatible la consecución de los objetivos ambientales con los objetivos socioeconómicos. 
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Esta grave situación hace imprescindible un sistema de planificación y gestión integrada de los recursos hídricos que garantice el suministro en cantidad y en calidad suficiente, bajo criterios de sostenibilidad, de adaptación al cambio climático y alineado con los principios de la economía circular. Asimismo, la gestión del agua debe promover el cumplimiento de los objetivos medioambientales marcados por la UE en el Pacto Verde Europeo y en la Directiva Marco del Agua, y la consecución de los objetivos marcados por la Agenda 2030 de Naciones Unidas en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 6 (ODS6, Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos).

La importancia del regadío en España

En España, el sector agrícola acapara el 82,1% de los usos de agua (los hogares usan el 12,8% y el 5,1% restante se destina al resto de las actividades económicas).14 En efecto, el regadío es un elemento básico de nuestro sistema agroalimentario: la superficie regada en España representó un 22,9% de la superficie de cultivo en 2021 (un 7,8% de la superficie geográfica total), pero su producción contribuye en algo más del 50% de la producción vegetal final. Sin ningún lugar a duda, el regadío es el pilar fundamental en el que descansa el potencial productor y exportador del sector hortofrutícola: España es el primer exportador de frutas y hortalizas de la UE y uno de los tres primeros exportadores mundiales junto a China y EE. UU., una destacada posición que le ha conferido la denominación de «la huerta de Europa». 

  • 14. Datos de la cuenta satélite del agua (INE) del 2010, último dato disponible. La gran parte del agua usada por el sector agrario se destina a regadío. El consumo de agua por parte de la ganadería es escaso. Sin embargo, tiene gran importancia el efecto que la producción y la gestión de los residuos ganaderos puede tener en las masas del agua.
El regadío ha experimentado un proceso continuado de modernización que está llevando a expandir progresivamente las técnicas de riego eficiente.

En los siguientes gráficos se puede observar el significativo aumento de la superficie de regadío en España entre 2004 y 2021, un incremento de más de medio millón de hectáreas hasta alcanzar los 3,9 millones en la actualidad.15 En este periodo, sin embargo, el consumo de agua del sector agrario se ha mantenido bastante estable (o incluso ha tendido a decrecer ligeramente) gracias al notable esfuerzo de modernización de los regadíos. En efecto, a lo largo de estos años, ha aumentado la superficie regada mediante el sistema de riego localizado (goteo), una técnica mucho más eficiente y con unas demandas de agua muy contenidas, en detrimento del sistema de gravedad, con un consumo de agua mucho mayor. El sistema de aspersión, un sistema más propio de cultivos herbáceos, también se ha ido implantando a lo largo de estos años.

  • 15. Este incremento del regadío ha ido acompañado del desarrollo de infraestructuras hidráulicas como los embalses y los trasvases, fundamentales para el transporte y la regulación del agua.

La superficie de regadío ha aumentado notablemente

Última actualización: 14 noviembre 2022 - 12:59

Distribución de agua a las explotaciones agrícolas por técnicas de riego

Última actualización: 14 noviembre 2022 - 12:59

Esta expansión de las técnicas de riego más eficientes refleja una coherencia con las políticas de regadío desarrolladas en los últimos años encaminadas a lograr una agricultura sostenible y eficiente. Pero, como ya se ha apuntado, la modernización de los regadíos no ha ido acompañada de un ahorro de agua en agregado, pues muchas veces se da simultáneamente una intensificación de cultivos, obteniéndose un mayor rendimiento por m3 de agua empleado, pero por otro lado disminuyen los retornos de riego a las masas de agua.16  

Por tipos de cultivo, las mayores superficies puestas en regadío en 202117 fueron: los cultivos de cereales de grano, que representaron el 24,1% del total de la superficie regada, seguidos del olivar (22,6%), los frutales no cítricos (10,6%) y el viñedo (10,3%). Estos tres tipos de cultivo son los que han experimentado un mayor crecimiento de la superficie regada entre 2004 y 2021, destacando el olivar, que ha sumado casi 400.000 hectáreas. Por otra parte, si se analiza la superficie de regadío en el total de cada uno de los grupos de cultivos, puede observarse que el riego es mayoritario en algunos de ellos, como los cítricos y las hortalizas (93,7% y 88,4% respectivamente). 

Las técnicas de riego usadas dependen en gran medida del tipo de cultivo. Así, el riego por gravedad se utiliza principalmente para los cereales y las plantas forrajeras, alcanzando el 45,0% y 53,4% de sus respectivas superficies de cultivo en regadío. El riego por aspersión destaca fundamentalmente en los tubérculos (77,9%) y otros cultivos herbáceos como leguminosas, plantas industriales y cereales. Finalmente, el riego localizado (goteo) es el sistema mayoritario en los cultivos leñosos como el olivar, el viñedo y los frutales, cítricos y no cítricos. En el grupo de las hortalizas también destaca el sistema de riego localizado (52,2%), en el que se incluye también la superficie de invernadero.

  • 16. Los retornos de riego son todos los flujos de agua que provienen del regadío y retornan a los ríos, a las aguas subterráneas, etc.
  • 17. Datos de la «Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos» (ESYRCE, 2021) y «Análisis de los regadíos españoles, año 2020», ambos publicados por el MAPA.
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Notables diferencias regionales en el regadío

La extensión del regadío, la especialización de cultivos y las técnicas de riego muestran una notable diversidad geográfica (véase la tabla inferior). Así, por ejemplo, en las regiones del norte, la abundante pluviometría hace innecesario en muchos casos el riego, mientras que la meseta, con más deficiencia hídrica, ostenta una participación moderada en el regadío. La Comunitat Valenciana y la Región de Murcia son las comunidades autónomas con mayor porcentaje de superficie agrícola en regadío (en torno al 40%) y se especializan, como es bien conocido, en la producción de frutas y hortalizas, que suelen usar técnicas de riego localizado. 

Andalucía es la segunda comunidad con mayor porcentaje de riego en proporción de su superficie geográfica (12,9%), con presencia destacada del olivar, de riego localizado. En Castilla y León predomina la producción de cereales mediante riego por aspersión y automotriz, y en Castilla-La Mancha predomina el viñedo (el 51% de la superficie de riego de la comunidad se destina a este cultivo) con riego localizado. El riego por gravedad se localiza mayoritariamente en los regadíos de la cuenca del Ebro (Cataluña, Aragón y Navarra) en cultivos herbáceos. 

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El rendimiento del regadío es naturalmente superior al del secano, con notables diferencias entre tipos de cultivos y regiones. Nótese que las diferencias regionales de rendimiento pueden llegar a ser muy importantes en determinados cultivos, incluso entre parcelas localizadas a cierta proximidad, pues, además del riego, muchos otros factores inciden sobre el rendimiento (orientación de la parcela, factores ambientales, fertilizantes, etc.). A efectos ilustrativos, la siguiente tabla muestra el rendimiento medio del regadío y el secano, medido como el número de kilos de producción por hectárea, de tres cultivos representativos y muy extendidos en la geografía española: la uva de transformación (vino), la aceituna de almazara (aceite de oliva) y el trigo blando.

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El rendimiento del regadío es superior al del secano, con notables diferencias entre tipos de cultivos y regiones.
Los fondos NGEU: un nuevo impulso a la modernización del regadío

El Plan para la mejora de la eficiencia y la sostenibilidad en regadío (inversión 1 del Componente 3 del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, PRTR) contempla la inversión de 563 millones de euros en la modernización de más de 100.000 hectáreas de regadíos existentes.18 En 2021, ya se movilizaron unos 260 millones de esta partida, que corresponden a la primera fase del programa de modernización de regadíos que ejecuta la Sociedad Estatal de Infraestructuras Agrarias (Seiasa). El Plan prioriza aquellas actuaciones que cuentan con un elevado impacto en la sostenibilidad ambiental o con un componente innovador importante, como la incorporación de tecnologías y herramientas digitales en las comunidades de regantes para conseguir un riego más eficiente.19 En cuanto a actuaciones con elevado impacto medioambiental, se priorizan las actuaciones de modernización de regadíos que incluyan la generación de autoconsumo eléctrico con fuentes de energía renovable, por ejemplo, utilizando las infraestructuras de canalización del agua para generar energía eléctrica, o bien actuaciones que usen fuentes de agua no convencionales, como son las aguas residuales regeneradas o aguas desalinizadas.20

  • 18. Esta cuantía se eleva a 704 millones de euros si se incluyen las aportaciones previstas de las comunidades de regantes.
  • 19. El Sistema de Información Agroclimática para el Regadío (SiAR) ofrece información sobre las demandas hídricas de los cultivos bajo riego, permitiendo la optimización en el uso de recursos hídricos.
  • 20. Véase «Fomento de la reutilización de las aguas residuales – Informe complementario», MITECO, 2020.
Los fondos NGEU priorizan las modernizaciones de regadíos con mayor impacto ambiental y que incorporen el uso de nuevas tecnologías.
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La modernización de los regadíos debería ayudar a cumplir con la normativa comunitaria Directiva Marco del Agua, al contribuir a la protección de las aguas superficiales mediante la reducción de su extracción para riego. Además, también puede ayudar a cumplir los objetivos de la Directiva de Nitratos21 y los de reducción de la contaminación del suelo por el uso de fitosanitarios, ya que la implantación de sistemas de riego por aspersión y goteo permiten una aplicación en el agua de riego de fertilizantes y fitosanitarios en la dosis estrictamente necesaria y en el momento que el cultivo lo necesita. También el uso de aguas regeneradas, que ya contienen nutrientes, permitiría una reducción en el uso de fertilizantes. Todo ello estaría en consonancia con las políticas de la UE enmarcadas dentro del Pacto Verde Europeo, como son la estrategia De la Granja a la Mesa o la estrategia europea de adaptación al cambio climático.

El PRTR también cuenta con un importante impulso reformista que acompaña al plan de inversiones. En este ámbito, el Gobierno propone establecer la Mesa Nacional del Regadío, un mecanismo de gobernanza a nivel nacional que permita a todos los representantes de las Administraciones públicas y los sectores afectados promover y facilitar la cooperación, consulta e intercambio de información en todos los aspectos relacionados con el regadío. Por otra parte, se creará el Observatorio de la Sostenibilidad del Regadío, que tendrá como función proporcionar datos objetivos sobre el impacto económico, social y ambiental de los regadíos sobre el territorio.22

En definitiva, el regadío es esencial para la producción agraria, es clave para la seguridad alimentaria y un pilar fundamental del desarrollo rural. Su modernización ha sido la gran apuesta para conseguir una agricultura competitiva, rentable y eficiente en el consumo del agua. Con visión de futuro, los escenarios de cambio climático para España prevén una menor disponibilidad de agua (reducción de los recursos hídricos disponibles entre el 12% y el 40% antes de final de siglo dependiendo de las regiones) y una distribución más irregular de las lluvias, por lo que es imprescindible seguir mejorando la eficiencia y la sostenibilidad del regadío.

  • 21. En diciembre de 2021, la Comisión Europea decidió remitir a España al TJUE por no haber tomado las medidas suficientes en relación con la contaminación de nitratos procedentes de fuentes agrarias. Los flujos de retorno de riego se consideran los mayores contribuyentes difusos (no puntuales) de la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas.
  • 22. El pasado 9 de marzo de 2022, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación sacó a consulta pública el proyecto de real decreto de creación de la mesa y el observatorio del regadío.