El sector turístico frente a la COVID-19: un impacto sin precedentes

La COVID-19 está teniendo un fuerte impacto sobre la actividad económica de España y, en particular, sobre el sector turístico. En CaixaBank Research esperamos que el PIB retroceda entre un 13% y un 15% en 2020, y que no recupere los niveles precrisis hasta el año 2023. En lo que respecta al sector turístico, las perspectivas son incluso más adversas para el año 2020, al ser uno de los sectores más afectados por la pandemia. 

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Tras decretarse el estado de alarma el 14 de marzo, la movilidad de la población quedó reducida a la mínima expresión. Se cerraron las fronteras y la población tuvo que confinarse en sus hogares con el fin de controlar la propagación del coronavirus. En consecuencia, un sector tan dependiente de la movilidad como el turístico entró en un estadio de inactividad casi total. Solo tras el inicio de la desescalada de las medidas de confinamiento, las perspectivas del sector han comenzado a mejorar. Los indicadores de gasto de tarjetas en TPV de CaixaBank apuntan a que el gasto turístico ha dejado atrás su fase de hibernación y muestra una incipiente recuperación. Por ello, si la situación sanitaria se mantiene bajo control, para la segunda mitad del año 2020 se espera una considerable mejora de la actividad que, en cualquier caso, no impedirá que la caída de la demanda para el conjunto del año sea de gran intensidad. Según las previsiones de CaixaBank Research, en 2020 el gasto turístico de extranjeros caerá alrededor del 50%, y el de turistas domésticos se verá reducido casi un 30%.

El tejido empresarial turístico afronta una situación de gran complejidad. Durante los meses más duros del confinamiento, ningún alojamiento turístico pudo abrir sus puertas, de tal manera que la temporada primaveral se perdió por completo. Esta circunstancia ha empujado al sector a recurrir masivamente a las líneas de crédito con el aval del ICO y a los ERTE, para así asegurar la supervivencia de las empresas en un entorno sin ingresos que se ha prolongado durante más de dos meses. En esta situación, el sector ha sido el que más empleo ha destruido en la primera mitad del año. Hasta junio, cerca del 44% de la caída de la afiliación a la Seguridad Social se debió a la pérdida de empleo en empresas turísticas. A pesar de ello, los indicadores de actividad apuntan a una reapertura paulatina del negocio turístico: según los datos de facturación en TPV de CaixaBank, mientras que en el mes de mayo un 75% de los hoteles y agencias turísticas permanecían cerrados, durante la segunda semana de julio la cifra descendió al 31%. Si en los próximos meses la mejora de las perspectivas de demanda se sostiene, la reactivación del sector continuará avanzando y, con ella, la recuperación de parte del empleo perdido.

En este contexto, según nuestras estimaciones, el PIB turístico podría caer cerca de un 45% en el conjunto de 2020, lo que supondría la pérdida de alrededor del 5% del PIB total. Este impacto será especialmente intenso en las comunidades autónomas mediterráneas y en las islas, donde existe una fuerte dependencia de la llegada de turistas extranjeros y donde los sectores turísticos tienen un mayor peso sobre la actividad económica.

A pesar de que las perspectivas de 2020 son abrumadoramente negativas, el medio plazo invita a ser más positivos. El sector turístico llegó a febrero de 2020 tras encadenar casi una década de resultados extraordinarios, en la que se hizo frente a las inversiones necesarias para apuntalar su competitividad. Los tiempos del turismo poscoronavirus van a requerir una oferta turística adaptada al nuevo contexto y con capacidad de poner a disposición de la demanda servicios personalizados y de calidad, algo por lo que los empresarios del sector llevan apostando durante los últimos años. Por todo ello, aunque la COVID-19 dibuja un futuro más incierto que nunca, el sector turístico se presenta capaz de recuperarse de manera vigorosa a medio plazo, lo que lo recolocaría como un motor de crecimiento clave para la economía española.

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