Cómo ha afectado la COVID-19 a la distribución de la renta

¿Cómo está afectando la crisis económica a los distintos estratos de la población? ¿Nos está tocando a todos por igual? ¿Hasta qué punto los programas de apoyo que provee el sector público están amortiguando el golpe?

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Ruben Durante
Jose G. Montalvo
Marta Reynal-Querol
16 de noviembre de 2020
Gente cruzando un paso de cebra e icono del monitor de desigualdad

¿Cómo está afectando la crisis económica a los distintos estratos de la población? ¿Nos está tocando a todos por igual? ¿Hasta qué punto los programas de apoyo que provee el sector público están amortiguando el golpe? En las circunstancias en las que nos encontramos, de elevada incertidumbre e imperiosa necesidad de acertar en las políticas públicas que se llevan a cabo, es de gran ayuda dar una respuesta clara a estas preguntas.

El análisis de los datos internos de CaixaBank nos ofrece una radiografía muy completa del impacto de la crisis generada por la pandemia en la distribución de los ingresos salariales. Aplicando técnicas de big data para analizar más de 3 millones de nóminas cada mes, debidamente anonimizadas, podemos seguir prácticamente en tiempo real el impacto de la crisis económica en la distribución de los ingresos, y el papel que están jugando las transferencias del sector público.1

El primer mensaje es claro y contundente: el impacto de la crisis está siendo fortísimo y desigual. Los diagramas de Sankey adjuntos nos ayudan a visualizarlo. Dividimos la muestra en cuatro colectivos: las personas sin ingresos, las que obtienen unos ingresos inferiores a 1.000 euros (ingresos bajos), las personas con ingresos entre 1.000 y 2.000 euros (ingresos medios) y las que obtienen unos ingresos superiores a 2.000 (ingresos altos). Así, podemos observar la evolución del porcentaje sobre el total que representan los distintos grupos a lo largo del tiempo y cómo se mueven las personas entre los distintos colectivos. Concretamente, analizamos su evolución entre febrero, antes del estallido de la crisis; abril, cuando el impacto de las restricciones a la movilidad fue máximo, y agosto, el último dato analizado. Presentamos dos diagramas distintos, con la distribución de los ingresos antes y después de las transferencias del sector público, lo que nos ayuda a valorar la efectividad de estas últimas.

  • 1. Para más detalles sobre la construcción de la muestra y el análisis, véase «Real Time Inequality and the Welfare State in motion: evidence from Covid-19 crisis in Spain». CEPR Working Paper 15118. https://cepr.org/active/publications/discussion_papers/dp.php?dpno=15118.
Distribución de los ingresos salariales antes de las transferencias del sector público
Distribución de los ingresos salariales después de las transferencias del sector público

Entre los meses de febrero y abril, y antes de tener en cuenta las transferencias del sector público, observamos que el porcentaje de personas sin ingresos aumentó en 15 p. p. y que se produjo una fuerte reducción del porcentaje de personas en el resto de grupos de población.2 En concreto, un tercio de las personas con ingresos bajos se quedó sin ingresos. Entre las personas con ingresos medios, también un tercio pasó a tener unos ingresos inferiores: un 13% pasó al grupo de ingresos bajos y un 20% se quedó sin ingresos. Finalmente, entre las personas con ingresos más elevados, una proporción significativa (un 30%) también vio reducidos sus ingresos, aunque en este caso el grueso pasó al grupo de ingresos medios, el 20%, mientras que las transiciones a los grupos de ingresos bajos y sin ingresos fueron menores.

Durante el mes de mayo, y especialmente a partir del mes de junio, el relajamiento de las medidas de confinamiento reavivó la actividad económica de forma muy destacable, y ello también tuvo su reflejo en la distribución de ingresos: la proporción de personas sin ingresos se redujo de manera considerable y volvieron a ganar peso los grupos salariales más elevados, especialmente los de ingresos más altos e ingresos medios.

Las dinámicas descritas hasta ahora se refieren a la evolución de la distribución de los ingresos antes de tener en cuenta el papel de las transferencias del sector público. Cuando las incorporamos al análisis, constatamos el importantísimo papel que estas están jugando para amortiguar el impacto de la crisis. Así, el porcentaje de personas sin ingresos aumentó en 7 puntos entre febrero y abril, frente a los 15 que observábamos cuando no teníamos en cuenta las transferencias públicas. Dicho de otra manera, las transferencias del sector público ofrecieron cobertura a cerca de la mitad de las personas que dejaron de tener ingresos del trabajo entre febrero y abril. Estas transferencias tuvieron una especial incidencia entre las personas que perdieron el empleo y que antes de la pandemia tenían unos ingresos medios, con una cobertura del 66%, mientras que entre las personas de ingresos bajos la cobertura fue del 27%.

Otra forma de valorar el impacto de la crisis económica y el papel de las transferencias del sector público consiste en analizar cómo se reparte el conjunto de las rentas salariales entre distintos grupos de población en distintos momentos del tiempo, antes y después de tener en cuenta el papel del sector público. Esta es la información que presentamos en la infografía adjunta, en la que detallamos qué proporción de las rentas percibe el 50% de las personas con menores ingresos; la proporción de las rentas que perciben las personas con unos ingresos situados entre el percentil 50 y 90, y la proporción que percibe el 10% de la población con rentas más elevadas.3

Como se puede observar, en el mes de febrero, antes de tener en cuenta las transferencias del sector público, el 50% de la población con unos ingresos más bajos percibía el 21% del total de las rentas salariales, mientras que el 10% de la población con mayores ingresos percibía el 30%. Esta distribución cambió de forma muy destacable tras el estallido de la pandemia. En el mes de abril, la proporción de los ingresos que percibía el 50% de la población con menores ingresos hubiera disminuido hasta el 10% sin las transferencias del sector público, mientras que la de los otros dos grupos de población hubiera aumentado alrededor de 5 p. p. cada una. Con la reactivación de la actividad, se observa cómo el grupo de población que más se benefició fue el de ingresos más bajos, que en julio ya había recuperado más de la mitad del terreno perdido.

El análisis del impacto de la crisis desde este ángulo nos ayuda a mostrar la dureza de la crisis, especialmente para algunos grupos de la población, y también refleja el importantísimo papel que está jugando el sector público para mitigar su impacto. Cuando analizamos la evolución de la distribución del conjunto de los ingresos incorporando las transferencias del sector público, la reducción de la proporción de las rentas que percibe el 50% de la población con menores rentas es notorio, pero muy inferior: pasa del 25% de febrero al 22% en abril, y al 23% en agosto. Asimismo, la fracción del conjunto de las rentas que perciben los otros dos grupos de población también permanece más estable a lo largo del tiempo.

  • 2. Como referencia, entre febrero y abril, los afiliados que perdieron el empleo más los afiliados que pasaron a estar en ERTE representaban el 16,1% del total de afiliados.
  • 3. Para un análisis más completo de la distribución del conjunto de las rentas entre la población, en el artículo Real-Time Inequality and the Welfare State in Motion: Evidence from COVID-19 in Spain se puede encontrar la evolución de las curvas de Lorenz.
Distribución de los ingresos salariales por grupos de población

Finalmente, analizamos el impacto de la crisis sobre la desigualdad de la renta utilizando el índice de Gini.4 Dadas las dinámicas observadas en la distribución de ingresos, no sorprende que su evolución antes y después de las transferencias del sector público sea muy diferente. Así, el índice de Gini antes de las transferencias del sector público experimenta un fortísimo aumento entre los meses de febrero y abril, de 11 puntos concretamente,5 para luego ir moderándose los meses siguientes a medida que la actividad se recupera (en agosto se mantenía 5 puntos por encima de los niveles previos a la crisis). En cambio, cuando tenemos en cuenta las transferencias del sector público, el índice de Gini se mantiene más estable a lo largo del tiempo, aunque el aumento que experimenta no es despreciable, de 2 puntos entre febrero y agosto.

  • 4. En el Monitor de Desigualdad de CaixaBank Research, www.inequality-tracker.caixabankresearch.com encontrará otras métricas que también capturan la evolución de la desigualdad, como las ratios entre distintos percentiles de renta.
  • 5. Dato corregido de efectos estacionales. Como referencia, la diferencia entre el índice de Gini de EE. UU. y el de Suecia era de 11 puntos antes de la pandemia.
Ruben Durante
Jose G. Montalvo
Marta Reynal-Querol
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