Sector público

Polarización política: el fenómeno que debería estar en boca de todos

La sociedad se ha polarizado de forma notable en los últimos años. En EE. UU., la polarización se manifiesta a través de una mayor distancia entre las opiniones de los votantes republicanos y demócratas. En Europa, en un aumento de los desacuerdos en torno a temas fundamentales como inmigración o la integración europea. Los partidos políticos de las economías avanzadas también se han polarizado de forma especialmente pronunciada en la última década.

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Ilustración de personas manifestándose

El grado de polarización política de una sociedad es una variable clave, que cuantifica hasta qué punto la opinión pública se divide en dos extremos opuestos. Tenerlo en cuenta es muy relevante: a mayor polarización, más difícil resulta generar consensos amplios entre grupos con sensibilidades distintas para acometer reformas profundas que permitan que la sociedad avance. De este modo, una polarización elevada puede dar lugar a posiciones irreconciliables, lo que dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos.

Cuando leemos la prensa, no es raro tener la sensación de que la polarización ha aumentado considerablemente en los últimos años. ¿Es realmente así? Para encontrar respuestas, merece la pena realizar un estudio más profundo y diferenciar entre la polarización de los votantes y la polarización de los partidos políticos, ya que ambas no van necesariamente de la mano.

Empecemos por analizar la polarización de la sociedad. En EE. UU. se ha generado en círculos académicos un debate muy enconado sobre si realmente ha aumentado la polarización del electorado. A primera vista, uno podría pensar que la respuesta es negativa: según diversos estudios,1 la distribución de las pre­­ferencias de la sociedad en distintas dimensiones (económicas, sociales y morales) se ha mantenido muy estable en los últimos 20 años y no se observa una radicalización significativa en las posiciones.

Sin embargo, si se escarba un poquito más, tal y como ha hecho el economista de Stanford Matthew Gentzkow,2 se observa que la polarización sí que ha aumentado. La razón es que la correlación de las preferencias de los votantes con las del partido político con el que se identifican ha aumentado significativamente en los últimos 20 años. Dos ejemplos son especialmente ilustrativos. Primero, hace 20 años era relativamente frecuente encontrarse con votantes republicanos favorables a la inmigración o votantes demócratas contrarios a dicho fenómeno. Segundo, era mucho más común que mu­­chas personas tuvieran visiones conservadoras en algunos temas (por ejemplo, económicos) y liberales en otros (por ejemplo, sociales). En cambio, los votantes norteamericanos han abrazado en la actualidad el ideario del partido con el que simpatizan en todas sus dimensiones. La consecuencia ha sido un alejamiento de las distribuciones de preferencias entre los votantes de los dos partidos principales (véase el primer gráfico) y un aumento de la antipatía hacia el otro bando: en 1960 el porcentaje de votantes de cada partido que desaprobarían la boda de su hijo con una persona del otro partido era exigua pero dicho porcentaje ya se eleva al 20% actualmente. En otras palabras, la polarización del electorado ha aumentado de forma clara.

Para analizar la polarización de la sociedad en Europa, utilizamos la European Social Survey (ESS), una de las encuestas más completas para analizar las inclinaciones políticas de los ciudadanos europeos. Si analizamos la evolución de la distribución de las preferencias políticas de los europeos entre 2006 y 2016 en un continuo del 0 (extrema izquierda) a 10 (extrema derecha) observamos una gran estabilidad: las preferencias por las opciones más extremas han aumentado ligerísimamente, pero los cambios son menores (véase el segundo gráfico). Sin embargo, sería un error extraer conclusiones precipitadas si tenemos en cuenta que la polarización puede manifestarse en temas concretos, aunque no lo haga en el tradicional espectro ideológico de un mundo que quizás ya no responda a los esquemas clásicos de izquierda-derecha.

Así, para dilucidar el grado de polarización política construimos un índice de desacuerdo que mide el grado de discrepancia en la sociedad en temas económicos y sociales concretos. Los resultados, presentados en el tercer gráfico, no dejan lugar a dudas: actualmente la sociedad presenta un grado de desacuerdo significativamente mayor que en 2004 en temas tan variados como inmigración, multiculturalismo, integración europea, confianza en el Parlamento o satisfacción con su Gobierno. La única variable donde obtenemos un mayor consenso es en la necesidad de que las políticas públicas reduzcan las desigualdades, un hallazgo que no nos debería sorprender si tenemos en cuenta las cicatrices que dejó la crisis económica de 2008.

Este mayor desacuerdo sobre cuestiones fundamentales se explica, en parte, porque se han alineado las posiciones sobre algunos temas con la ideología –una explicación similar a lo que ha sucedido en Estados Unidos–. Así, por poner un ejemplo diáfano, en la cuestión migratoria, observamos que actualmente existe una correlación positiva significativa entre situarse en posiciones ideológicas conservadoras y mostrar rechazo a la inmigración, algo que no se observaba en 2004.

De hecho, la ESS nos da otros ejemplos interesantes de cómo ha aumentado la polarización en la sociedad. Por ejemplo, en 2014, el porcentaje de europeos que abogaba por endurecer las condiciones de acogida de refugiados era del 29%, pero, en 2016, en plena ola de refugiados dicho porcentaje ya ascendía al 39%. Otro ejemplo: en 2016, el 18% de los europeos había boicoteado productos en el último año frente al 12% en 2010.

La propia sociedad también tiene una percepción de una creciente polarización. Ello se refleja en un estudio de campo a nivel global realizado en 2018 por la empresa demoscópica IPSOS, en el que el 59% de los encuestados consideraba que su país estaba más dividido que 10 años atrás. Este porcentaje era sensiblemente mayor en países como España (77%), Italia (73%) o EE. UU. (67%). Además, tal y como se observa en el cuarto gráfico, el principal factor al que se atribuía el aumento de la división era precisamente las tensiones entre personas pertenecientes a distintas ideologías políticas.

Con la constatación del aumento de la polarización de los votantes, no resulta sorprendente comprobar que la polarización de los partidos políticos también se haya incrementado (véase el quinto gráfico). De hecho, algunos académicos como el politólogo estadounidense de Stanford Morris Fiorina, defienden la hipótesis que es precisamente la mayor polarización de los partidos políticos la que ha marcado el paso y ha provocado un mayor distanciamiento entre las distintas sensibilidades de la sociedad. Un elemento destacado que podemos atisbar es que en la mayoría de países se ha producido un aumento de la polarización de los partidos políticos especialmente acusada en los últimos 10 años. En los países avanzados, por ejemplo, la polarización de los partidos políticos ha pasado de 3,5 puntos en 2007 a 4,1 puntos en 2017; para que el lector se sitúe, en 2002, un parlamento poco polarizado como el alemán tenía un índice de 2,7 puntos y, en 2017, una Francia altamente polarizada entre Macron y Le Pen tenía un índice de 5,1 puntos.

Antes de terminar este artículo, resulta interesante profundizar en la caracterización del aumento de la polarización política que hemos constatado en la sociedad. Podemos ya identificar dos patrones geográficos que resultan muy sintomáticos y que debido a su carácter estructural invitan a pensar que la polarización política ha venido para quedarse.3 Por una parte, se ha documentado que en EE. UU. los votantes viven actualmente rodeados de personas con la misma afinidad política dando lugar a grupos más homogéneos: en 1976, menos del 25% de los ciudadanos estadounidenses vivían en distritos en los que se producían victorias arrolladoras para uno de los candidatos, mientras que en 2004 el porcentaje ya ascendía a casi el 50%.4 Por otra parte, cada vez existe mayor evidencia de la existencia de una brecha entre el comportamiento electoral y las preferencias y valores de las personas que viven en zonas rurales y zonas urbanas, tanto en EE. UU. como en Europa. En EE. UU., por ejemplo, las personas que viven en zonas rurales consideran que el 73% de las personas que habitan en dichas zonas comparten sus mismos valores pero que solamente los comparten el 41% de los residentes urbanos.5 En Europa, hay diversos estudios que documentan patrones de voto claramente distintos en el campo y la ciudad y un ejemplo especialmente potente se ha producido en distribución geográfica del voto británico tras el referéndum del brexit de 2016.6

En definitiva, la política está en boga y si hay un fenómeno que destaca hoy en día es la elevada polarización política que observamos. Se trata de un fenómeno que ha venido incubándose poco a poco y que actualmente es una realidad asentada que no tiene visos de desvanecerse a corto plazo. La mayor polarización puede incrementar el interés y compromiso de muchos ciudadanos con la política pero también puede dificultar que se alcancen los consensos necesarios para llevar a cabo reformas estructurales. Por ello este fenómeno es una de las piedras angulares del ecosistema político actual.

 

1. Véase, para más detalles, Fiorina Morris, P. y Abrams, J. S. (2008). «Political Polarization in the American Public». Annual Review of Political Science 11:563-588.

2. Véase Gentzkow, M. (2016). «Polarization in 2016», Documento de Trabajo de la Universidad de Stanford.

3. Para un análisis en profundidad de los factores estructurales, véase el artículo «La raíces profundas de la polarización, o sobre la necesidad de recuperar el relato perdido» de este mismo Dossier.

4. Véase Bishop, B. (2008), «The Big Sort: Why the Clustering of Like-Minded America is Tearing Us Apart», Editorial Houghton Muffin.

5. Véase Bialik, K. (2018), «Key findings about American life in urban, suburban and rural areas», American Pew Research.

6. Véase Jennings, G. y Stoker, G. (2017), «Tilting Towards the Cosmopolitan Axis? Political Change in England and the 2017 General Election», The Political Quarterly.

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