Mercados financieros

Los mercados encaran el cierre de año con una dinámica positiva

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Sin nuevos catalizadores, en noviembre los inversores mantuvieron un optimismo controlado. Si volviéramos la vista atrás a comienzos de año y enumerásemos los factores más relevantes que han influido en el devenir de los mercados financieros durante estos meses, encabezando esa lista estarían el conflicto comercial entre EE. UU. y China, el brexit, la desaceleración del crecimiento mundial y la vuelta a escena de los estímulos monetarios por parte de la Fed y el BCE. Así, en noviembre, algunos de estos mismos factores continuaron respaldando la mejora del sentimiento inversor que empezó a finales de septiembre. Concretamente, la posible firma de la primera fase de un acuerdo comercial entre Washington y Pekín, y la publicación de datos macroeconómicos que, aunque siguen en cotas mixtas, en muchos casos sorprendieron favorablemente, reforzaron el optimismo de los inversores y su mayor apetito por el riesgo. Así, los mercados encaran el final de 2019 con un sentimiento más optimista pero que, a la vez, sigue siendo frágil frente a cambios en los acontecimientos políticos y los mensajes de los bancos centrales.

Las bolsas se mantienen al alza. La mejora de las expectativas sobre el entorno comercial y la estabilización de algunos indicadores de actividad en las principales economías favorecieron el apetito por el riesgo de los inversores durante el mes de noviembre. En este contexto, los índices bursátiles a ambos lados del Atlántico sumaron ganancias cercanas al 3% y generalizadas entre los distintos sectores (véase el segundo gráfico). En este aspecto también influyeron las campañas de resultados empresariales del 3T. En el caso del S&P 500, el 78% de las compañías batieron las previsiones de los analistas (porcentaje superior a la media de los últimos cinco años, que era del 71%). En la eurozona, las compañías presentaron resultados más en consonancia con las estimaciones del consenso y se superaron las previsiones en un 57% de los casos. De cara a 2020, la evolución de las expectativas de beneficios por acción apunta, hasta el momento, a una relativa mejora de los márgenes en el caso de las compañías europeas. En EE. UU., por su parte, se ha producido una ligera rebaja en las expectativas de beneficios estadounidenses, presionadas por las tensiones comerciales y la fortaleza del dólar. Por otro lado, las bolsas de los países emergentes tuvieron un comportamiento mixto. Mientras que los índices asiáticos ascendían impulsados por la mejora de las perspectivas sobre las negociaciones comerciales, las tensiones sociopolíticas en varios países de Latinoamérica penalizaron a las bolsas de la región con pérdidas cercanas al –5%.

Los tipos soberanos continúan en niveles bajos. El apetito por el riesgo favoreció un intenso repunte de los tipos soberanos en EE. UU. y Alemania durante las primeras semanas del mes. Sin embargo, la falta de concreción sobre las negociaciones comerciales entre EE. UU. y China enturbió el sentimiento inversor en la recta final de noviembre. Este aspecto, unido a la lectura de las actas de las respectivas reuniones de la Fed y del BCE (que reforzaban la continuidad del entorno monetario acomodaticio), provocó que los tipos de los bonos percibidos como seguros moderaran su ascenso en la segunda mitad del mes. Por su parte, las primas de riesgo de la periferia de la eurozona se incrementaron, en parte por la reacción de los inversores a los resultados electorales en España y a pesar de que Moody’s, Fitch y DBRS mantuvieron sin cambios las calificaciones crediticias de España, Portugal e Italia, respectivamente.

Los bancos centrales refuerzan unas condiciones financieras acomodaticias. En noviembre, el protagonismo en el terreno de las políticas monetarias se centró en la lectura de los detalles que ofrecían las actas de las reuniones de octubre de la Fed y el BCE. De una parte, en la reunión de la Fed la mayoría de sus miembros coincidió en que la intensidad de los riesgos sobre el escenario se había aminorado, a pesar de seguir elevada. Asimismo, quedó reflejado que, según la mayoría de los miembros de la Fed, tras el recorte de 25 p. b. (hasta el rango de 1,50%-1,75%) el nivel actual de los tipos de interés está bien calibrado y es el adecuado para apoyar un crecimiento moderado, un mercado laboral robusto y un acercamiento de la inflación al objetivo simétrico del 2%. Por su parte, en las actas del BCE quedó reflejada la preocupación por la persistencia de los riesgos sobre el escenario, la inflación moderada y el contenido crecimiento económico de la eurozona. Por ello, la institución reiteró la importancia de implementar el paquete de estímulo anunciado en septiembre (recorte del tipo depo hasta el –0,50%, reanudación de las compras netas de activos y condiciones más favorables para las TLTRO). Por último, en las economías emergentes, el Banco Central de China dio un primer paso hacia una política monetaria más acomodaticia. En concreto, rebajó el tipo de interés del reverse repo a 7 días por primera vez en cuatro años (–5 p. b. hasta el 2,50%) y el tipo de referencia para los nuevos créditos corporativos (–5 p. b. hasta el 4,15%), en un nuevo intento por respaldar la confianza de los inversores y reducir la carga financiera del sector corporativo. Hasta el momento, las autoridades chinas habían optado por utilizar otras herramientas, como reducciones en el coeficiente de reservas de la banca, pero su impacto no cumplió, según el consenso de los analistas, con las expectativas de dinamizar el crédito y el consumo doméstico.

El petróleo se consolida por encima de los 60 dólares a la es­­pera de la OPEP. La continuidad de un sentimiento inversor favorable impulsó al alza el precio de varias de las materias primas vinculadas al ciclo económico. Entre ellas, el barril de Brent ascendió un +3,7%, favorecido además, por la expectativa de que la OPEP extenderá de nuevo los recortes a la producción de crudo en su reunión de principios de diciembre. Por su parte, en el mercado de divisas destacó la depreciación de las monedas latinoamericanas respecto al dólar, resultado de indicadores económicos y mayores tensiones sociopolíticas en la región. El mayor descenso en el mes se produjo en el peso chileno, cuyo valor marcó mínimos históricos y acumuló una depreciación cercana al –9% respecto al dólar, seguido del real brasileño (–5,8%) y el peso colombiano (–5,4%).

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