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  • ¿Un fantasma del pasado? El deterioro de la balanza por cuenta corriente española

    Jordi Singla

    • Entre 2016 y el 1T 2019 el superávit de la balanza por cuenta corriente ha disminuido del 2,3% al 0,7% del PIB.

    • Tras clasificar los componentes de la balanza por cuenta corriente en no-core y core, nuestro análisis muestra que una parte muy significativa del deterioro se debe a factores core (relacionados con los bienes no energéticos y los servicios no turísticos).

    • No se pueden desligar estas dinámicas del hecho de que el contexto global se ha vuelto menos favorable, especialmente por el repunte de la incertidumbre a nivel global y ante la desaceleración del crecimiento de la eurozona.

    Entre finales de 2016 y cierre del 1T 2019 el superávit de la balanza por cuenta corriente de la economía española ha disminuido del 2,3% al 0,7% del PIB (cifras acumuladas de 12 meses). Aunque se mantiene un saldo superavitario, la tendencia es claramente bajista y hace que nos preguntemos: ¿qué hay detrás de este deterioro y hasta cuándo puede continuar?

    Los componentes del saldo por cuenta corriente

    Para afrontar estas preguntas, dividiremos el saldo por cuenta corriente en tres tipos de componentes:

    No-core. Son aquellos especialmente influidos por precios externos y sobre los que hay poco margen de actuación a corto plazo. Incluimos en esta categoría la balanza de rentas (cuyo déficit está muy influido por el nivel de los tipos de interés y, en concreto, por el coste del servicio de la deuda externa española, cuyo saldo vivo equivale al 167% del PIB en 2018) y la balanza de bienes energéticos (tradicionalmente deficitaria y muy dependiente de la evolución del precio del petróleo).1

    Core. Son aquellos más ligados a los equilibrios internos de la propia economía española y sobre los que existe una mayor capacidad de actuación, aunque también están sujetos a la inevitable influencia de la demanda global. Incluimos en este grupo las balanzas de bienes no energéticos (una partida típicamente equilibrada o con ligero superávit) y de servicios excluyendo el turismo (tradicionalmente superavitaria).

    Turismo. El superávit de la balanza turística (3,4% del PIB en el promedio de los últimos cinco años) es una de las constantes que apuntala la cuenta corriente de la economía española. Esta balanza está influida por aspectos lejos de nuestro control (como la agitación política en destinos rivales) y aspectos que impactan la competitividad del sector y que se pueden gestionar internamente. Dadas las dificultades en discernir qué fracción del superávit responde a elementos no-core y core, trataremos la balanza turística como una categoría independiente y la excluiremos del análisis. De todos modos, ello no afecta sustancialmente a los resultados, pues el efecto de la balanza turística sobre los cambios del saldo de la cuenta corriente ha sido limitado en los últimos años: el buen comportamiento de las exportaciones (turistas extranjeros que llegan a España) se ha visto compensado por el auge de las importaciones turísticas (residentes españoles que viajan al extranjero).

    Las últimas décadas de la cuenta corriente española: 1995-2016

    En la historia reciente de la cuenta corriente española destacan tres grandes fases (excluyendo el periodo de ajuste entre 2008 y 2012):

    Finales de 1995 – finales de 2007. Se produjo un deterioro anual promedio de 0,7 p. p. del PIB, que se explica por un mal desempeño de los componentes no-core y el aumento de las importaciones core (ante las que no fue suficiente la relativa

  • De lechugas a coches (parte II): la complejidad de los productos exportados influye en la calidad del empleo

    • Aquello que un país o región produce es una muestra de sus capacidades productivas y está íntimamente ligado a las características del mercado laboral.

    • En este artículo mostramos que los trabajadores empleados en sectores de actividad más complejos tienen una menor probabilidad de tener un contrato temporal.

    • Ello es especialmente relevante para los trabajadores de menor nivel educativo, lo que sugiere que estos son los que salen más beneficiados de una especialización productiva hacia bienes más complejos.

    En un artículo anterior1 mostramos que existen diferencias importantes en cuanto a los bienes exportados por las distintas comunidades autónomas (CC. AA.). Estas diferencias se pueden caracterizar mediante un índice de complejidad de las exportaciones (ICE) a nivel regional: un indicador que mide el grado de sofisticación de los productos exportados por cada comunidad autónoma (CA) y es indicativo de las capacidades productivas de esa CA.2 En este artículo, damos un paso más y analizamos cómo la complejidad de los productos exportados está íntimamente ligada con las características del mercado laboral y, en concreto, con la calidad de los puestos de trabajo que genera cada región.

    Relación entre la complejidad de las exportaciones y la calidad del empleo

    Varios estudios muestran que hay una estrecha relación entre la temporalidad laboral3 y la productividad de los trabajadores, ya que tanto el empleado como el empleador tienen menos incentivos a invertir en capital humano específico cuando la duración de la relación laboral es menor.4 En este sentido, la producción de bienes más complejos destinados a los mercados de exportación suele estar asociada con tareas que requieren de más conocimientos específicos a la empresa y al puesto de trabajo en cuestión, por lo que cabría esperar una relación negativa entre la complejidad de los bienes producidos y la temporalidad laboral: es decir, a mayor complejidad, menor temporalidad. Esto es precisamente lo que ilustra el primer gráfico a nivel de CA. Así, la tasa de temporalidad es inferior al promedio español en Castilla y León, Navarra y País Vasco, las tres CC. AA. que encabezan la clasificación de complejidad de las exportaciones. En cambio, Murcia, Andalucía y Ex­­tremadura se caracterizan por una elevada temporalidad y una baja complejidad de sus exportaciones.

    Esta simple relación, aunque claramente ilustrativa, no tiene en cuenta que tener un contrato temporal (frente a uno indefinido) está altamente correlacionado con características específicas de los trabajadores como el nivel educativo o la edad y, en consecuencia, otros factores po­­drían estar influyendo en la relación que observamos grá­­­ficamente entre ambos elementos. Con la finalidad de superar este problema, usamos un modelo de regresión a nivel individual con la información de los trabajadores que nos aporta la encuesta de población activa (EPA).5 El segundo gráfico (la primera barra) muestra los resultados del modelo sobre la probabilidad de tener un contrato temporal, en el que, además de tener en cuenta las características específicas de cada trabajador, a cada trabajador se le asigna el ICE correspondiente a su CA de residencia y al sector de actividad donde desarrolla su trabajo.6 Los resultados no dejan lugar a dudas: la complejidad de los bienes producidos tienen un impacto notable sobre la probabilidad de obtener un empleo temporal. Por ejemplo, la probabilidad de tener un contrato temporal en Madrid es 2,8 p. p. inferior a la de Extremadura debido a las diferencias en la complejidad de los productos que se producen en ambas CC.

  • El ciclo del crédito en EE. UU.: ¿cuánto debe preocuparnos? Parte III

    Ricard Murillo

    • Las vulnerabilidades del ciclo del crédito de EE. UU. probablemente no serán el detonante de la próxima recesión. Sin embargo, pueden amplificar la desaceleración de la economía estadounidense.

    • Concretamente, estimamos que, en caso de activarse estas vulnerabilidades, podrían comportar un endurecimiento de las condiciones financieras que restara entre 0,3 y 0,7 p. p. al crecimiento del PIB en 2020.

    Tras haber analizado el estado del crédito privado en EE. UU. en dos artículos anteriores,1 cerramos la serie dando respuesta a las preguntas más frecuentes alrededor del ciclo económico y del crédito estadounidense.

    ¿Cuál es la situación actual de la economía estadounidense?

    Desde este julio, la economía de EE. UU. se encuentra en la fase expansiva más larga de su historia, con la tasa de paro en mínimos de 50 años y la inflación cerca, aunque algo por debajo, del objetivo del 2%. Debido a la propia madurez del ciclo económico y al desvanecimiento del impulso fiscal de finales de 2017, cabe esperar que el crecimiento económico se suavizará hasta tasas más cercanas al potencial en los próximos trimestres. De hecho, los indicadores más recientes sugieren que esta desaceleración ya se está produciendo de manera gradual. No obstante, en los últimos trimestres, los riesgos bajistas (sobre todo los de na­­tu­­raleza geopolítica) se han intensificado, algo que ya está mermando el sentimiento económico.

    ¿Cuál es la situación actual de la deuda privada?

    Por un lado, las familias han llevado a cabo un importante proceso de desendeudamiento, liderado sobre todo por la deuda hipotecaria. La nueva concesión de hipotecas, además, se ha reducido y se ha dirigido a hogares con un perfil de crédito razonablemente solvente. En este sentido, su situación es mucho menos preocupante que en los años previos a la Gran Recesión y las vulnerabilidades se en­­cuentran en partidas cuantitativamente menos relevantes (como la deuda para estudios).

    Por el lado de las empresas no financieras, la deuda ha aumentado sustancialmente en estos últimos años y ha llegado a superar los niveles previos a la Gran Recesión. Normalmente, el fuerte crecimiento de la deuda va asociado a una mayor toma de riesgos y un deterioro de la ca­­­­lidad de la deuda, lo que puede generar vulnerabilidades. Y el caso de EE. UU. no es una excepción. De nuestros anteriores análisis, destacamos tres vulnerabilidades: el aumento de la deuda calificada con rating BBB, el menor uso de cláusulas que protegen al inversor y el aumento de la deuda a empresas que ya están altamente endeudadas.

    ¿Será el crédito privado el detonante de la próxima recesión en EE. UU.?

    Distintos elementos sugieren que, actualmente, es me­­nos probable que en anteriores ocasiones que el desencadenante de la siguiente recesión sea, por sí solo, el ciclo del crédito. Por un lado, como hemos comentado, la deuda de las familias se encuentra en una situación relativamente cómoda. Por otro lado, el aumento de la deuda cor­­porativa no financiera ha sido significativo pero, aun así, relativamente más moderado que en episodios anteriores (y sustentado en un entorno de tipos bajos que hace más llevadera la carga de la deuda): por ejemplo, la ratio entre la deuda corporativa no financiera y el PIB ha crecido 8,7 p. p. entre 2009 y 2018, mientras que su incremento fue del 9,1 p. p. entre 1991 y 2001 (véase el primer gráfico). Además, los cambios regulatorios motivados tras la crisis fi­­nan­­ciera han forjado un sistema financiero más robusto y con más liquidez, preparado para resistir mejor los episodios de

  • Portugal, un destino turístico global

    Daniel Belo

    • El sector turístico portugués es clave para la economía y representa alrededor de un 15% del PIB y un 10% del empleo.

    • Aunque Portugal es, principalmente, un destino para los turistas europeos, recientemente estamos asistiendo
    a un destacable incremento de la demanda de turistas no europeos, especialmente de los procedentes de EE. UU. y China.

    En las últimas décadas hemos presenciado una expansión notable del turismo internacional. A nivel mundial, el número de turistas aumentó de los 25 millones de 1950 hasta los 1.300 millones en 2017, y se estima que, en 2030, la cifra alcanzará los 1.800 millones. También en Portugal el turismo ha experimentado un fuerte crecimiento en los últimos años, como analizamos a continuación.

    El turismo es un sector clave

    En Portugal, el sector del turismo tiene un peso significativo en la economía y, actualmente, representa el 15% del PIB y el 10% del empleo.1 El sector se ha desarrollado considerablemente en los últimos años, con un aumento del número de turistas2 del 51% entre 2014 y 2018 (véase el primer gráfico). Este crecimiento de la demanda ha ido acompañado por una mejora de la calidad de los servicios turísticos nacionales, lo que ha permitido que los ingresos medios por habitación disponible aumentasen un 54% durante el mismo periodo y que los beneficios del sector crecieran un 73% en los últimos cinco años (véase el segundo gráfico). Con el aumento de la demanda, también han aparecido oportunidades de inversión en el sector. Así, la inversión en establecimientos de alojamiento turístico, a través de la nueva construcción o la remodelación de espacios, ha contribuido al dinamismo del mercado inmobiliario portugués y ha impulsado la oferta de establecimientos turísticos, con un crecimiento del 20% entre 2015 y 2018. Además, el sector es especialmente importante por su aportación al saldo de la cuenta corriente. En concreto, el peso de las exportaciones turísticas en las exportaciones totales se ha ampliado hasta pasar del 15% en 2014 hasta el 19% en 2018. Sin embargo, es importante tener en cuenta que, de forma similar a lo que sucede en España, en el sector turístico portugués también tienen un papel muy importante los turistas nacionales. En 2018, el turismo nacional representó el 40% de la demanda de servicios turísticos en Portugal.

    Dinámicas recientes

    En 2017, el sector registró una fuerte expansión y Portugal se convirtió en el 17.º país más visitado del mundo y en el 14.º más competitivo en términos turísticos. Parte de este crecimiento del turismo se debió al redireccionamiento de flujos turísticos como consecuencia de la inestabilidad geopolítica observada en países competidores del Norte de África, como Turquía, Túnez o Egipto. De todos modos, tras la gran expansión de 2017, con un aumento del número de turistas del 16% frente al año anterior, el sector también fue capaz de mantener su dinamismo en 2018. En concreto, el año pasado el número de turistas extranjeros ascendió hasta los 15 millones, un 3% más que en 2017, pero se quedó por debajo del crecimiento del turismo mundial (5,8%). Cabe destacar que los extranjeros representaron el 72% de la ocupación turística en Portugal en 2018 y que los ingresos turísticos internacionales ascendieron a 1.700 millones de euros, lo que representa un crecimiento del 10% respecto al año anterior. A pesar de que Portugal es mayoritariamente un destino de turistas europeos, ya que representan el 80% de los ingresos internacionales, más recientemente hemos asistido a un

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