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¿Quién es la clase media?¿Quién es la clase media?¿Quién es la clase media?

¿Es pertenecer a la clase media una ambición? ¿Cómo es la calidad de vida de la clase media? ¿Cómo ha evolucionado en las últimas décadas? ¿Y cómo evolucionará? ¿Están satisfechas con su vida las personas de la clase media? Todas estas preguntas son muy relevantes, pero, antes de abordarlas, es necesario responder ¿quién es la clase media?

Definir la clase media no es una tarea sencilla

Pese a no existir una definición exacta de la clase media, hay cierto consenso en describirla, al menos en las economías avanzadas, como una parte mayoritaria de la sociedad que comparte unos valores determinados, posee una relativa estabilidad financiera y una buena calidad de vida que espera traspasar a su descendencia. También se entiende que la clase media es una parte de la sociedad capaz de vivir de forma confortable, sea cual sea el significado de «confortable», que puede incluir elementos como tener acceso a una vivienda, disfrutar de ocio, de una buena atención sanitaria, de un cierto nivel educativo o de una jubilación decente o tener la capacidad suficiente para asumir gastos inesperados.

Dado que los economistas necesitamos medidas objetivas, intentamos identificar a la clase media a través de sus patrones de consumo o nivel de renta. Así, por ejemplo, en los estudios de la OCDE suele ser habitual el uso de los ingresos para identificar a la clase media, mientras que otra rama de la literatura académica la define en función de unos niveles de consumo determinados. Además, también es necesario constatar que, tanto si se usan patrones de consumo como de ingresos, estos pueden estar definidos en términos relativos o en términos absolutos.

Las definiciones de clase media basadas en medidas absolutas clasifican el consumo o el ingreso de los hogares dentro de unos umbrales específicos y comparables entre países. Por ejemplo, una buena parte de la literatura académica considera que tener gastos diarios entre 11 y 110 dólares por persona (en paridad de poder adquisitivo) es una medida razonable para identificar la clase media en la mayoría de las economías emergentes,1 si bien es cierto que en las avanzadas el umbral inferior de 11 dólares diarios se sitúa en muchos casos por debajo de lo que entendemos en nuestra sociedad como clase media.

También se puede definir la clase media a través de medidas relativas:

Diversas instituciones utilizan la distribución de la renta para clasificar como clase media a aquellos hogares que se encuentran entre el percentil 30 y 60.2 Una ventaja de esta definición es que considera clase media al tercio de la sociedad que se encuentra en el centro de la distribución de renta. No obstante, una limitación de este método de identificación es la imposibilidad de estudiar cómo evoluciona el tamaño de la clase media, pues, por definición, siempre representará el mismo porcentaje de la sociedad (el 30%).

Una medida que puede solucionar esta limitación es la utilizada por la OCDE en su último informe sobre desigualdad,3 que clasifica como clase media a aquellos hogares con una renta entre el 75% y el 200% de la renta media de su región y año.4 Esta clasificación es la más atractiva entre las medidas relativas, de modo que es la que utilizaremos en el resto del artículo.

Esta falta de claridad en la definición de clase media probablemente esté detrás del sesgo en la percepción de la pertenencia a la clase media. Según datos de la OCDE, en los países desarrollados se consideran clase media, en promedio, más personas de las que realmente lo son (véase el primer gráfico). Es destacable, no obstante, que ello no es el caso en España, ni mucho menos en Portugal, donde una buena parte de la clase media considera que no lo es.

¿Cómo es la clase media española?5

Peso e ingresos

Si se fijan umbrales de renta distintos en cada comunidad autónoma, teniendo en cuenta los distintos niveles de ingresos medios, los ingresos de una persona de clase media en España oscilan entre los 7.750 y los 39.000 euros con un promedio de 18.100 euros. Este gran abanico de ingresos se debe a la disparidad entre la renta que es necesaria en cada comunidad autónoma para ser considerado como clase media. Por ejemplo, en el País Vasco, una persona con una renta entre 14.400 y 38.400 euros se considera clase media, mientras que en Andalucía lo es una con una renta entre 8.900 y 23.800 euros. .

El peso poblacional de la clase media en las distintas comunidades autónomas es relativamente parecido, aunque con alguna excepción (en Navarra, es clase media el 71% de la población frente al 59% de toda España).

Mercado laboral

Cerca del 80% de la población activa de la clase media trabaja por cuenta ajena,6 un porcentaje casi idéntico al de la clase alta y muy superior al 49% de la clase baja (que sufre de un nivel de paro muy elevado).

Asimismo, dentro de los trabajadores por cuenta ajena, la clase media cuenta con una tasa de temporalidad moderada en comparación con la clase baja (16% y 39%, respectivamente). Sin embargo, existen diferencias sustanciales en la temporalidad entre comunidades autónomas.

Por último, y coincidiendo con la estabilidad laboral que históricamente se ha atribuido a la clase media, solamente un 6% de la clase media cambió de trabajo en 2017 (en comparación con el 5,3% y el 16% en la clase alta y baja, respectivamente).

Educación

En cuanto a la educación, destaca, aunque no sorprende, la gran diferencia de los niveles educativos entre clases. El porcentaje de hogares de clase media en los que el cabeza del hogar tiene un título de educación superior (32%) duplica al de clase baja, aunque es claramente superado por el de la clase alta (68%). Este hecho está en consonancia con la literatura económica, que asegura que la clase media acostumbra a invertir bastante en educación, lo que suele ser un motor para el crecimiento económico a través de la acumulación de capital humano.7

Clase media y cohesión social

Los valores que históricamente se le han sido atribuido a la clase media enfatizan la importancia de la educación, el trabajo, el ahorro y también la preferencia y el apoyo por las instituciones democráticas.8 Estas características, que no le pertenecen exclusivamente, favorecen un crecimiento inclusivo y, con ello, un nivel elevado de cohesión social.

Esta afirmación la podemos ilustrar a través de la estrecha relación que presentan actualmente el tamaño relativo de la clase media y el indicador agregado de cohesión social (IACS) elaborado por CaixaBank Research.9 Además, el tamaño de la clase media está estrechamente relacionado con cuatro de los cinco pilares que forman el IACS. Los países con una mayor clase media exhiben mayores niveles de confianza, de inquietud política y de relaciones sociales, y sufren una menor criminalidad. En cambio, una mayor clase media no tiene ninguna implicación sobre los niveles de satisfacción personal hoy en día. Ello podría sugerir que pertenecer a la clase media actualmente ya no es una garantía para ser feliz, una hipótesis ya apuntada por diversos autores que hablan de un aumento del malestar social de las clases medias ante las grandes incertidumbres del mundo actual.10

Ricard Murillo Gili

1. Véase «La emergencia de la clase media: cosa de emergentes» en este mismo Dossier para más detalles.

2. En otros casos se utilizan los percentiles 40 y 70. Véase, por ejemplo, Brainard (2019). «Is the Middle Class within Reach for Middle-Income Families?». Reserva Federal de EE. UU.

3. Véase OCDE (2019). «Under pressure: The squeezed middle class».

4. La renta se ajusta previamente por el tamaño y la composición de los individuos dentro del hogar.

5. Para analizar a la clase media española utilizamos los microdatos de la encuesta de condiciones de vida del INE.

6. En los porcentajes que mostramos nos referimos solamente al cabeza del hogar.

7. Véase, entre otros, Perotti, R. (1996). «Growth, Income Distribution and Democracy: What the Data Say». Journal of Economic Growth, 1(2), 149-187.

8. Véase OCDE (2019). «Under Pressure: The Squeezed Middle Class».

9. Este índice agrega y sintetiza en una sola métrica la información contenida en los 33 indicadores de cohesión social de los que dispone la OCDE. Estos se agrupan en cinco pilares según el tipo de interacción: satisfacción personal, entorno social, confianza, inquietud política y niveles de criminalidad. Para más detalles, véase «Cohesión social y crecimiento inclusivo: indisociables» en el IM01/2019.

10. Véase Costas, A. (2017). «El final del desconcierto». Península, Barcelona, 289.

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