Coyuntura


  • La aversión al riesgo se impone entre los inversores

    Las tensiones comerciales desestabilizan los mercados financieros. Rompiendo con la relativa bonanza que había dominado el escenario financiero durante los primeros meses del año, en mayo la aversión al riesgo se impuso en los mercados globales. El optimismo de los inversores de los anteriores meses, sustentado en la reconducción de las tensiones comerciales, el freno en el endurecimiento de la política monetaria de los principales bancos centrales y unos datos económicos favorables, viró bruscamente cuando la Administración estadounidense anunció un aumento de aranceles sobre las importaciones chinas. Este anuncio, que sorprendió al mercado, supuso un reajuste de las expectativas por parte de los inversores y despertó los temores a que las tensiones comerciales se cobren un mayor precio en términos de crecimiento económico. Así, ello se tradujo en un repunte de la volatilidad y la aversión al riesgo, lo que aumentó la preferencia por los activos considerados refugio (como la deuda soberana de EE. UU. y Alemania, el dólar y el oro). En este contexto de mayor incertidumbre, por otro lado, los bancos centrales mantuvieron sus mensajes de paciencia, reiteraron la intención de no endurecer la política monetaria próximamente, y ofrecieron una visión relativamente positiva del entorno macroeconómico a medio plazo, destacando, sin embargo, que los riesgos continúan sesgados a la baja.

    Las bolsas se tambalean. Durante los primeros cuatro meses del año, el optimismo inversor se había traducido en importantes revalorizaciones en las bolsas (índice MSCI mundial +15,6%). En mayo, sin embargo, las tornas cambiaron. El repunte de las tensiones comerciales entre EE. UU. y China y la publicación de unos datos de actividad que confirman que la economía mundial avanza a un ritmo más moderado mermaron el sentimiento inversor. Tal fue la relevancia que le otorgaron los inversores a estos aspectos, que quedaron en un segundo plano las sorpresas positivas de la temporada de resultados empresariales del 1T en las principales economías (lideradas por los sectores de consumo y tecnología). Así, en un entorno de mayor incertidumbre y volatilidad, las pérdidas se extendieron a lo largo de los mercados bursátiles mundiales y el S&P 500, el EuroStoxx 50 y el índice MSCI para el conjunto de los emergentes retrocedieron cerca de un 7%. Por regiones, las pérdidas fueron especialmente intensas en las bolsas asiáticas, y el índice MSCI para Asia emergente retrocedió alrededor de un 9%. En América Latina, por su parte, las bolsas se movieron más al son de factores idiosincráticos de la región y el índice MSCI de América Latina retrocedió menos de un 2,5%.

    Los tipos de interés soberanos se sitúan en mínimos. En los mercados de renta fija, el incremento de aversión al riesgo se tradujo en un giro en las preferencias de los inversores, que optaron por activos considerados más seguros, como la deuda soberana de EE. UU. y Alemania. Ello empujó los tipos de interés soberanos a 10 años de ambas economías a niveles mínimos, de dos años en el caso del treasury americano y de tres en el del bund (que volvió a adentrarse en el terreno negativo). Además, la curva soberana estadounidense volvió a invertirse, con un tipo de interés a 10 años por debajo del tipo soberano a 3 meses (lo que tradicionalmente ha sido una señal anticipada de recesión, aunque hay motivos para pensar que esta vez puede ser diferente, como hemos analizado en anteriores publicaciones). Por su parte, las primas de riesgo se redujeron en España y Portugal, aunque en menor cuantía que en abril, y situaron la rentabilidad de los bonos a 10 años en nuevos

  • La expansión global continúa en un entorno de incertidumbre

    La economía mundial avanza a un ritmo más suave. Así lo reflejan indicadores como el índice de sentimiento (PMI) compuesto global, que lleva meses moderadamente por encima de los 52 puntos (52,1 puntos en abril), un nivel inferior al promedio de 53,6 puntos de 2018, pero que mantiene un colchón con los 50 puntos que delimitan la zona expansiva de la contractiva. Así, los indicadores afianzan el escenario macroeconómico de CaixaBank Research, que contempla una desaceleración suave del crecimiento mundial del 3,6% de 2018 al 3,3% en 2019. Parte de esta moderación responde a lastres temporales en algunas economías clave (especialmente en la eurozona), por lo que el ritmo de actividad económica podría mostrar un mejor tono a medida que avance el año. Sin embargo, como resaltan los siguientes párrafos de la coyuntura de este mes, el entorno es exigente y prevalecen importantes fuentes de incertidumbre.

    La negociación comercial entre EE. UU. y China se complica. En particular, cuando parecía que EE. UU. y China estaban cerca de cerrar un acuerdo para encauzar su conflicto comercial, en mayo se volvieron a intensificar las tensiones entre ambas potencias. Por un lado, con el anuncio por parte de EE. UU. de una subida arancelaria del 10% al 25% sobre las importaciones chinas por valor de 200.000 millones de dólares, tras el cual China respondió con aranceles sobre 60.000 millones de dólares de importaciones norteamericanas. Asimismo, Trump también amenazó con imponer otra ronda de aranceles (del 25%) a otros 300.000 millones de dólares de importaciones de China, lo que cubriría el valor total de los bienes chinos importados anualmente por EE. UU. (véase el segundo gráfico). Por otro lado, la escalada fue más allá de los aranceles después de que EE. UU. añadiera a Huawei a la lista de empresas que requieren una «autorización» gubernamental para la adquisición de componentes y tecnología de EE. UU. Sin duda, estos elementos ponen presión a China para que profundice en algunas de las exigencias de EE. UU. en materia de transferencia tecnológica y propiedad intelectual antes de alcanzar un pacto comercial –lo cual parece hoy en día difícil que suceda a muy corto plazo–. No obstante, también subrayan el riesgo de que las tensiones entre ambos continúen durante un periodo más largo de lo inicialmente previsto. Por otra parte, EE. UU. pospuso hasta finales de año la decisión sobre medidas arancelarias en el sector de la automoción que, en este caso, afectarían especialmente a Europa.

    En Europa, la incertidumbre política va por barrios. Por un lado, aunque las elecciones al Parlamento Europeo redundaron en un mayor peso de las formaciones euroescépticas, el apoyo a estos partidos fue inferior al que auguraban algunas predicciones y su peso parlamentario no llegó al umbral a partir del cual podrían condicionar materialmente el rumbo político-institucional de la UE. Por el otro, en el Reino Unido, la primera ministra Theresa May anunció su dimisión, con efecto a partir del 7 de junio. Tras su dimisión se iniciará la contienda por el liderazgo del Partido Conservador, que podría extenderse durante el verano. Ello se añadirá a las dificultades existentes para acordar una estrategia de consenso sobre el brexit en la Cámara de los Comunes antes de la nueva fecha límite del 31 de octubre.

    ESTADOS UNIDOS

    Los indicadores apuntan a un menor ritmo de crecimiento en el 2T. En particular, los modelos de previsión Nowcasting del PIB de las distintas reservas federales sitúan el crecimiento para el 2T en el intervalo entre el 1,0% y el 1,5% (en términos intertrimestrales

  • La desaceleración española se materializa a un ritmo más lento

    La economía española retrasa la moderación de su crecimiento. Fruto del desvanecimiento de los vientos de cola que apoyaron el fuerte crecimiento de los últimos años, la economía española encara una transición hacia ritmos de avance más suaves y acordes con la madurez del ciclo. La moderación del crecimiento, sin embargo, se está produciendo algo más lentamente de lo esperado. Por ejemplo, en el 1T el PIB avanzó un 0,7% in­­ter­­trimestral (2,4% interanual), un ritmo 0,1 p. p. superior al del trimestre anterior. Para el conjunto del año 2019, esperamos que la economía española crezca un 2,3% (2,6% en 2018) y que el crecimiento se suavice hasta el 1,9% en 2020 y el 1,7% en 2021. Por componentes, la demanda interna se mantendrá como el principal motor del crecimiento en España, especialmente por las contribuciones del consumo interno y de la inversión. Por su parte, en los últimos trimestres la demanda externa se ha visto penalizada por las tensiones comerciales y el menor crecimiento de la eurozona, y probablemente mantenga una contribución modesta mientras estos lastres sigan pesando so­­bre el entorno exterior. Un escenario de crecimiento muy similar a este lo encontramos en el cuadro macroeconómico del Go­­bierno, presentado en la actualización del Plan de Estabilidad 2019-2022. Respecto a las cuentas públicas, el Programa de Estabilidad prevé una reducción muy paulatina del déficit público, sustentada en el empuje cíclico y las nuevas medidas de ingresos que se incluirían en los presupuestos de 2020. Estas medidas (tributación mínima en el impuesto de sociedades, impuesto de servicios digitales, impuesto a las transacciones financieras, etc.) permitirían elevar los ingresos del 39,1% del PIB en 2019 hasta el 40,7% en 2022, aunque todavía no se conocen suficientes detalles para valorar su impacto con precisión.

    Los indicadores apuntan a un mantenimiento del ritmo de crecimiento. En concreto, en marzo, la cifra de negocios del sector servicios creció un 5,1% interanual (media móvil de tres meses) y la del sector industrial un 2,2% interanual, ambas por encima de los registros del mes anterior. Asimismo, en abril, los índices PMI de manufacturas y de servicios se situaron en los 51,8 y los 53,1 puntos, respectivamente, en zona claramente expansiva (por encima de los 50 puntos). De esta manera, esperamos que en el segundo trimestre del año se mantenga un ritmo de crecimiento del PIB parecido al del 1T y, concretamente, nuestro modelo de previsión del PIB a corto plazo apunta a un avance de la actividad del 0,7% intertrimestral en el 2T 2019.

    El mercado laboral muestra un desempeño dinámico. En la misma tónica que el PIB, en el mercado laboral la moderación prevista del crecimiento del empleo también se continúa retrasando. Así, en abril, el empleo aumentó un 2,95% interanual (en términos desestacionalizados), algo por encima del promedio del 1T (2,9%), y el número total de afiliados a la Seguridad Social se situó en los 19,2 millones, la cifra más elevada desde julio de 2008. Por su parte, el paro registrado disminuyó un 5,2% interanual (el mismo ritmo que en el promedio del 1T) y el total de parados se situó en los 3,2 millones de personas. Además, junto a esta mejora del empleo se empieza a observar un aumento gradual de las remuneraciones de los trabajadores, que debería contribuir a apuntalar la recuperación de los ingresos de los hogares y del sentimiento económico de los consumidores. En concreto, en abril, el aumento salarial pactado en los convenios colectivos fue del 2,21% (2,25% en los nuevos convenios firmados en 2019), por encima del 1,75% registrado en diciembre

  • La expansión continúa a ritmo moderado

    La economía mundial avanza a un ritmo más suave. Así lo reflejan indicadores como el índice de sentimiento (PMI) compuesto global, que lleva meses moderadamente por encima de los 52 puntos (52,1 puntos en abril), un nivel inferior al promedio de 53,6 puntos de 2018, pero que mantiene un colchón con los 50 puntos que delimitan la zona expansiva de la contractiva. Así, los indicadores afianzan el escenario macroeconómico de CaixaBank Research, que contempla una desaceleración suave del crecimiento mundial del 3,6% de 2018 al 3,3% en 2019. Parte de esta moderación responde a lastres temporales en algunas economías clave (especialmente en la eurozona), por lo que el ritmo de actividad económica podría mostrar un mejor tono a medida que avance el año. Sin embargo, como resaltan los siguientes párrafos de la coyuntura de este mes, el entorno es exigente y prevalecen importantes fuentes de incertidumbre.

    La negociación comercial entre EE. UU. y China se complica. En particular, cuando parecía que EE. UU. y China estaban cerca de cerrar un acuerdo para encauzar su conflicto comercial, en mayo se volvieron a intensificar las tensiones entre ambas potencias. Por un lado, con el anuncio por parte de EE. UU. de una subida arancelaria del 10% al 25% sobre las importaciones chinas por valor de 200.000 millones de dólares, tras el cual China respondió con aranceles sobre 60.000 millones de dólares de importaciones norteamericanas. Asimismo, Trump también amenazó con imponer otra ronda de aranceles (del 25%) a otros 300.000 millones de dólares de importaciones de China, lo que cubriría el valor total de los bienes chinos importados anualmente por EE. UU. (véase el segundo gráfico). Por otro lado, la escalada fue más allá de los aranceles después de que EE. UU. añadiera a Huawei a la lista de empresas que requieren una «autorización» gubernamental para la adquisición de componentes y tecnología de EE. UU. Sin duda, estos elementos ponen presión a China para que profundice en algunas de las exigencias de EE. UU. en materia de transferencia tecnológica y propiedad intelectual antes de alcanzar un pacto comercial –lo cual parece hoy en día difícil que suceda a muy corto plazo–. No obstante, también subrayan el riesgo de que las tensiones entre ambos continúen durante un periodo más largo de lo inicialmente previsto. Por otra parte, EE. UU. pospuso hasta finales de año la decisión sobre medidas arancelarias en el sector de la automoción que, en este caso, afectarían especialmente a Europa.

    En Europa, la incertidumbre política va por barrios. Por un lado, aunque las elecciones al Parlamento Europeo redundaron en un mayor peso de las formaciones euroescépticas, el apoyo a estos partidos fue inferior al que auguraban algunas predicciones y su peso parlamentario no llegó al umbral a partir del cual podrían condicionar materialmente el rumbo político-institucional de la UE. Por el otro, en el Reino Unido, la primera ministra Theresa May anunció su dimisión, con efecto a partir del 7 de junio. Tras su dimisión se iniciará la contienda por el liderazgo del Partido Conservador, que podría extenderse durante el verano. Ello se añadirá a las dificultades existentes para acordar una estrategia de consenso sobre el brexit en la Cámara de los Comunes antes de la nueva fecha límite del 31 de octubre.

    La expansión continúa a ritmo moderado. A pesar de avanzar por encima de lo esperado en el 1T (0,4% intertrimestral y 1,2% interanual), el crecimiento de la eurozona se mantendrá en cotas moderadas (ligeramente por encima del 1,0% interanual), en un contexto de desaceleración de la actividad

Páginas