Coyuntura


  • Los mercados financieros siguen con dinamismo

    Los inversores recuperan el optimismo. En abril, la publicación de datos de actividad económica y beneficios empresariales positivos contribuyó a la recuperación de un sentimiento inversor que, en marzo, se había mostrado algo receloso. Sumado al progreso en las negociaciones comerciales entre EE. UU. y China y unos bancos centrales que siguen señalando la intención de no endurecer su política monetaria en los próximos trimestres, ello apoyó, en abril, una reducción de la volatilidad en los mercados financieros, una recuperación de los tipos de interés (que se habían hundido en marzo) y un mayor dinamismo de las bolsas. No obstante, como enfatizaron el BCE (en su reunión de abril) y las distintas comunicaciones de otros grandes bancos centrales, los principales riesgos alrededor del escenario de crecimiento siguen sesgados a la baja y, como ya ocurrió en trimestres anteriores, pueden dar lugar a nuevos repuntes de volatilidad.

    Las bolsas avanzan con mayor holgura. La recuperación del sentimiento inversor se notó especialmente en los mercados de renta variable. Además, estos se vieron beneficiados por un buen inicio de la temporada de publicación de resultados empresariales referentes al 1T 2019, dado que, especialmente en EE. UU., la mayoría de los beneficios presentados hasta la fecha de cierre de este Informe Mensual superaron las expectativas del mercado (cabe recordar que, a finales de 2018, los analistas rebajaron de manera generalizada sus expectativas por la perspectiva de la desaceleración de la actividad mundial). Así, tras completar un primer trimestre fuerte (+13% en el caso del índice mundial MSCI World Index) que, no obstante, había terminado con un mes de marzo dubitativo, en abril las principales bolsas internacionales retomaron el dinamismo. En concreto, el S&P 500 estadounidense avanzó cerca de un 4% y superó el máximo histórico que había registrado en septiembre de 2018. Por su parte, en Europa, el Eurostoxx 50 avanzó alrededor de un 5%, fruto de un buen comportamiento tanto en las economías del núcleo de la eurozona como en las de la periferia.

    Los tipos de interés de la deuda soberana se recuperan. Mientras que, en marzo, los tipos de interés soberanos se habían hundido por las dudas de los inversores acerca del crecimiento global, en abril estos se recuperaron gracias a la mejora del sentimiento y, en concreto, por la publicación de buenos datos de crecimiento económico en China, EE. UU. y la eurozona (véase la sección de Economía internacional en este mismo Informe Mensual). En concreto, los tipos de interés soberanos de Alemania y EE. UU. repuntaron sostenidamente y el tipo de interés a 10 años de Alemania volvió al terreno positivo. Además, se deshizo la inversión de la curva soberana estadounidense (que duró tan solo una semana, un periodo mucho más breve que en las anteriores ocasiones en las que la inversión de la curva había predicho una recesión con alrededor de un año de antelación). En la periferia de la eurozona, por su parte, las primas de riesgo de España y Portugal se redujeron en cerca de 20 p. b., mientras que el diferencial de Italia se mantuvo estable debido a la prevalencia de dudas sobre la política fiscal transalpina.

    Un BCE en pausa pone el foco en los riesgos a la baja. Como se esperaba, en su reunión de abril, el BCE no modificó los parámetros de su política monetaria y centró la atención en analizar el estado de la economía de la eurozona. La institución reiteró una visión relativamente positiva a medio plazo, al remarcar que la probabilidad de recesión para

  • 2019: un inicio de año mejor de lo esperado, pero persisten los riesgos bajistas

    La expansión de la economía mundial continúa, pero las perspectivas de crecimiento se han moderado. Fruto de la propia madurez del ciclo, la incertidumbre geopolítica, las tensiones comerciales y los lastres temporales sobre economías clave, en los últimos trimestres la actividad global avanza a un ritmo más contenido. Así lo reflejan indicadores como el índice de sentimiento empresarial (PMI) compuesto que, aunque en marzo aumentó ligeramente (52,8 puntos) gracias a la mejora en los servicios, sigue lastrado por la debilidad del sector industrial (el PMI de manufacturas se mantuvo en los 50,6 puntos, rozando el límite de los 50). Este entorno de crecimiento más moderado también se refleja en el nuevo cuadro macroeconómico que el FMI presentó en abril, en el que redujo sus previsiones de crecimiento mundial (del 3,5% para 2019 que manejaba en enero al 3,3%), especialmente entre las economías avanzadas, y mantuvo el balance de riesgos sesgado a la baja. A pesar de esta revisión, y como señala el propio FMI, el ritmo de actividad económica podría mostrar un mejor tono a medida que avance el año, gracias a la pausa en el endurecimiento de la política monetaria de los grandes bancos centrales, el mantenimiento de una política fiscal expansiva en países como China, la distensión en el conflicto comercial entre EE. UU. y China, y el desvanecimiento de los lastres temporales.

    Del destensionamiento comercial a la incertidumbre del brexit. En el ámbito comercial, EE. UU. y China están cada vez más cerca de llegar a un acuerdo que favorecería una reducción de la incertidumbre a nivel global. En este sentido, Robert Lighthizer, representante comercial de EE. UU., y Steven Mnuchin, secretario del Tesoro, viajaron a China a finales de abril con la intención de cerrar las negociaciones comerciales entre ambos países. Desde EE. UU. ya se ha anunciado que parte de las negociaciones cubren aspectos como la propiedad intelectual, la transferencia forzosa de tecnología o las barreras no arancelarias. Pero mientras EE. UU. y China encauzan sus tensiones comerciales, la incertidumbre alrededor del brexit se mantiene. En concreto, la UE concedió al Reino Unido una nueva extensión del artículo 50, esta vez hasta el 31 de octubre, con el fin de dejar más tiempo para reconsiderar la estrategia de salida. El Reino Unido tendrá hasta entonces para ratificar el acuerdo de salida, aunque sigue abierto un amplio abanico de posibilidades (desde revocar el artículo 50 en su totalidad y cancelar el brexit hasta una salida sin un acuerdo). No obstante, la extensión reduce los temores a un brexit desordenado (una opción que, además, ha sido rechazada por una amplia mayoría del Parlamento británico).

    EUROZONA

    La actividad en la eurozona sorprendió al alza en el 1T 2019. En particular, el PIB avanzó un 0,4% intertrimestral, 2 décimas por encima del dato del 4T 2018 y por encima de nuestras previsiones y del consenso de analistas. El dato sorprendió en positivo, ya que los modestos registros de algunos indicadores de sentimiento y los problemas del sector industrial en el primer tramo del año apuntaban a que la moderación de la segunda mitad de 2018 se mantendría en el 1T. De hecho, la economía de la eurozona había pasado de tasas del 0,4% intertrimestral a principios de 2018 a cotas en torno al 0,2% a finales de 2018. Parte de esta ralentización refleja el impacto de un elemento temporal: las disrupciones en el sector de la automoción ante la nueva normativa de emisiones europeas. No obstante, dos factores de carácter más duradero también han lastrado la

  • La economía española mantiene un pulso firme

    El crecimiento gana tracción en el 1T 2019. Según los datos del INE, el PIB creció en el primer trimestre del año un 0,7% intertrimestral (2,4% interanual), un ritmo superior al crecimiento promedio de la eurozona (0,4% intertrimestral). En el detalle por componentes, los datos muestran que la demanda interna se mantuvo como el principal motor de crecimiento, aupada en su mayor parte por la inversión. Así, tras la caída puntual que se produjo en el 4T 2018 (–0,2% intertrimestral), la inversión repuntó con fuerza y creció un 1,5% intertrimestral. Asimismo, el consumo privado mantuvo un crecimiento sólido pero algo más moderado que en el trimestre anterior (–0,1 p. p. hasta el 0,3% intertrimestral) y, aunque contrasta con el fuerte crecimiento del empleo que mostraron los datos de la encuesta de población activa (EPA), ello entra dentro de la normalidad dada la volatilidad inherente de la serie. Además, el dato es coherente con el escenario de CaixaBank Research, que prevé que los consumidores moderen su ritmo de gasto en 2019 tras haber materializado, a lo largo de los últimos años, decisiones de consumo pospuestas durante la crisis. Por su parte, en términos intertrimestrales, la demanda externa mantuvo la mejora que mostró en el trimestre anterior y aportó 0,2 p. p. al crecimiento del PIB. No obstante, esta contribución se debió a que las importaciones cayeron en mayor medida que las exportaciones (–1,1% y –0,5% intertrimestral, respectivamente). De este modo, vemos que los flujos comerciales siguen moderándose, tal y como esperaríamos en el actual contexto mundial de tensiones comerciales y de moderación del crecimiento de la eurozona. En su conjunto, la incorporación del dato nos ha llevado a revisar ligeramente al alza la previsión de crecimiento del PIB para 2019 en 0,2 p. p. hasta el 2,3%.

    Los indicadores de actividad mantienen un buen tono. Aunque aún no se conocen datos de actividad para el segundo trimestre del año, los últimos indicadores disponibles muestran que la actividad ha ido de menos a más en lo que va de año. Así, el PMI del sector servicios repuntó en marzo 2,3 puntos hasta los 56,8 puntos, el valor más alto desde febrero de 2018, y el homólogo del sector manufacturero, aunque se mantiene contenido, subió 1 punto hasta los 50,9 puntos. Por su parte, las ventas minoristas en marzo crecieron un 1,7% interanual, 0,3 p. p. más que en febrero y por encima del promedio de 2018 (0,7%). Finalmente, el dato más modesto vino por el lado de la producción industrial, que continuó estancada (–0,2% inter­­anual). Este dato refleja, al menos en parte, el mal momento que atraviesa el sector del automóvil, que sigue acusando los cambios a nivel europeo en la regulación del sector y el menor impulso de la demanda externa.

    El mercado laboral ofrece un pilar de crecimiento. El mercado laboral tuvo un muy buen comportamiento en el primer trimestre del año, tal y como muestra el hecho de que la creación de empleo repuntó 0,2 p. p. hasta el 3,2% interanual (597.000 puestos de trabajo creados en los últimos 12 meses), el mayor ritmo de los últimos tres años. Por su parte, los últimos datos de la encuesta trimestral del coste laboral han confirmado la ligera tendencia al alza de los salarios. Más concretamente, el coste laboral por hora efectiva aumentó un 1,4% en 2018 (0,0% en 2017). Asimismo, los incrementos salariales pactados en convenios colectivos se situaron en el 2,2% en marzo, 0,7 p. p. por encima del valor registrado en marzo de 2018. Así, el dinamismo del mercado laboral

  • La actividad en la eurozona sorprendió al alza en el 1T 2019

    La expansión de la economía mundial continúa, pero las perspectivas de crecimiento se han moderado. Fruto de la propia madurez del ciclo, la incertidumbre geopolítica, las tensiones comerciales y los lastres temporales sobre economías clave, en los últimos trimestres la actividad global avanza a un ritmo más contenido. Así lo reflejan indicadores como el índice de sentimiento empresarial (PMI) compuesto que, aunque en marzo aumentó ligeramente (52,8 puntos) gracias a la mejora en los servicios, sigue lastrado por la debilidad del sector industrial (el PMI de manufacturas se mantuvo en los 50,6 puntos, rozando el límite de los 50). Este entorno de crecimiento más moderado también se refleja en el nuevo cuadro macroeconómico que el FMI presentó en abril, en el que redujo sus previsiones de crecimiento mundial (del 3,5% para 2019 que manejaba en enero al 3,3%), especialmente entre las economías avanzadas, y mantuvo el balance de riesgos sesgado a la baja. A pesar de esta revisión, y como señala el propio FMI, el ritmo de actividad económica podría mostrar un mejor tono a medida que avance el año, gracias a la pausa en el endurecimiento de la política monetaria de los grandes bancos centrales, el mantenimiento de una política fiscal expansiva en países como China, la distensión en el conflicto comercial entre EE. UU. y China, y el desvanecimiento de los lastres temporales.

    Del destensionamiento comercial a la incertidumbre del brexit. En el ámbito comercial, EE. UU. y China están cada vez más cerca de llegar a un acuerdo que favorecería una reducción de la incertidumbre a nivel global. En este sentido, Robert Lighthizer, representante comercial de EE. UU., y Steven Mnuchin, secretario del Tesoro, viajaron a China a finales de abril con la intención de cerrar las negociaciones comerciales entre ambos países. Desde EE. UU. ya se ha anunciado que parte de las negociaciones cubren aspectos como la propiedad intelectual, la transferencia forzosa de tecnología o las barreras no arancelarias. Pero mientras EE. UU. y China encauzan sus tensiones comerciales, la incertidumbre alrededor del brexit se mantiene. En concreto, la UE concedió al Reino Unido una nueva extensión del artículo 50, esta vez hasta el 31 de octubre, con el fin de dejar más tiempo para reconsiderar la estrategia de salida. El Reino Unido tendrá hasta entonces para ratificar el acuerdo de salida, aunque sigue abierto un amplio abanico de posibilidades (desde revocar el artículo 50 en su totalidad y cancelar el brexit hasta una salida sin un acuerdo). No obstante, la extensión reduce los temores a un brexit desordenado (una opción que, además, ha sido rechazada por una amplia mayoría del Parlamento británico).

    La actividad en la eurozona sorprendió al alza en el 1T 2019. En particular, el PIB avanzó un 0,4% intertrimestral, 2 décimas por encima del dato del 4T 2018 y por encima de nuestras previsiones y del consenso de analistas. El dato sorprendió en positivo, ya que los modestos registros de algunos indicadores de sentimiento y los problemas del sector industrial en el primer tramo del año apuntaban a que la moderación de la segunda mitad de 2018 se mantendría en el 1T. De hecho, la economía de la eurozona había pasado de tasas del 0,4% intertrimestral a principios de 2018 a cotas en torno al 0,2% a finales de 2018. Parte de esta ralentización refleja el impacto de un elemento temporal: las disrupciones en el sector de la automoción ante la nueva normativa de emisiones europeas. No obstante, dos factores de carácter más duradero también han lastrado la actividad: la

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