La COVID-19 da un empujón al teletrabajo

La crisis sanitaria provocada por la COVID-19 ha obligado a gran parte de la sociedad a adaptarse de manera veloz e inesperada al trabajo en remoto, una práctica relativamente minoritaria en España antes de la eclosión de la pandemia. ¿Tiene España simplemente un bajo potencial para el teletrabajo o, por el contrario, lo tiene pero no lo está ex­­plotando?

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Ana Bras
Lukas Schaefer
17 de junio de 2020
Portátil y móviol
  • El teletrabajo se ha revelado como un mecanismo eficaz para mantener los empleos y asegurar la continuidad de la actividad económica en el contexto de la COVID-19.
  • Según nuestras estimaciones, un 32,6% del total de los empleados en España podría potencialmente llevar a cabo su trabajo en remoto.
  • La COVID-19 penalizará más o menos a cada sector económico según su capacidad para implementar el teletrabajo.

La crisis sanitaria provocada por la COVID-19 ha obligado a gran parte de la sociedad a adaptarse de manera veloz e inesperada al trabajo en remoto, una práctica relativamente minoritaria en España antes de la eclosión de la pandemia. En 2019, tan solo un 8,3% de los ocupados en España recurrían a la opción de trabajar desde casa, ya fuera habitualmente o de forma ocasional. Esta es una ci­­fra que se sitúa claramente por debajo de la media de la UE (16,1%) y de las economías líderes en teletrabajo de la eurozona, como los Países Bajos (37,1%) y Luxemburgo (33,1%).1 ¿Cómo debemos interpretar estas diferencias? ¿Tiene España simplemente un bajo potencial para el teletrabajo o, por el contrario, lo tiene, pero no lo está ex­­plotando?

 
  • 1. Datos de EU Labor Force Survey 2019. Se muestra el porcentaje de trabajadores que indican que trabajan habitual u ocasionalmente desde casa.
¿Está España preparada para teletrabajar?

La facilidad con la que un trabajador puede desempeñar sus tareas desde casa depende de las exigencias de su ocupación. Por ejemplo, un profesor universitario puede seguir dando sus clases fácilmente desde casa a través de videoconferencias, mientras que un camarero no tiene la posibilidad de servir mesas desde las plataformas digitales. En general, pues, debemos fijarnos en las tareas asociadas a cada profesión para valorar si permite aprovechar el teletrabajo. Dingel y Neiman (2020) proponen una metodología según la cual el potencial de teletrabajar en una profesión se determina a partir del tipo de actividades que se desempeñan en la misma y el contexto en el que se desarrollan.2 En concreto, consideran que una ocupación puede realizarse en remoto si ninguna de las tareas asociadas a dicha ocupación ha sido clasificada como difícilmente reproducible desde casa.3

Dingel y Neiman estiman que un 37% de los empleados en EE. UU. pueden desempeñar su actividad desde casa. A partir de su clasificación, y de los datos de la encuesta de población activa (EPA), podemos reproducir sus estimaciones para España.4 Según nuestros cálculos, un 32,6% del total de los empleados en España podría potencialmente llevar a cabo su trabajo en remoto.5 En general, el potencial de trabajar desde el domicilio es algo superior para las mujeres, y aumenta con la edad y el nivel educativo.6

Desde una perspectiva europea (véase el primer gráfico), el potencial promedio de la antigua UE-28 (37%) es algo mayor que el de España, especialmente por la elevada capacidad de países muy avanzados respecto al trabajo en remoto, como Luxemburgo (53,4%), Suecia (44,2%) o el Reino Unido (43,5%). En gran medida, esta diferencia entre países refleja disparidad en las composiciones sectoriales de sus economías. Así, las economías con un mayor peso de los servicios de elevado valor añadido (como la información y las comunicaciones o los servicios financieros) presentan un mayor potencial de teletrabajo que los países donde prevalecen sectores como la construcción o el comercio minorista, en los que es más difícil teletrabajar por la propia naturaleza de este tipo de actividades económicas.7

En este sentido, es muy ilustrativo relacionar el potencial para teletrabajar con el posible impacto económico de la pandemia de la COVID-19. Si aproximamos este impacto como la diferencia entre las previsiones realizadas en octubre de 2019 y abril de 2020 para el crecimiento del PIB de 2020, observamos que los países con una alta capacidad para el teletrabajo parecen ser los que se verán menos afec­­tados por el shock del coronavirus (véase el segundo gráfico).8 Aunque, sin duda, las consecuencias económicas del shock dependerán de muchas variables, el potencial de los trabajadores para poder llevar a cabo sus tareas desde casa es un mecanismo importante para mitigar los efectos del confinamiento. En este sentido, las diferencias en la estructura ocupacional y sectorial observadas entre los países europeos probablemente se traducirán en una mayor o una menor capacidad para hacer frente al impacto económico causado por las medidas de distanciamiento social.

  • 2. Véase Dingel, I. y Neiman, B. (2020) «How many jobs can be done at home» (http://www.nber.org/papers/w26948).
  • 3. Dingel y Neiman (2020) utilizan datos de la encuesta O*NET, que proporciona información detallada sobre el contexto y las actividades genéricas realizadas en cada ocupación.
  • 4. A partir de su clasificación para las ocupaciones estadounidenses, convertimos sus datos al sistema europeo (ISCO-08) y los agregamos a un nivel de tres dígitos teniendo en cuenta las cuotas ocupacionales. Esta conversión asume implícitamente que las tareas de cada ocupación se llevan a cabo de la misma manera tanto en España como en EE. UU.
  • 5. Estudios similares han sido publicados tanto por el Banco de España (30,6%), como por Juan César Palomino, Juan Gabriel Rodríguez y Raquel Sebastián (33%). Las pequeñas diferencias encontradas responden al uso de metodologías ligeramente diferentes y de datos procedentes de distintos periodos.
  • 6. El potencial de teletrabajar por franja de edad es del 22% (15-24 años), 33% (25-44 años), 32% (45-64 años) y 38% (65 años o mayor). Según el nivel educativo, es del 11,1% (estudios inferiores a bachillerato), 23,5% (bachillerato) y 51,2% (grado universitario y superior).
  • 7. En concreto, los dos sectores con mayor potencial para la realización del teletrabajo –información y comunicaciones y actividades financieras y de seguros (ambos 80%)– contribuyen conjuntamente casi el doble al PIB del Reino Unido (12,5%) que al PIB español (6,7%), lo que sitúa al Reino Unido en una posición aventajada para beneficiarse del teletrabajo.
  • 8. FMI. «World Economic Outlook» de octubre de 2019 y abril de 2020.
¿Hasta qué punto la COVID-19 ha cambiado los hábitos de trabajar en remoto?

En tanto que la COVID-19 se ha ido extendiendo y, consecuentemente, las medidas de confinamiento se han ido endureciendo, las empresas han optado por recurrir al teletrabajo de una forma amplia para mantener los em­­pleos y asegurar la continuidad de su actividad. El fuerte aumento de la demanda de herramientas para comunicarnos de manera virtual es un buen ejemplo del incremento sustancial de la práctica del teletrabajo desde que se aplicó el estado de alarma. Por poner algunos ejemplos, los usuarios diarios de Zoom (un software de videollamadas y reuniones virtuales) han subido de 10 a 300 millones en tan solo cinco meses; Google Meet y Microsoft Teams se encuentran entre las cinco aplicaciones más descargadas en abril y mayo, y Facebook ha lanzado su propia he­­rramienta de videoconferencias.

Por otro lado, una encuesta realizada por la Generalitat Va­­lenciana y un estudio reciente de Eurofound nos dan una primera indicación de la magnitud de la práctica ac­­tual del teletrabajo en España. Según ambos análisis, desde que empezaron a implementarse las medidas de confinamiento, alrededor de un 30% de los empleados han estado trabajando en remoto y desde sus domicilios, una cifra muy cercana al potencial de teletrabajo que esti­­ma­­mos para España.9 Posiblemente, la necesidad de afron­­tar el parón económico que ha supuesto la irrupción de la COVID-19 ha llevado a muchos sectores de la economía a descubrir una mayor capacidad para teletrabajar de la que estimaban hace tan solo unos meses.

  • 9. La muestra de la Generalitat Valenciana incluye solamente a las personas que han ido a trabajar desde el 1 de marzo. En concreto, el porcentaje bajó de 36,9% en la primera oleada de la COVID-19 (29 de marzo) a 18,9% en la oleada más reciente (14 de mayo). Para el estudio de Eurofound, véase «Work, teleworking and COVID-19». La publicación de la encuesta de población activa del 2T 2020 ofrecerá información más detallada sobre la extensión del teletrabajo en España en los últimos meses.
El potencial de teletrabajo y la exposición económica a la COVID-19 por sectores

Puesto que el teletrabajo es un mecanismo eficaz para mitigar los efectos del confinamiento, la COVID-19 está penalizando más o menos a cada sector económico según su capacidad para implementar el teletrabajo.10 Como se puede apreciar en el tercer gráfico, los sectores que más sufrieron el impacto económico de la COVID-19 en las últimas semanas de marzo se caracterizan por un me­­nor potencial de teletrabajo. En cambio, las actividades inmobiliarias, las telecomunicaciones o las actividades financieras tienen un mayor potencial de teletrabajo y han conseguido mantener un mayor grado de actividad.

Por otra parte, dentro de cada sector, hay ocupaciones con más potencial que otras para realizar tareas desde casa. Por ejemplo, en el sector de actividades científicas y técnicas, estimamos que los profesores universitarios pueden realizar el 98% desde casa, un porcentaje que alcanza solo el 34% en el caso de los técnicos de física e ingeniería. Por lo tanto, la distribución relativa entre las ocupaciones en cada sector afecta decisivamente al po­­tencial de su sector respectivo.

  • 10. Clasificamos a los sectores en función de la magnitud del shock sufrido. En concreto, estimamos la desviación del valor añadido bruto (VAB) de cada sector en el 1T 2020 respecto a lo que cabría haber esperado en ausencia de la COVID-19. Para proyectar el VAB «que cabría haber esperado», asumimos que su crecimiento en el 1T 2020 hubiera sido igual a la va­­riación intertrimestral promedio exhibida en 2019.
Hacia un futuro en el que el teletrabajo sea más prevalente

El teletrabajo se ha revelado como una pieza fundamental de la actividad económica, dada la situación que vivimos. Aquellas empresas que consigan implantarlo satisfactoriamente podrán sostener su capacidad productiva de manera más sólida. En otros casos, el potencial existe, pero hace falta invertir en el capital digital necesario (como infraestructuras empresariales y dispositivos mó­­­viles para la conexión), así como en capital humano (formación de los trabajadores en el uso de las herramientas digitales). Después de la crisis del coronavirus, es muy probable que las empresas redoblen su apuesta por la transformación digital, lo que podría facilitar que el teletrabajo continúe creciendo. Asimismo, lo aprendido durante las semanas de confinamiento facilitará el proceso de implementación.

En este sentido, los beneficios del teletrabajo pueden ir más allá de la crisis del coronavirus. Un aumento del teletrabajo podría facilitar unas condiciones laborales más flexibles, lo cual ofrecería a las personas la oportunidad de conciliar mejor su vida laboral con la vida familiar o la posibilidad de vivir en áreas más alejadas de las grandes ciudades. En otras palabras, como se analiza brevemente en el Dossier de este mismo Informe Mensual, medidas sencillas como la aplicación del teletrabajo podrían reportarnos una mejor calidad de vida y unas ciudades menos congestionadas y más limpias.

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