Análisis de coyuntura

Los mercados financieros, al son de la geopolítica y la IA

El arranque de 2026 ha traído volatilidad y dinámicas mixtas que reflejan la sensibilidad de los mercados a los giros geopolíticos y tecnológicos. La amenaza de un conflicto militar entre EE. UU. e Irán ya elevó la percepción de riesgo antes de que los bombardeos se materializaran y desencadenaran un fuerte repunte del estrés y la volatilidad, especialmente en los mercados de materias primas.

Contingut disponible en
CaixaBank Research

Las condiciones financieras frente a dinámicas mixtas

El arranque de 2026 ha traído volatilidad y dinámicas mixtas que reflejan la sensibilidad de los mercados a los giros geopolíticos y tecnológicos. La amenaza de un conflicto militar entre EE. UU. e Irán ya elevó la percepción de riesgo antes de que los bombardeos se materializaran y desencadenaran un fuerte repunte del estrés y la volatilidad, especialmente en los mercados de materias primas. En paralelo, la IA sigue condicionando las bolsas no solo por las elevadas valoraciones de las empresas y el reto de rentabilizar unos ambiciosos planes de inversión, sino también por los temores de disrupción de líneas de negocios establecidas. A todo ello se sumó en febrero la sentencia del Tribunal Supremo de EE. UU. anulando una parte significativa de los aranceles impuestos por la Administración Trump. Estos catalizadores impulsaron un desempeño bursátil mixto, mientras que las materias primas se vieron presionadas al alza y el sentimiento inversor propició cierta recuperación del dólar en los mercados de divisas y dinámicas contrapuestas entre los tipos de interés de largo plazo a ambos lados del Atlántico.

Bolsas al alza… hasta el estallido del conflicto en Irán

Febrero abrió con un comportamiento desigual entre las principales bolsas internacionales, debatiéndose entre el impulso de una buena temporada de resultados y las dudas generadas por el empuje de las empresas relacionadas con la IA. En EE. UU., el temor a que estas firmas disrumpan modelos de negocio tradicionales presionó a empresas consolidadas dentro de los sectores tecnológico y de servicios de comunicación, dejando al S&P 500 prácticamente plano en febrero. En contraste, los índices del resto del mundo evolucionaron con mayor tracción: las bolsas europeas avanzaron con holgura, acercándose al +4% en el conjunto de febrero, impulsadas por unas perspectivas de crecimiento más equilibradas y un sentimiento inversor favorable tras la sentencia del Supremo. En los mercados emergentes, el índice regional de Asia se acercaba a ganancias del 7%, mientras que el de Latinoamérica superaba el 4%. A nivel global destacó particularmente Japón, donde el Nikkei registró subidas superiores al 10%, alentado por la victoria electoral de Sanae Takaichi y su agenda reflacionista. Con todo, a principios de marzo los bombardeos en Irán provocaron caídas generalizadas de las bolsas mundiales, con la bolsa europea retrocediendo a niveles de finales de 2025.

El dinamismo macroeconómico apoya los beneficios empresariales

La temporada de resultados en EE. UU. cerró con un balance sólido, en un contexto de desempeño robusto de la economía americana: cerca del 85% de las compañías del S&P 500 superaron expectativas de ventas y alrededor del 75% lo hicieron en beneficios. El mayor empuje provino de los sectores financiero y tecnológico, donde las empresas más vinculadas a la IA mantuvieron la combinación de buenos resultados registrados y la planificación de inversiones ambiciosas. En Europa, aunque el tono fue más moderado, el balance hasta el cierre de este informe también era positivo y destacaban los sectores tecnológico, financiero y de utilities.

La geopolítica realza las materias primas

Febrero fue un mes de calma tensa en los precios de la energía. El equilibrio entre la expectativa de sobreoferta en el mercado de petróleo y la creciente prima de riesgo derivada de la geopolítica empujó el precio del Brent hacia la zona de los 70 dólares por barril, mientras que el precio del gas TTF descendía hacia los 30 euros por MWh, favorecido por un incremento de las importaciones de gas natural licuado en las terminales del norte de Europa y por previsiones de temperaturas menos rigurosas para el final del invierno. Sin embargo, los ataques entre Irán y EE. UU. e Israel a principios de marzo provocaron un fuerte estrés en los precios, con el petróleo llegando a superar los 100 dólares por barril de Brent y el gas TTF subiendo hasta cerca de los 60 euros por MWh y sufriendo mucha volatilidad (sobrepasó puntualmente los 65 euros). Las curvas de futuros se encarecieron relativamente menos, apuntando a una distensión hacia 2027.

El dólar coge un poco de aire

El comportamiento del dólar estado­unidense fue errático durante febrero, pero logró cerrar con una ligera recuperación. La sentencia del Tribunal Supremo redujo algo la presión bajista que viene pesando sobre la divisa desde los anuncios arancelarios de 2025, y la guerra en Irán le favoreció moderadamente en su rol de activo refugio. El euro se mantuvo relativamente estable alrededor de los 1,18 dólares (debilitándose hacia los 1,15 dólares tras los bombardeos en Oriente Próximo), la libra rondó los 1,35 dólares y el yen también se debilitó. Entre las divisas emergentes, destacaron aquellas que más se beneficiaban de una reducción arancelaria más directa: a lo largo de febrero, el real brasileño se apreció más de un 3% frente al dólar, mientras que el yuan chino ganó algo menos del 1% y la rupia india lo hizo en más de un 1% (capitalizando el acuerdo comercial EE. UU.-India). Con todo, los bombardeos terminaron trayendo una debilidad generalizada entre las divisas emergentes.

Idas y vueltas en los tipos de interés

En un mes de febrero sin reuniones de política monetaria entre los principales bancos centrales, los inversores apostaron inicialmente por un descenso de los tipos soberanos tanto en EE. UU. como en la eurozona. Sin embargo, el estrés de los precios energéticos tras los bombardeos en Oriente Próximo presionó los tipos al alza por un repunte de las expectativas de inflación y una revisión hawkish de las perspectivas de política monetaria que barajan los inversores. En neto, los tipos de interés soberanos se mantuvieron más estables en EE. UU. (subida en los tramos cortos y descenso en los largos), mientras que en la eurozona se impusieron los repuntes de tipos (más marcadamente en la periferia que en Alemania). Los mercados monetarios abandonaron su sesgo dovish para el BCE y pasaron a cotizar la posibilidad de que el BCE suba tipos en 2026 (al cierre de este informe, los mercados se debatían entre una y dos subidas). Los mercados también rebajaron su confianza en los recortes de tipos de la Fed (aunque siguen cotizando dos bajadas en lo que queda de año). De hecho, las actas de la reunión de enero de la Fed revelaron un tono más restrictivo del que se había percibido, y apuntaron a una mayor preocupación por los riesgos de inflación. Las actas también dieron a conocer que casi todos los miembros de la Fed consideran que el nivel actual de tipos se sitúa en zona neutral. En la eurozona, el BCE exhibió mayor continuidad en su comunicación y las distintas intervenciones siguieron realzando la estrategia de no hipercalibrar las decisiones a cada pequeña variación de los datos, dada la incertidumbre del entorno.

CaixaBank Research
Etiquetes:
  • Coyuntura de mercados financieros