El acuerdo entre EE. UU. e Irán mitiga los escenarios adversos para la economía internacional
La evolución del conflicto en Oriente Próximo sigue siendo la clave en el escenario global. Tras la reapertura del estrecho de Ormuz, los datos muestran un aumento algo errático de los flujos, en consonancia con las advertencias de distintas agencias internacionales de que la normalización llevará meses. Además, la incertidumbre geopolítica sigue siendo elevada y la complejidad de las dinámicas alrededor del acuerdo entre EE. UU. e Irán resaltan su fragilidad.
La evolución del conflicto en Oriente Próximo sigue siendo la clave en el escenario global
A mediados de junio, EE. UU. e Irán firmaron un Memorándum de Entendimiento (MoU) que no es un tratado definitivo ni vinculante, sino una declaración de intenciones que establece los términos de su futura colaboración. El MoU abre un periodo de 60 días para negociar sobre temas muy sensibles, como el programa nuclear iraní o el levantamiento de sanciones. Una de sus primeras decisiones fue la reapertura del estrecho de Ormuz y el fin del bloqueo naval estadounidense, lo que representa un importante alivio para los mercados de energía y reduce la probabilidad de que se materialicen los escenarios más adversos. La clave será la velocidad de recuperación de los flujos a través de Ormuz. Los datos muestran un aumento algo errático de los flujos, en consonancia con las advertencias de distintas agencias internacionales de que la normalización llevará meses. Por otro lado, la incertidumbre geopolítica sigue siendo elevada y la complejidad de las dinámicas alrededor del acuerdo entre EE. UU. e Irán resaltan su fragilidad.
El pico del impacto del encarecimiento de la energía sobre la inflación pudo ser en mayo
En la eurozona, la inflación general alcanzó en mayo máximos de casi tres años, con un 3,2%, impulsada por el componente de la energía (que aportó casi 1,0 p. p.), pero en junio cayó 0,4 p. p., hasta el 2,8%, en buena parte gracias a cierta relajación de dicho componente (–2,1 p. p., hasta el 8,7%). En EE. UU., la inflación general, presionada por la energía, repuntó en mayo 0,4 p. p., hasta el 4,2% (máximos de tres años), con una inflación núcleo más contenida (+0,1 p. p., hasta el 2,9%). Sin embargo, los componentes de precios de los principales indicadores de clima y opinión empresarial de junio apuntan a que el pico de inflación podría haberse alcanzado ya.
La volatilidad de Irlanda condiciona la evolución de la eurozona
La revisión del PIB para la eurozona arroja un retroceso del 0,2% intertrimestral en el 1T 2026 (vs. +0,2% preliminar), explicado por el importante desplome de la economía irlandesa (–12,0% vs. –2,0% preliminar). De hecho, sin Irlanda, la eurozona habría crecido un 0,2%, tras el 0,3% del 4T 2025, resultado todavía modesto y que apunta a que la mayor parte de la región aún no había logrado la aceleración deseada antes del estallido del conflicto en Oriente Próximo. En este sentido, los indicadores disponibles para el 2T 2025 apuntan a una economía prácticamente estancada: los PMI de clima empresarial para la eurozona se consolidan en junio en niveles inferiores al umbral de 50 (y claramente por debajo de su media del 1T 2025), debido al deterioro de la actividad en el sector servicios, a la vez que el PMI de manufacturas vio cómo empezaba a disiparse el impacto positivo que supuso el aumento de los pedidos por motivo de precaución tras el estallido de la guerra en Oriente Próximo.
Alemania ve cómo el encarecimiento de la energía limita el impacto del plan de infraestructuras
De hecho, la subida de los precios de la energía está afectando especialmente a su sector industrial (en abril, la producción industrial se estancó y los pedidos retrocedieron casi un 4,0%), mientras que el consumo de los hogares sigue muy débil (las ventas minoristas de abril son todavía un 1,6% inferiores a su nivel de cierre de 2025). Además, la implementación del plan de inversión en infraestructuras va muy lenta: el gasto federal total acumulado hasta mayo creció más de un 3,0% en términos interanuales, con defensa creciendo un 22%, pero con un gasto en infraestructuras todavía un 10% menor. El sentimiento sobre la evolución de Alemania sigue bastante débil, aunque algunos indicadores sugieren que el pico del impacto por el conflicto de Oriente Próximo podría haber quedado ya atrás. En junio, el ZEW muestra que el porcentaje de encuestados que anticipa un deterioro adicional de la situación cae casi a la mitad (menos del 18%), mientras que el Ifo anotó un nuevo avance, aunque sigue en referencias muy bajas (85,6, siendo 100 su promedio histórico).
En EE. UU., se puede hablar de estabilidad del mercado de trabajo, más que de reactivación
De hecho, en junio se crearon 57.000 empleos no agrícolas, casi la mitad de lo esperado y, además, se revisan a la baja los dos meses previos en más de 70.000 personas. Con todo, la creación media mensual de empleo en 2026 supera los 90.000, frente a menos de 10.000 en 2025, y la tasa de paro cedió 0,1 p. p., hasta el 4,2%. Esta estabilidad del mercado de trabajo seguirá sosteniendo el consumo de los hogares: en mayo, el consumo de las familias aumentó un robusto 0,7% en términos nominales y un 0,3% en términos reales, superando el crecimiento medio mensual registrado el resto del año (0,5% y 0,1%, respectivamente). Mientras, la producción industrial se ralentizó en mayo (apenas 0,1% intermensual, tras el 0,9% previo), después de varios meses de fuerte expansión por el tirón de anticipación de los pedidos ante los efectos de la guerra en Oriente Próximo.
Los empresarios de EE. UU. se muestran más confiados con la situación económica que los consumidores
En este sentido, los principales indicadores de clima empresarial apuntan a que el crecimiento de la economía se mantendría en el 2T en ritmos similares, o ligeramente superiores, a los del 1T (0,5% intertrimestral). Así, el PMI de junio subió hasta 52,2 puntos y situó la media del 2T en el 51,8, prácticamente igual que en el 1T. En ese sentido apuntan también los ISM, tanto de manufacturas como de servicios, que en mayo se situaron en torno a 54 puntos en ambos casos (50 es el umbral que señala crecimientos positivos de la actividad, tanto en los PMI como en los ISM). Además, los empresarios comienzan a detectar señales de cierta moderación en la intensidad de subida de los costes de los inputs, lo que limita el riesgo de subidas adicionales de la inflación que, no obstante, se mantendrá elevada en los próximos meses. Este aumento de los precios es el principal factor que lastra la confianza de los consumidores, que en mayo vieron cómo sus salarios en términos reales retrocedieron un 0,7% interanual.
En China, el dinamismo del sector exterior contrasta con la persistente debilidad de la demanda interna
Las exportaciones de mayo crecieron cerca de un 20% interanual, impulsadas por la demanda tecnológica vinculada a la IA y el adelanto de pedidos, lo que sigue apoyando la producción industrial, pese a cierta desaceleración (+4,5% interanual vs. 6,0% en el 1T). En contraste, las ventas minoristas cayeron un 0,6%, primer retroceso desde finales de 2022, en parte por la retirada de estímulos al consumo. La inversión fija urbana descendió un 4,0% en el año hasta mayo, afectada por la debilidad inmobiliaria y la menor inversión en infraestructuras. En este contexto, la inflación se mantuvo en el 1,2% y los precios de producción alcanzaron el 3,9%, máximo en casi cuatro años.