Actividad y crecimiento

España ante el nuevo «shock» energético: una comparativa con Europa

La reciente escalada del conflicto en el Golfo Pérsico, con el estallido de la guerra en Irán, ha vuelto a situar la energía en el centro de la agenda económica global. Aunque el alcance y la duración del conflicto siguen siendo inciertos, los mercados, especialmente los de petróleo y gas natural, han reaccionado con rapidez. En este contexto, analizamos cuál es la posición de la economía española ante este nuevo shock energético.

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Desde el punto de vista del aprovisionamiento, uno de los principales puntos fuertes de España es su baja exposición directa al Golfo Pérsico. En torno al 10% del petróleo importado procede de la región (principalmente de Arabia Saudí e Irak), mientras que en el caso del gas natural este porcentaje es inferior al 2%, con principal origen en Catar. Esta limitada dependencia reduce el riesgo de interrupciones físicas en el suministro. No obstante, el carácter global de estos mercados implica que un aumento sostenido de las tensiones geopolíticas se traslada a los precios con independencia del origen de las importaciones.

En comparación con el conjunto de la UE, España presenta una exposición algo menor al Golfo Pérsico, pero una mayor dependencia de Argelia y Nigeria en las importaciones de petróleo y gas, así como de EE. UU. en las importaciones de gas. El peso del gas de origen argelino en las importaciones constituye una ventaja comparativa, ya que su transporte se realiza fundamentalmente por gasoducto. Este tipo de suministro es menos susceptible de ser redirigido a otros mercados y, por tanto, tiende a ser más estable que el de gas natural licuado (GNL). Asimismo, esta menor capacidad de redireccionamiento, junto con la ausencia de costes asociados a la licuefacción y regasificación, tiende a traducirse en un precio más reducido frente al GNL.

Otro factor estructural relevante es la mejora acumulada en la eficiencia energética de la economía española. Desde comienzos de siglo, la intensidad energética, medida como la cantidad de energía necesaria para generar 1.000 euros de PIB a precios constantes, se ha reducido en torno a un tercio. Este avance contribuye a amortiguar el impacto macroeconómico de un encarecimiento de la energía, al limitar el aumento de los costes de producción y, en última instancia, a los precios finales. Frente a estos elementos favorables, el principal punto débil de España sigue siendo su elevada dependencia energética del exterior: un 70% de las necesidades energéticas tienen que cubrirse con importaciones, una tasa que tan solo es 5 p. p. menor que a principios de siglo.

En términos de intensidad energética, España se sitúa en niveles muy similares a los de la media europea. Donde sí se observan diferencias significativas es en la dependencia energética total, que es mayor en España que en el resto de Europa. Como podemos observar en el cuarto gráfico, España cubre sus necesidades energéticas en mayor proporción con productos petrolíferos importados, mientras que en el resto de Europa estas se cubren en mayor medida con carbón, del que existen importantes reservas en el continente, especialmente en Alemania y Polonia.1

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    Puede resultar sorprendente que el peso agregado de las energías renovables y los biocombustibles en la energía bruta disponible no sea mayor en España, dada su ventaja relativa en la generación de electricidad. Esta aparente discrepancia se explica porque la generación eléctrica es solo una parte del sistema energético total, mientras que otros usos como el transporte siguen presentando una elevada dependencia de productos petrolíferos.

El mercado eléctrico: la excepción ibérica

El mercado mayorista de la electricidad es uno de los principales puntos fuertes de la economía española en materia energética frente al resto de Europa. A diferencia del petróleo o el gas, el mercado eléctrico europeo presenta un menor grado de homogeneidad, por lo que los shocks externos no se trasladan de igual manera en todos los países.2 A pesar del tensionamiento energético, el precio mayorista de la electricidad en la península disminuyó en marzo en términos interanuales, a diferencia de otros países europeos, y se situó, además, en niveles claramente inferiores a los observados en el norte de Europa (véase el quinto gráfico).3

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    Es importante matizar que el precio final que los consumidores pagan por la electricidad incorpora diversos costes fijos (peajes, cargos, impuestos) que elevan de forma significativa la factura, por lo que el mercado eléctrico español supone una ventaja comparativa principalmente para empresas intensivas en el consumo de electricidad. La CNMC estima que el peso de estos costes para los consumidores domésticos supone alrededor de dos tercios de la factura, mientras que para los consumidores industriales supone menos de la mitad.

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    Debido a la fuerte estacionalidad del precio de la electricidad, la comparativa intermensual no es informativa.

Este comportamiento responde principalmente al mayor peso de las energías renovables en la generación de electricidad en la península. El mercado eléctrico europeo opera bajo un sistema marginalista, en el que la tecnología necesaria para cubrir la última unidad de demanda es la que fija el precio. Su mayor presencia en nuestra economía implica que hay más tramos horarios del día en los que esta se convierte en la energía marginal. Dado que las energías renovables tienen costes marginales muy bajos, especialmente en comparación con los ciclos combinados de gas natural, esto tiende a reducir el precio.4

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    Asimismo, incluso cuando los ciclos combinados marcan el precio de la electricidad, la posición relativamente ventajosa en el suministro de gas limita el aumento de los costes en comparación con otros países.


     

En conjunto, aunque la guerra en Irán introduce un nuevo foco de tensión en los mercados energéticos internacionales, la limitada exposición directa al Golfo Pérsico, los avances en eficiencia energética y las ventajas en el mercado eléctrico posicionan la economía española en buenas condiciones para absorber el shock. Sin embargo, la elevada dependencia energética del exterior sigue siendo un foco de vulnerabilidad. Este balance indica que, aunque España sigue expuesta a un shock de precios, cuenta con ciertos elementos estructurales que podrían mitigar su impacto en comparación con episodios recientes.

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