Análisis de coyuntura

Ormuz: el tiempo juega en contra

El impacto económico de la guerra con Irán aún no está escrito. Si a corto plazo se alcanza un acuerdo y el transporte de mercancías vuelve a fluir con relativa rapidez por el estrecho de Ormuz, el efecto macroeconómico podría ser limitado. En un contexto en el que tendemos a poner el acento en los riesgos a la baja, conviene no perder de vista este escenario. No solo es plausible, sino que podría ser el más probable. 

Content available in

Que, hasta la fecha, la reacción de los mercados haya sido contenida –con los principales índices bursátiles cerca de máximos históricos– apunta en esa dirección. De materializarse este escenario, la economía española podría mantener un notable dinamismo.

El punto de partida es sólido. Así lo confirman los principales indicadores del 1T, publicados recientemente, junto con los primeros registros disponibles del 2T. El PIB creció un 0,6% intertrimestral y un 2,7% interanual, ligeramente por encima de lo previsto en nuestro escenario elaborado a comienzos de año, antes del estallido del conflicto. La composición del crecimiento sigue siendo favorable: descansa en la demanda interna, en particular en el consumo de los hogares y la inversión, que consolidó el fuerte impulso de los últimos trimestres y mantuvo un ritmo de avance superior al 5% interanual. Tampoco las exportaciones de servicios muestran signos de agotamiento, tanto en el ámbito turístico como en el no turístico. Este buen tono de la actividad vino acompañado, además, de una evolución positiva del mercado laboral: según la EPA, el empleo aumentó un 0,4% intertrimestral en términos desestacionalizados.

Los indicadores de alta frecuencia sugieren que esta inercia se ha mantenido al inicio del 2T, a pesar de que el conflicto ya acumula dos meses de duración. El Monitor de Consumo de CaixaBank Research, con datos hasta abril, muestra que el gasto en consumo doméstico sigue creciendo a un ritmo notable, apoyado en partidas como ocio y restauración, que llevan varios trimestres mostrando un dinamismo significativo, a las que más recientemente se ha sumado el gasto en moda, muebles y decoración. Se trata, en conjunto, de categorías especialmente sensibles a la percepción del entorno económico. Su buen comportamiento sugiere que la confianza de los hogares en la capacidad de resistencia de la economía española frente a un contexto adverso se mantiene elevada. En ello influyen varios factores: la resiliencia del mercado laboral; una inflación que, aunque se sitúa por encima del 3%, no muestra señales de aceleración, y unos tipos de interés que han aumentado de forma contenida y permanecen lejos de los niveles alcanzados tras el estallido de la guerra en Ucrania.

Con este punto de partida, si el conflicto se resolviera con rapidez y los precios de la energía se distensionaran, el nuevo shock no debería afectar de manera muy material a la economía española. En efecto, el crecimiento probablemente acabaría siendo inferior al 2,4% contemplado en nuestro escenario de previsiones, pero todavía podría situarse por encima del 2%. A modo de referencia, un aumento de 10 dólares en el precio del crudo y de 10 euros en el del gas suele restar alrededor de 0,15 p. p. y 0,10 p. p. al crecimiento, respectivamente. A cierre de este informe, los precios de los futuros para el conjunto del año sitúan el precio promedio para este año cerca de 30 euros por encima de los niveles esperados antes del conflicto en el caso del crudo, y de 15 euros en el del gas. A ello se suma la aprobación de un paquete de apoyo fiscal equivalente a 0,3 p. p. del PIB. En conjunto, el shock energético tendría un impacto apreciable, aunque insuficiente para truncar la dinámica expansiva de la economía española.

No obstante, el tiempo juega en contra de este escenario de impacto más moderado. El cierre del estrecho de Ormuz ha generado un déficit significativo en la producción global de petróleo y gas, que actualmente es incapaz de satisfacer la demanda, y las reservas mundiales de existencias se están reduciendo con rapidez. Si la situación se prolonga, algunos países –principalmente en Asia o con menor capacidad adquisitiva– podrían empezar a experimentar problemas de abastecimiento. En ese contexto, la reacción de los mercados difícilmente seguiría siendo tan complaciente, los precios de la energía se tensionarían y la confianza de los hogares acabaría viéndose afectada.

Conviene, por tanto, contemplar todos los escenarios. Motivos para pensar que la situación puede complicarse no faltan. Pero tampoco conviene precipitarse. El tiempo juega en contra, pero la economía todavía aguanta.

Tags:
  • España
  • Geopolítica
  • Opinión