Mercados financieros
Análisis de coyuntura

La reapertura de Ormuz anima a los mercados pese al endurecimiento monetario

El acuerdo provisional entre EE. UU. e Irán alcanzado a mediados de mes, que prolongó la tregua militar y permitió la reapertura progresiva del estrecho de Ormuz, desencadenó una de las caídas más intensas del precio del petróleo de los últimos años. Esto llevó a un descenso significativo de las expectativas de inflación a corto plazo a nivel global. Sin embargo, la Fed y el BCE endurecieron su mensaje en sus respectivas reuniones y enfatizaron su postura antiinflacionista, lo que generó fuerzas contrapuestas en los mercados. 

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CaixaBank Research

El apetito por el riesgo, entre la geopolítica y los bancos centrales

El acuerdo provisional entre EE. UU. e Irán alcanzado a mediados de mes, que prolongó la tregua militar y permitió la reapertura progresiva del estrecho de Ormuz, desencadenó una de las caídas más intensas del precio del petróleo de los últimos años. Esto llevó a un descenso significativo de las expectativas de inflación a corto plazo a nivel global. Sin embargo, la Fed y el BCE endurecieron su mensaje en sus respectivas reuniones y enfatizaron su postura antiinflacionista, lo que generó fuerzas contrapuestas en los mercados. Con todo, la caída del precio del petróleo llevó a los inversores a descontar menos subidas de tipos del BCE respecto al mes anterior, frente a una Fed para la que los mercados sí siguieron descontando un mayor endurecimiento, con lo que el dólar se fortaleció de forma significativa en el mes, pese a la recuperación del apetito por el riesgo de los inversores. Las bolsas mostraron un desempeño dispar en función de su composición sectorial. Los índices europeos avanzaron con fuerza, y varios de ellos alcanzaron nuevos máximos, favorecidos por la distensión de los precios del crudo. Por otro lado, las bolsas estadounidenses y asiáticas tuvieron un desempeño más negativo, lastrado por un mal mes bursátil entre las compañías tecnológicas y, en particular, aquellas de mayor tamaño y más endeudadas para el desarrollo de la IA.

El BCE sube tipos y la Fed adopta un tono más 'hawkish'

El BCE subió tipos en 25 p. b. y llevó el depo al 2,25%. Este movimiento fue el primero desde que bajara el depo al 2,00% en junio de 2025 y completara el ciclo monetario de la crisis inflacionista de Ucrania. El BCE justificó la subida al 2,25% por el conflicto en Oriente Próximo y sus impactos económicos asimétricos, con un aumento relevante de la inflación y el impacto relativamente menor en la actividad económica. Por su parte, la Fed, en la primera reunión presidida por Kevin Warsh, mantuvo tipos, pero sorprendió con un tono más restrictivo: alrededor de la mitad del Comité anticipó al menos una subida adicional en el dot plot, lo que llevó al mercado a descontar una subida en los próximos meses, que situaría el fed funds en el intervalo 3,75%-4,00%. En algún momento, los mercados incluso cotizaron la posibilidad de dos subidas de tipos de la Fed, pero la caída del petróleo moderó las expectativas de endurecimiento monetario. En este sentido, en el foro anual que el BCE celebró en Sintra a finales de junio, distintos miembros siguieron defendiendo la necesidad de unos tipos de interés algo más altos, pero remarcaron que no hay urgencia por volver a subir tipos y que el acuerdo entre EE. UU. e Irán mejora el balance de riesgos. Con todo ello, los mercados cerraron el mes apostando por una nueva subida de tipos del BCE antes de terminar el año (depo al 2,50%), pero descartando la posibilidad de que el depo llegara a subir hasta el 2,75% (en mayo, llegaron a dar más de un 80% de probabilidad a esta tercera subida).

Mes de dinámicas diferenciadas en los tipos soberanos

En la primera mitad del mes, la fortaleza macroeconómica en EE. UU. y el tono restrictivo del BCE y de la Fed impulsaron las rentabilidades, especialmente en los tramos cortos. El tono más restrictivo de la Fed reforzó este movimiento y llevó la rentabilidad de los treasuries a corto plazo a máximos de más de un año y propició un aplanamiento de la curva. En la segunda mitad del mes, sin embargo, la caída del precio del petróleo alteró este patrón. En la eurozona, la curva alemana se desplazó a la baja en todos sus tramos, mientras que en EE. UU. cayeron sobre todo los tramos largos, lo que acentuó el aplanamiento de la curva. Este movimiento terminó predominando en el balance mensual: desplazamiento a la baja de los tipos de interés soberanos en Europa y aplanamiento de la curva estadounidense (especialmente por el aumento de los tipos de interés en los tramos cortos). Por otro lado, las primas de riesgo soberanas de la periferia de la eurozona se ampliaron levemente, aunque se mantuvieron contenidas. La prima italiana se estabilizó en niveles aún superiores a los de comienzos de año, mientras que la española y la portuguesa se mantuvieron en cotas históricamente reducidas.

Mes de fortaleza para el dólar

La moderación en las expectativas de subidas de tipos del BCE, en particular tras la reapertura de Ormuz, y la renovada confianza en una política monetaria de la Fed más restrictiva ampliaron el diferencial de tipos a favor de la divisa estadounidense e impulsaron una apreciación del dólar en su tipo efectivo nominal. Así, el euro se depreció hasta los 1,14 dólares, tocando mínimos de aproximadamente un año. El yen continuó debilitándose y, al caer hasta casi los 160 yenes por dólar, se mantuvo cerca de mínimos de varias décadas frente al dólar, pese a la subida de tipos del Banco de Japón en su reunión de junio (del 0,75% al 1,00%) y el repunte en la rentabilidad de la deuda soberana japonesa. La libra esterlina también se depreció frente al dólar, aunque mostró una mayor resiliencia relativa, apoyada en un tono también restrictivo por parte del Banco de Inglaterra (que mantuvo tipos en el 3,75% en junio, aunque con dos votos disidentes a favor de una subida).

Divergencia en las bolsas mundiales, con los índices europeos recuperando terreno

Las dudas sobre la rentabilidad de las inversiones en IA volvieron a generar volatilidad y castigaron especialmente a los hiperescaladores, mientras que los fabricantes de chips tuvieron una fuerte volatilidad y cerraron el mes con un mejor desempeño relativo. Así, en EE. UU. el S&P 500 y el Nasdaq cerraron el mes con pérdidas, aunque el S&P equiponderado y el conjunto de compañías menos expuestas a la IA sí cerraron en positivo. También en Asia, los índices más expuestos a compañías tecnológicas registraron pérdidas. En Europa, las bolsas anotaron avances generalizados y exhibieron un mejor desempeño que en el resto del mundo, gracias a la caída del precio de la energía, con el Stoxx 600 alcanzando máximos históricos. A nivel sectorial, las acciones de las compañías energéticas quedaron rezagadas.

El desplome del petróleo desinfla las expectativas de inflación cotizadas

La reapertura de Ormuz normalizó los flujos energéticos y devolvió el precio del crudo prácticamente a niveles previos al conflicto. En concreto, el precio de referencia del petróleo Brent (un futuro referenciado a dos meses vista) cayó hasta prácticamente los 70 dólares por barril. La bajada fue menos brusca para los futuros del petróleo referenciados a 2027, que también quedaron cerca de los 70 dólares (vs. un promedio para 2027 que cotizaba en 78 dólares al cierre de mayo y en 67 dólares a finales de febrero). La corrección del petróleo se trasladó rápidamente a las expectativas de inflación cotizadas en los swaps. El gas natural, que se había tensionado menos que el petróleo, mostró una caída mucho menor en el mes y fluctuó algo por encima de los 40 euros/MWh. En otras materias primas, tanto el oro como el resto de los metales preciosos y los metales industriales (como el aluminio) registraron una caída significativa.

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