Economía española post-Ormuz
El efecto más visible e inmediato del conflicto se ha producido en la inflación, mientras que el mercado laboral presenta una respuesta más lenta a los shocks. El único ámbito en el que el conflicto ha tenido un impacto positivo desde el punto de vista macroeconómico ha sido el sector turístico.
La economía global, y también la española, ha pasado los últimos meses pendiente del minuto y resultado del conflicto entre EE. UU., Israel e Irán. El cierre del estrecho de Ormuz, arteria vital de los flujos energéticos globales, podía haber ralentizado el crecimiento o incluso provocar una recesión si se hubiera prolongado en el tiempo. El acuerdo alcanzado es frágil y la incertidumbre sigue siendo elevada, pero Ormuz va recuperando la normalidad y, en junio, el precio de la energía se ha corregido con rapidez hasta situarse en niveles similares a los previos al conflicto. Conviene hacer balance del impacto del shock hasta la fecha y valorar cómo puede encarar el futuro la economía española si se consolida el acuerdo.
El efecto más visible e inmediato del conflicto se ha producido en la inflación, que, entre marzo y junio, se ha mantenido claramente por encima de lo que esperábamos a principios de año. Ha superado el 3% y, probablemente, se habría acercado al 4% de no ser por las medidas adoptadas por el Gobierno. Este repunte ha afectado tanto a la confianza empresarial como al consumo de los hogares, que han mostrado un perfil en forma de U entre marzo y junio. Por el lado empresarial, así lo refleja el índice PMI; por el lado del consumo, el indicador en tiempo real elaborado por CaixaBank Research. Ambos registraron descensos significativos a medida que el conflicto parecía enquistarse y los precios de la energía escalaban, y ambos se han recuperado en junio, coincidiendo con el acuerdo y la corrección de los precios energéticos. El PMI ha vuelto a niveles similares a los de enero y apunta de nuevo a un ritmo de crecimiento dinámico. Por su parte, el consumo doméstico, tras un mes de mayo débil, ha ido recuperando pulso a lo largo de junio.
El mercado laboral presenta una respuesta más lenta ante los shocks macroeconómicos. Cambiar de trabajo o contratar a un trabajador suelen ser decisiones planificadas con cierta antelación. En este caso, el shock no ha sido ni lo suficientemente intenso ni lo bastante persistente como para alterar las dinámicas de fondo, y el 2T se ha cerrado con un crecimiento del empleo que sigue siendo globalmente dinámico y comparable al del 1T. Además, este dinamismo se ha visto reforzado por el proceso de regularización de inmigrantes, de modo que el empleo total, de hecho, ha crecido ligeramente por encima del ritmo observado en el 1T.
Por último, conviene destacar el único ámbito en el que el conflicto ha tenido un impacto positivo desde el punto de vista macroeconómico: el sector turístico. Tras el fuerte crecimiento registrado en los últimos años, esperábamos que en 2026 los flujos turísticos siguieran aumentando, pero a un ritmo más moderado. Esta era la tendencia hasta el estallido del conflicto, momento en el que el crecimiento del sector volvió a acelerarse. España es percibida como uno de los destinos más seguros y, como en otras ocasiones, muchos turistas europeos han modificado sus planes para visitarnos. Los últimos datos sugieren que este año podría superarse ampliamente la barrera de los 100 millones de turistas internacionales.
En conjunto, el PIB parece que cerrará el 2T con un crecimiento algo inferior al previsto a comienzos de año, pero superior al contemplado en el escenario actual, que asumía un periodo más prolongado de precios energéticos elevados. Más importante aún, si el acuerdo se consolida y los precios de la energía no vuelven a repuntar, la economía española post-Ormuz dispone de gasolina para seguir creciendo a un ritmo dinámico.